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Hierbas durante el embarazo: cuáles son seguras y cuáles evitar

El embarazo es un período en el que las mujeres naturalmente reconsideran sus hábitos: qué comen, qué beben, qué respiran y qué se aplican en la piel. Una de las áreas que suele pasarse por alto sorprendentemente son las hierbas. Muchas de ellas forman parte de la vida cotidiana: una taza de té de manzanilla antes de dormir, una cucharadita de miel con jengibre cuando hay resfriado, un puñado de albahaca fresca sobre la pasta. Sin embargo, durante el embarazo las reglas cambian. Lo que antes era una parte completamente inocente de la dieta puede tener un efecto inesperado sobre el feto en desarrollo. Al mismo tiempo, no toda hierba es automáticamente peligrosa, y precisamente en esta distinción reside la clave para tomar decisiones informadas.

Es importante decir desde el principio que las hierbas no son medicamentos en el sentido clásico, pero eso no significa que carezcan de efecto. Al contrario: muchas de ellas contienen sustancias bioactivas que pueden influir en el equilibrio hormonal, provocar contracciones uterinas o atravesar la barrera placentaria. La investigación científica en este campo sigue siendo limitada, ya que realizar estudios clínicos en mujeres embarazadas es éticamente muy complejo. Por eso, las recomendaciones se basan en una combinación de conocimiento tradicional, datos científicos disponibles y el principio de precaución.


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Hierbas consideradas seguras

La buena noticia es que existe toda una serie de hierbas que, con un uso razonable, se consideran generalmente seguras durante el embarazo. El ejemplo más frecuentemente mencionado es el jengibre, especialmente en el primer trimestre, cuando las náuseas matutinas afectan a una gran parte de las mujeres embarazadas. Estudios publicados, por ejemplo en la revista especializada Obstetrics & Gynecology, confirmaron que el jengibre puede aliviar eficazmente las náuseas del embarazo sin efectos negativos demostrables sobre el feto, siempre que se consuma en cantidades razonables, es decir, aproximadamente hasta 1 gramo al día.

Otro aliado popular es la menta piperita, que ayuda con los problemas digestivos. El té de menta es generalmente seguro si se consume en cantidades razonables. La manzanilla se encuentra en una situación similar, aunque algo más compleja: en grandes cantidades puede tener leves efectos estimulantes sobre el útero, por lo que una taza ocasional de té suele estar bien, pero no se recomienda beber regularmente una infusión fuerte de manzanilla. Este es un ejemplo típico de cómo no solo importa el tipo de hierba, sino también la dosis y la forma de consumo.

Una hierba muy popular durante el embarazo es también la frambuesa, concretamente la hoja de frambuesa, que se usa tradicionalmente sobre todo en el tercer trimestre como preparación para el parto. Tiene fama de ser una hierba que fortalece y tonifica la musculatura uterina. Precisamente por eso no se recomienda en el primer trimestre: la estimulación del útero en las primeras etapas del embarazo es indeseable. Sin embargo, en el tercer trimestre muchas comadronas la recomiendan como apoyo natural. Es un buen ejemplo de que con las hierbas también importa en qué fase del embarazo se encuentra la mujer.

Entre las hierbas más seguras se encuentran también la melisa, que ayuda con el estrés y el insomnio, y la ortiga, rica en hierro y minerales, que puede ser beneficiosa para prevenir la anemia, una compañera bastante frecuente del embarazo. El té de ortiga o la ortiga añadida a los alimentos se consideran generalmente seguros y nutritivamente valiosos.

Hierbas que es mejor evitar durante el embarazo

En el otro extremo del espectro se encuentran las hierbas cuyo uso durante el embarazo puede ser arriesgado. El ejemplo más conocido es la salvia: en pequeñas cantidades como condimento está bien, pero el té de salvia o el aceite esencial de salvia no se recomiendan durante el embarazo. La salvia contiene tuiona, una sustancia que puede estimular las contracciones uterinas. El tomillo se encuentra en una situación similar: como condimento añadido a los alimentos es completamente seguro, pero en forma concentrada como té o extracto, las mujeres embarazadas deberían evitar su consumo excesivo.

El ruibarbo y la sen son hierbas con marcados efectos laxantes. Durante el embarazo pueden provocar calambres y estimular el intestino de una manera que también afecta indirectamente al útero. El estreñimiento es ciertamente un malestar común del embarazo, pero resolverlo con estas hierbas no es adecuado: las ciruelas pasas, una ingesta suficiente de agua y el ejercicio son mejores opciones.

Un capítulo aparte son los adaptógenos como el ginseng, la ashwagandha o el eleuterococo. Estas hierbas son actualmente muy populares por su capacidad para reducir el estrés y aumentar la resistencia del organismo. Sin embargo, durante el embarazo sus efectos están insuficientemente estudiados y su seguridad no está confirmada. La ashwagandha, por ejemplo, ha demostrado en algunos estudios con animales un potencial efecto negativo sobre el desarrollo del feto, por lo que la mayoría de los especialistas no la recomiendan durante el embarazo. Las mujeres embarazadas también deberían ser igualmente cautelosas con el hipérico (hierba de San Juan), que de otro modo es una excelente hierba para apoyar el bienestar psíquico, pero que durante el embarazo puede interactuar con medicamentos e influir en los niveles hormonales.

Merece especial atención la onagra y su aceite. El aceite de onagra a veces se recomienda al final del embarazo como apoyo para la maduración del cuello uterino. Sin embargo, la evidencia científica es contradictoria y no se debería experimentar con él sin consultar a una comadrona o médico.

Imaginemos una situación que no es en absoluto excepcional: una mujer embarazada en el octavo mes, que sufre de insomnio, se prepara cada noche un té fuerte de valeriana porque siempre le ha ayudado a dormir. La valeriana es precisamente una hierba cuya seguridad durante el embarazo no está suficientemente demostrada y cuyos efectos sedantes pueden ser impredecibles en este período. Una mejor opción en tal caso sería la melisa o simplemente leche caliente con miel.

Tés de hierbas y productos naturales para mujeres embarazadas

Cómo abordar las hierbas durante el embarazo de forma sensata

¿Cómo resumir todo esto? La regla básica sigue siendo: menos es más. Las hierbas en forma de condimento añadido a los alimentos son generalmente seguras, ya que su cantidad es mínima. El problema surge cuando las hierbas se consumen en forma de tés fuertes, tinturas, cápsulas o aceites esenciales, es decir, en forma concentrada, donde sus principios activos están presentes en dosis mucho más altas.

Como dice el proverbio que también se aplica en herbología: «La dosis hace el veneno.» Esta afirmación, atribuida a Paracelso, es especialmente acertada en el contexto del embarazo. Ninguna hierba es automáticamente peligrosa ni automáticamente segura: depende de la forma, la cantidad, la frecuencia y la fase del embarazo.

Una guía muy práctica puede ser la base de datos LactMed de la Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU., que aunque cubre principalmente la lactancia, también contiene información relevante sobre los efectos de diversas sustancias durante el embarazo. Para las lectoras hispanohablantes, una fuente adecuada es la consulta con un ginecólogo o una comadrona certificada, quienes tienen acceso a las recomendaciones actuales y conocen la situación de salud concreta de la mujer.

Otro aspecto importante es la calidad de los productos herbales. En el mercado existe una enorme cantidad de tés, suplementos y tinturas de calidad variable. Algunos productos pueden estar contaminados con pesticidas o metales pesados, mientras que otros pueden no contener la cantidad declarada de principios activos. Por eso es conveniente optar por productos de fabricantes de confianza que cuiden la calidad de las materias primas y una composición transparente. Las hierbas cultivadas ecológicamente sin tratamientos químicos son especialmente recomendables durante el embarazo: el cuerpo de la mujer embarazada es más sensible a las sustancias ajenas y cualquier carga química innecesaria adicional es indeseable.

El embarazo es también una época en la que muchas mujeres empiezan a interesarse más por el cuidado natural en general: la composición de los cosméticos, los productos de limpieza o los tejidos con los que entran en contacto. Este enfoque tiene mucho sentido, ya que la piel absorbe diversas sustancias y las mujeres embarazadas están naturalmente motivadas para minimizar la exposición innecesaria a productos químicos. En este contexto, las hierbas no son un tema aislado, sino parte de un enfoque más amplio y consciente hacia el propio cuerpo y la salud.

En cuanto a la aromaterapia y los aceites esenciales de hierbas: aquí la precaución es aún más necesaria que con los tés. Los aceites esenciales son extremadamente concentrados y algunos de ellos, como el eucalipto, el romero o la salvia, están expresamente desaconsejados durante el embarazo incluso para la inhalación o el masaje. La lavanda, por el contrario, se considera generalmente segura y puede ayudar con la relajación y el insomnio.

Es natural que las mujeres embarazadas busquen formas naturales de sentirse mejor y de apoyar el desarrollo saludable del embarazo. Las hierbas pueden ser parte de este enfoque, pero con la conciencia de que el origen natural no significa automáticamente seguro. El mejor enfoque sigue siendo la combinación de sentido común, toma de decisiones informada y comunicación abierta con el médico o la comadrona. El embarazo es único para cada mujer y lo que beneficia a una puede no ser adecuado para otra, y precisamente por eso vale la pena prestar a las hierbas algo más de atención de la que quizás estamos acostumbradas.

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