La vacunación durante el embarazo también protege a su recién nacido
El embarazo es un período en el que la mujer se vuelve naturalmente más cautelosa con todo lo que entra en su cuerpo. Vitaminas, alimentos, medicamentos: todo pasa por una reflexión más profunda que antes. ¿Y las vacunas? Es un tema capaz de generar acalorados debates en los foros de maternidad, en las salas de espera del ginecólogo y en el círculo familiar. Pero precisamente cuando las emociones juegan un papel más importante, es cuando más se necesita tener a disposición información sobria y objetiva. Este artículo no pretende convencer ni asustar, sino simplemente exponer lo que dice actualmente la ciencia y lo que recomiendan las principales organizaciones sanitarias.
La pregunta fundamental que preocupa a muchas embarazadas es: ¿es seguro vacunarse cuando estoy esperando un bebé? La respuesta no es simple ni inequívoca, porque depende de la vacuna concreta, del trimestre del embarazo y del estado de salud de la mujer. Sin embargo, en términos generales, algunas vacunas no solo están permitidas durante el embarazo, sino que se recomiendan expresamente, y esto se basa en amplios datos clínicos y un seguimiento a largo plazo.
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Qué dicen las organizaciones sanitarias mundiales
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la organización estadounidense CDC (Centers for Disease Control and Prevention) se encuentran entre las fuentes más fiables en materia de vacunación. Ambas instituciones publican recomendaciones actualizadas periódicamente que tienen en cuenta las investigaciones más recientes. Según las directrices actuales del CDC, las vacunas recomendadas de forma rutinaria durante el embarazo son principalmente las de la gripe y la tos ferina (tos convulsa), cuya programación a lo largo del embarazo tiene una lógica respaldada por datos inmunológicos.
La República Checa sigue en este ámbito las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y, al mismo tiempo, publica su propio calendario nacional de vacunación a través del Ministerio de Sanidad. La Sociedad Checa de Ginecología y Obstetricia también desempeña un papel clave, actualizando regularmente sus posicionamientos. Por tanto, es importante seguir no solo las fuentes extranjeras, sino también la comunidad científica nacional, que tiene en cuenta las especificidades de la población checa y la situación epidemiológica.
El tema de la vacunación durante el embarazo es especialmente delicado porque afecta a dos personas a la vez: la madre y el bebé por nacer. El sistema inmunitario de la mujer embarazada experimenta cambios específicos que pueden hacerla más vulnerable a ciertas infecciones. Al mismo tiempo, los anticuerpos que la madre desarrolla tras la vacunación pueden pasar al feto a través de la placenta y proporcionarle protección durante los primeros meses de vida, cuando todavía no puede ser vacunado por sí mismo. Este mecanismo, denominado inmunización pasiva del recién nacido, es una de las principales razones por las que los médicos no solo toleran la vacunación durante el embarazo en determinadas condiciones, sino que la recomiendan activamente.
La vacuna contra la gripe es probablemente la más conocida y extendida que se administra a las mujeres embarazadas. La gripe durante el embarazo no es solo un catarro molesto y cansancio: puede provocar complicaciones graves, como parto prematuro u hospitalización. Las vacunas inactivadas contra la gripe, es decir, las que no contienen el virus vivo, se consideran seguras en todos los trimestres del embarazo. Por el contrario, las vacunas vivas atenuadas, como el spray nasal contra la gripe, no se recomiendan durante el embarazo.
El segundo pilar de la vacunación rutinaria de las embarazadas es la vacuna contra la tos ferina. Esta enfermedad es extremadamente peligrosa para los recién nacidos: sus vías respiratorias son demasiado pequeñas y los accesos de tos pueden poner en peligro su vida. Como los recién nacidos no pueden vacunarse inmediatamente después del nacimiento, la protección se les transfiere precisamente a través de los anticuerpos maternos. La ventana recomendada para esta vacuna es generalmente entre las semanas 27 y 36 del embarazo, cuando la transferencia de anticuerpos a través de la placenta es más eficiente. La vacuna se administra en la combinación TDaP, que protege también contra el tétanos y la difteria.
Qué vacunas son, por el contrario, inadecuadas durante el embarazo
Tan importante como saber qué se recomienda es saber qué evitar. Las vacunas vivas atenuadas están generalmente contraindicadas durante el embarazo, porque existe teóricamente el riesgo de que el virus atenuado pueda causar una infección en el feto. En esta categoría se incluyen, por ejemplo, la vacuna MMR (sarampión, paperas, rubéola) o la vacuna contra la varicela. Si una mujer planea quedarse embarazada y sabe que no tiene estas vacunas o que va a viajar a zonas de riesgo, lo ideal es vacunarse antes de la concepción y esperar después el tiempo recomendado antes de quedarse embarazada, que suele ser de unas cuatro semanas.
Un caso interesante es el de la vacuna contra la hepatitis B. Aunque es inactivada y, por tanto, se considera segura durante el embarazo, solo se administra cuando existe un riesgo concreto de contagio. Lo mismo ocurre con la vacuna contra la hepatitis A o el meningococo: su administración durante el embarazo se consulta individualmente con el médico en función del perfil de riesgo de la mujer.
Las vacunas para viajes constituyen un capítulo aparte. Si una mujer embarazada planea viajar a zonas tropicales donde existe riesgo de fiebre amarilla o encefalitis japonesa, se encuentra en una situación complicada: estas vacunas son vivas o insuficientemente estudiadas en embarazadas, pero la propia enfermedad puede ser fatal para el embarazo. En tal caso, siempre es necesaria una consulta exhaustiva con medicina de viajes y con el ginecólogo.
No puede pasarse por alto la gran influencia que ejercen las redes sociales y la información no verificada en las decisiones de las mujeres embarazadas. Un estudio publicado en BMJ advierte reiteradamente de que la desinformación sobre las vacunas durante el embarazo puede provocar complicaciones prevenibles. Como dijo en una ocasión el inmunólogo y divulgador científico Paul Offit: «El mayor riesgo de las vacunas es no utilizarlas». Esta frase es doblemente válida en el contexto del embarazo, donde las apuestas son más altas.
Un ejemplo real de la práctica puede ilustrar las cosas mejor que cualquier estadística. Imaginemos a una mujer en el tercer trimestre que duda si vacunarse contra la gripe porque ha leído en un foro que la vacuna «daña al bebé». Al final decide no vacunarse. Poco antes del parto enferma de gripe grave, acaba hospitalizada con complicaciones y el bebé nace prematuro. Este escenario no es ficticio: los médicos conocen historias similares. Sin embargo, la vacunación con la vacuna inactivada contra la gripe cuenta con décadas de datos de seguridad y se monitoriza en amplios registros de mujeres embarazadas de todo el mundo.
La toma de decisiones sobre la vacunación durante el embarazo nunca debería basarse en emociones o en debates de foros, sino en una conversación individualizada con el obstetra o el médico de cabecera. Cada mujer tiene un estado de salud diferente, distintos hábitos de viaje y diferente contacto con posibles portadores de enfermedades. Lo que es válido para una no tiene por qué serlo para otra, y esa es precisamente la razón por la que existen los especialistas.
Una pregunta interesante es cómo han evolucionado las recomendaciones en los últimos años. La pandemia de covid-19 introdujo una nueva dinámica en el ámbito de la vacunación de las embarazadas. Las vacunas de ARNm se probaron inicialmente principalmente en la población adulta sin incluir a embarazadas, lo que generó incertidumbre. Sin embargo, paulatinamente se fueron acumulando datos procedentes de registros como el sistema de seguimiento V-safe del CDC, que demostraron que las vacunas de ARNm son seguras durante el embarazo e incluso protegen a los recién nacidos a través de los anticuerpos maternos. Este ejemplo ilustra bien cómo evoluciona el consenso científico y la importancia de seguir las recomendaciones actuales, no las obsoletas.
Cómo abordar el tema de forma práctica
Si una mujer acaba de descubrir que está embarazada, o si está planificando quedarse embarazada, tiene sentido realizar una especie de «auditoría de vacunación». Esto significa revisar qué vacunas tiene registradas en su cartilla de vacunación y, si es necesario, hacerse un análisis para comprobar los niveles de anticuerpos frente a determinadas enfermedades. La rubéola es un ejemplo clásico: si la mujer no tiene inmunidad suficiente, la vacuna MMR se administra antes del embarazo, no durante el mismo.
Durante el propio embarazo llega el momento de la vacuna contra la gripe, idealmente al comienzo de la temporada gripal, y de la vacuna TDaP en el tercer trimestre. Estas dos vacunas constituyen la base de lo que la comunidad científica checa e internacional recomienda a las embarazadas como estándar de atención. Todo lo demás se gestiona de forma individualizada.
También es importante mencionar la llamada estrategia del «nido» o «capullo». Se trata de que no solo la madre, sino también el padre, los abuelos y demás personas que estarán en contacto estrecho con el recién nacido, deben tener la vacunación al día, especialmente contra la tos ferina. El recién nacido es más vulnerable durante las primeras semanas de vida, cuando aún no está inmunizado por sí mismo. Esta estrategia ha demostrado ser muy eficaz en la prevención de enfermedades graves en los lactantes.
El embarazo es un período excepcional que merece una atención excepcional, y eso incluye tomar decisiones informadas sobre la vacunación. No hay que tener miedo ni dejarse llevar por el pánico. Basta con preguntar al médico, llevar las preguntas preparadas a la consulta y estar abierta a respuestas respaldadas científicamente. La buena noticia es que la mayoría de las vacunas recomendadas durante el embarazo cuentan con amplios datos de seguridad y sus beneficios superan con creces los riesgos potenciales. La ciencia en este campo no se detiene, y las recomendaciones para las mujeres embarazadas tampoco deberían aceptarse de una vez para siempre, sino seguirse y actualizarse junto con ella.