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El suelo pélvico pertenece a esos grupos musculares de los que solo se habla en susurros, si es que se habla de ellos en absoluto. Sin embargo, es una de las partes más importantes del cuerpo humano, que influye no solo en la función de la vejiga y los intestinos, sino también en la salud sexual, la estabilidad de la columna vertebral y la calidad de vida en general. La buena noticia es que el ejercicio del suelo pélvico no requiere ningún equipamiento, ropa especial ni tiempo reservado — se puede realizar literalmente en cualquier lugar y en cualquier momento, sin que nadie a tu alrededor se dé cuenta.

La mayoría de las personas toman conciencia del suelo pélvico solo cuando empieza a manifestarse con problemas. Las mujeres después del parto, los hombres después de una operación de próstata, pero también personas de mediana edad que nunca han estado embarazadas ni han pasado por ninguna intervención, pueden experimentar pérdidas de orina al toser, reír o saltar. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, más de 400 millones de personas en todo el mundo sufren de incontinencia urinaria, y la gran mayoría de ellas nunca habla de este problema con un médico. Sin embargo, el ejercicio regular y correctamente realizado del suelo pélvico puede, en muchos casos, reducir significativamente estas molestias o eliminarlas por completo.

El suelo pélvico puede imaginarse como una red de músculos, ligamentos y tejido conectivo que forma el «fondo» de la pelvis. Estos músculos sostienen los órganos de la región pélvica —el útero, la vejiga y el recto— y garantizan su correcto funcionamiento. Al igual que cualquier otro músculo del cuerpo, el suelo pélvico necesita movimiento regular para mantener su fuerza y flexibilidad. El problema radica en que este grupo muscular no puede ejercitarse con las actividades deportivas habituales de forma tan eficaz como, por ejemplo, los músculos de las piernas o los brazos. Requiere una activación específica y consciente.


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Cómo saber dónde está el suelo pélvico

Antes de que alguien comience a hacer ejercicio, es necesario localizar primero los músculos del suelo pélvico. Esto suena sencillo, pero en la práctica suele ser sorprendentemente difícil, especialmente porque se trata de músculos que la mayoría de las personas nunca ha utilizado de forma consciente. La forma más recomendada de localizarlos es imaginar que intentas detener el flujo de orina o retener un gas. Los músculos que se contraen en ese momento son exactamente los que buscamos. Es importante que durante este movimiento el resto del cuerpo no se contraiga: los glúteos, el abdomen y los muslos deben permanecer relajados.

La fisioterapeuta Markéta, especializada en suelo pélvico, lo explica a sus clientas de esta manera: «El suelo pélvico es como un ascensor. No lo contraigas con fuerza, sino elévalo lentamente y de forma consciente, piso a piso. Y luego bájalo de vuelta igual de despacio.» Esta imagen no solo es anatómicamente precisa, sino que también ayuda a evitar el error más común: una contracción demasiado brusca y breve sin la posterior relajación consciente.

La relajación es tan importante como la contracción en sí. Un suelo pélvico crónicamente sobrecargado o demasiado tenso puede causar dolores en la zona pélvica, en la parte baja de la espalda o incluso durante las relaciones sexuales. El objetivo del ejercicio no es solo fortalecer, sino también enseñar a los músculos a relajarse correctamente. Este es un aspecto que a menudo se olvida en los artículos populares sobre los ejercicios de Kegel, nombrados así en honor al ginecólogo estadounidense Arnold Kegel, quien los describió en 1948.

Ejercicios que pueden realizarse discretamente en la vida cotidiana

La mayor ventaja del ejercicio del suelo pélvico radica en su discreción. Mientras que para estirar los isquiotibiales o fortalecer los bíceps necesitas espacio y tiempo, el suelo pélvico puede entrenarse en la cola del supermercado, al volante, en una reunión de trabajo o viendo la televisión. Nadie a tu alrededor ve nada, nadie oye nada, y tú estás haciendo algo beneficioso para tu cuerpo.

El ejercicio básico —el llamado ejercicio de Kegel— consiste en contraer los músculos del suelo pélvico, mantenerlos en tensión durante tres a cinco segundos y relajarlos lentamente. Este ciclo se repite de diez a quince veces seguidas e idealmente tres veces al día. Investigaciones publicadas en la revista especializada Neurourology and Urodynamics confirman repetidamente que la realización consistente de estos ejercicios durante ocho a doce semanas conduce a una mejora demostrable en el control de la vejiga.

Tomemos como ejemplo a Petr, un gerente de cuarenta y cuatro años que, tras el nacimiento del segundo hijo de su pareja, comenzó a ser consciente de cuánto sufren las mujeres con estas molestias. Él mismo leyó que los hombres pueden tener problemas similares tras operaciones en la zona de la próstata o simplemente como consecuencia del envejecimiento. Decidió empezar a ejercitar el suelo pélvico de forma preventiva, y admitió que la mayor sorpresa para él fue lo fácil que resultó incorporarlo al día a día. Cada mañana mientras esperaba el café, durante las llamadas telefónicas en el trabajo y por la noche mientras leía. Sin un solo minuto adicional.

También existen variantes más avanzadas que aumentan la intensidad del entrenamiento. Los pulsos rápidos —es decir, contracciones breves y rápidas seguidas de relajaciones inmediatas, repetidas diez veces seguidas— entrenan la capacidad de los músculos para reaccionar con rapidez, lo cual es importante, por ejemplo, al toser o reír, cuando la presión en la cavidad abdominal aumenta de repente. Las contracciones lentas y profundas, por el contrario, desarrollan la resistencia y la fuerza. Un programa de entrenamiento ideal combina ambas variantes.

Una posibilidad interesante es también la llamada activación funcional del suelo pélvico —es decir, la contracción consciente de los músculos justo antes de una actividad que aumenta la presión intraabdominal. Antes de levantar una bolsa pesada, antes de toser o antes de saltar. Esta activación consciente se vuelve automática con el tiempo y reduce significativamente el riesgo de pérdida de orina ante movimientos bruscos.

Al estar sentado en un escritorio o en el coche, también se puede aprovechar la postura corporal. Una columna vertebral erguida y los músculos abdominales profundos ligeramente activados apoyan de forma natural el suelo pélvico y crean condiciones para una activación más eficaz. Por el contrario, encorvarse y deslizarse hacia una postura «cómoda» en el asiento sobrecarga y debilita pasivamente los músculos del suelo pélvico.

Para las mujeres que han pasado por un embarazo y un parto, el ejercicio regular del suelo pélvico es especialmente importante. Durante el embarazo, el suelo pélvico soporta una carga significativamente mayor debido al crecimiento del útero, y durante el parto vaginal se produce un estiramiento directo y posibles lesiones. La Sociedad Checa de Obstetricia y muchas maternidades recomiendan hoy en día comenzar el ejercicio del suelo pélvico ya durante el embarazo y continuarlo inmediatamente después del parto, por supuesto siguiendo las recomendaciones del médico o fisioterapeuta.

Mujer embarazada ejercitando el suelo pélvico sobre una esterilla en el salón

Los hombres necesitan el suelo pélvico tanto como las mujeres, aunque se habla menos de ello. Los músculos del suelo pélvico en los hombres apoyan la función de la uretra y el recto, desempeñan un papel en la erección y la eyaculación, y contribuyen a la estabilidad de la columna vertebral. El debilitamiento de estos músculos se manifiesta en los hombres más frecuentemente como pérdida de orina —especialmente tras una operación de próstata— o disfunción eréctil. Un estudio publicado en el British Journal of General Practice mostró que los hombres que practicaban regularmente ejercicios de suelo pélvico obtuvieron resultados significativamente mejores en el tratamiento de la disfunción eréctil que aquellos que solo recibieron tratamiento farmacológico.

Qué tener en cuenta y cuándo consultar a un especialista

Aunque el ejercicio del suelo pélvico es generalmente seguro y adecuado para casi cualquier persona, existen situaciones en las que es mejor comenzar bajo supervisión profesional. Si los músculos del suelo pélvico están demasiado tensos —lo que se manifiesta con dolor en la zona pélvica, en la parte baja de la espalda o durante las relaciones sexuales— seguir fortaleciéndolos sin una relajación previa puede empeorar las molestias. En ese caso, lo indicado es visitar a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico, que pueda evaluar el estado actual de los músculos y proponer un plan de ejercicios adecuado.

Otra señal que no debe ignorarse es la pérdida de orina persistente a pesar del ejercicio regular. Esto puede indicar que el problema tiene otro origen —por ejemplo, neurológico o anatómico— y requiere una evaluación médica. El ejercicio del suelo pélvico es una herramienta eficaz de prevención y rehabilitación, pero no es un remedio universal para todas las molestias en esta área.

Un recurso útil para quienes no están seguros de si están ejercitando correctamente son también las diversas aplicaciones para teléfonos móviles o los dispositivos de biofeedback. El biofeedback —es decir, el método en el que un aparato mide la actividad muscular y la muestra en pantalla— permite una retroalimentación inmediata y aumenta significativamente la eficacia del entrenamiento. Algunas consultas de fisioterapia ofrecen estos dispositivos, pero también existen variantes domésticas más accesibles.

La constancia es clave en el caso del suelo pélvico. Los resultados no llegan de un día para otro: la mayoría de los especialistas señala que los primeros resultados pueden notarse tras cuatro a seis semanas de ejercicio regular, mientras que el efecto pleno se manifiesta después de tres meses. Esto puede resultar frustrante para muchos, pero es algo natural: los músculos del suelo pélvico son como cualquier otro músculo y su fortalecimiento requiere tiempo y paciencia.

Un paso con sentido es vincular el ejercicio del suelo pélvico a hábitos ya existentes. Por la mañana al cepillarse los dientes, al esperar en un semáforo, cada vez que suena el teléfono. Este anclaje de un nuevo hábito en la rutina existente —método que popularizó el autor James Clear en su libro Atomic Habits— aumenta significativamente la probabilidad de que el ejercicio se convierta en una parte permanente de la vida cotidiana, y no en un esfuerzo meramente temporal.

El suelo pélvico es silencioso, discreto y durante la mayor parte de la vida funciona sin ser percibido. Precisamente por eso merece un poco de atención consciente: no horas en el gimnasio, no accesorios costosos, sino unos minutos al día de cuidado enfocado que, a largo plazo, merece ampliamente la pena.

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