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La vida moderna transcurre en gran parte sentada. El trabajo de oficina, los largos desplazamientos, las noches en el sofá viendo series... todo esto crea condiciones en las que el cuerpo humano comienza, lenta pero inexorablemente, a protestar. Y uno de los primeros lugares donde se manifiesta esta protesta son precisamente las articulaciones de la cadera. Rigidez, dolor lumbar, tensión en la ingle o la sensación de que levantarse de la silla cuesta trabajo: estas son señales que no deberían pasarse por alto.

Las caderas son una de las articulaciones más importantes de todo el cuerpo. Permiten el movimiento al caminar, correr y estar de pie, estabilizan la columna vertebral y transfieren el peso de la mitad superior del cuerpo hacia las piernas. Sin embargo, cuando una persona permanece sentada ocho, diez o incluso doce horas al día, los músculos que rodean las caderas —especialmente los flexores de cadera como el iliopsoas— se acortan y pierden su longitud y elasticidad naturales. El resultado es un rango de movimiento limitado que se manifiesta no solo durante el deporte, sino también en actividades completamente cotidianas.


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Por qué estar sentado perjudica tanto a las caderas

Para entender bien de qué se habla, conviene imaginar una situación concreta. Jana trabaja como contable y pasa una media de nueve horas al día sentada frente al ordenador. Después del trabajo, vuelve a casa en coche y se tumba en el sofá. No evita el ejercicio: de vez en cuando da un paseo o hace algo de deporte el fin de semana. Aun así, ha empezado a sentir dolor de espalda y, al levantarse de una silla, nota una molesta tensión en la ingle. Su historia no es excepcional: según datos de la Organización Mundial de la Salud, la inactividad física es uno de los mayores riesgos para la salud a nivel mundial, y el sedentarismo está estrechamente vinculado a ella.

El problema de estar sentado radica en que los flexores de cadera permanecen constantemente acortados en esa posición. Con el tiempo, los músculos "memorizan" esta postura y, incluso al levantarse de la silla, permanecen contraídos. Esto provoca una sobrecarga de la columna lumbar, ya que el cuerpo busca formas alternativas de movimiento. ¿Se queda sin aliento al subir escaleras? ¿Siente tensión en la parte delantera del muslo al caminar? Estos son síntomas clásicos de los flexores de cadera acortados.

Al acortamiento de los flexores se suma además el debilitamiento de los músculos glúteos. Estos permanecen prácticamente inactivos durante el tiempo que se está sentado y su fuerza disminuye progresivamente. Los fisioterapeutas incluso han acuñado un término muy descriptivo para este fenómeno: "amnesia glútea", es decir, el estado en que el cerebro deja de activar correctamente los músculos glúteos porque lleva mucho tiempo sin utilizarlos. El resultado es un desequilibrio que sobrecarga las caderas, las rodillas y la espalda.

Como señaló en su momento el fisioterapeuta y autor Kelly Starrett: "Sentarse es la nueva forma de fumar." Esta provocadora idea refleja las graves consecuencias que puede tener una actividad aparentemente inocente del día a día —o más bien, una inactividad.

Ejercicios y movimientos que realmente ayudan a las caderas

La buena noticia es que la movilidad de las caderas puede mejorarse notablemente sin necesidad de visitar a un fisioterapeuta ni de costoso equipamiento. La clave está en la regularidad y en la correcta ejecución de los ejercicios, que deben orientarse a liberar los músculos acortados y fortalecer los debilitados.

Uno de los ejercicios más eficaces para liberar los flexores de cadera es la zancada profunda con rotación de tronco. Desde la posición de zancada profunda, con el pie delantero apoyado en el suelo y las manos en el piso, se realiza una rotación de la parte superior del cuerpo hacia la pierna delantera. Este ejercicio estira los flexores de cadera, abre el pecho y moviliza la columna torácica al mismo tiempo. Es ideal practicarlo por la mañana o antes de un período prolongado de estar sentado.

Otra herramienta muy utilizada por los fisioterapeutas es la llamada "pigeon pose" o postura de la paloma, tomada del yoga. En ella, una rodilla se dobla frente al cuerpo con el pie apoyado en el suelo, mientras la otra pierna se extiende hacia atrás. Esta posición estira intensamente los rotadores externos de la cadera y el músculo piriforme, que suele estar crónicamente sobrecargado en quienes trabajan sentados en una oficina. Basta con mantener la postura entre 60 y 90 segundos por cada lado para sentir alivio con bastante rapidez.

Para fortalecer los glúteos debilitados, el ejercicio ideal es el "glute bridge" o puente de glúteos. Túmbese boca arriba, doble las rodillas y apoye los pies en el suelo. A continuación, eleve la pelvis hasta que el cuerpo forme una línea recta desde las rodillas hasta los hombros, y mantenga la posición en la parte alta durante un momento. Este ejercicio aparentemente sencillo activa el glúteo mayor, el glúteo medio y el glúteo menor, y contribuye a restaurar su función. Investigaciones publicadas en el Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy confirman repetidamente que el fortalecimiento regular de los músculos glúteos reduce significativamente el dolor en la parte baja de la espalda.

Igualmente importantes son los movimientos que llevan la articulación de la cadera a distintos planos —no solo hacia delante y hacia atrás, sino también hacia los lados y en rotación. Los movimientos circulares de cadera, la elevación lateral de la pierna o la posición de rodillas con desplazamiento lateral de la pelvis son ejemplos de ejercicios que desarrollan de forma integral la movilidad articular. Incorporarlos regularmente a la rutina diaria —con tan solo diez o quince minutos al día— puede producir resultados notables en pocas semanas.

Mucha gente no se da cuenta del importante papel que desempeña también la movilidad de los tobillos y la columna torácica. El cuerpo funciona como una cadena interconectada y, si un eslabón está limitado, otro asume la compensación —muy frecuentemente, las caderas. Por eso, un enfoque integral de la movilidad incluye también el trabajo sobre estas zonas.

Foam roller, resistance band, yoga block and mat arranged as hip mobility tools

Cómo mejorar la movilidad de las caderas también sin ejercicio

Además de los ejercicios específicos, existen formas más sencillas de ayudar a las caderas durante el día a día. Las pausas para levantarse son uno de los pasos más importantes. Lo ideal es levantarse y moverse al menos una vez cada 30 o 45 minutos. Sin embargo, no basta con simplemente ponerse de pie: conviene dar unos pasos, estirarse o hacer algunas sentadillas. Un escritorio de altura regulable que permita alternar entre trabajar sentado y de pie es una excelente inversión para quienes pasan la mayor parte del día frente al ordenador.

Una alternativa interesante a la silla de oficina tradicional es también sentarse en el suelo —por ejemplo, con las piernas cruzadas o en una postura asimétrica con una pierna doblada. Diversas culturas de todo el mundo, especialmente en Asia, mantienen la tradición de sentarse en el suelo, y los investigadores han observado que las personas de estas culturas conservan una movilidad de cadera notablemente mejor incluso en edades avanzadas. Además, pasar del suelo a la posición de pie requiere activar todo el cuerpo, lo que en sí mismo constituye un ejercicio cotidiano discreto pero efectivo.

La elección del calzado también desempeña un papel importante. Los tacones altos o los zapatos demasiado rígidos modifican la alineación de toda la extremidad inferior e influyen indirectamente en la posición de la pelvis y las caderas. El calzado minimalista o caminar descalzo en casa favorece de forma natural la correcta alineación del cuerpo.

Para quienes quieran ir aún más lejos, puede resultar beneficioso incorporar a su rutina técnicas como la liberación miofascial con rodillo de espuma (foam roller). Rodar por la parte delantera del muslo, la ingle y los laterales ayuda a liberar la fascia —el tejido conectivo que rodea los músculos— y reduce la tensión que contribuye a la movilidad limitada. Este enfoque forma parte habitual de los protocolos de recuperación de los deportistas, pero funciona igual de bien para personas con trabajos predominantemente sedentarios.

Cuando se aborda el cuidado de las caderas de forma integral, los resultados llegan. Las personas que trabajan regularmente su movilidad describen no solo una reducción del dolor, sino también una mejor calidad al caminar, mayor facilidad para levantarse y una sensación general de ligereza en el movimiento. Algunas incluso refieren una mejora en el sueño, ya que la tensión muscular crónica repercute también en la capacidad del cuerpo para relajarse.

Merece la pena señalar que la movilidad de las caderas no es un asunto exclusivo de deportistas o personas jóvenes. Al contrario: con la edad, las cápsulas articulares se acortan de forma natural y la movilidad disminuye. El cuidado regular de las articulaciones de la cadera es, por tanto, una forma de prevenir no solo el dolor, sino también las caídas y las lesiones, que en las personas mayores son una de las causas más frecuentes de pérdida de autonomía. Según la Sociedad Checa de Ortopedia y Traumatología, la fractura del cuello del fémur —el hueso en la zona de la cadera— es una de las lesiones más graves en personas mayores, y su prevención comienza precisamente por mantener la fuerza muscular y la movilidad.

Resulta evidente, por tanto, que invertir en la movilidad de las caderas merece la pena a cualquier edad y con cualquier estilo de vida. No se necesita equipamiento caro, membresía en un gimnasio ni horas de tiempo libre. Basta con crear un pequeño ritual: unos minutos por la mañana, una pausa en el trabajo, un estiramiento por la noche antes de dormir. El cuerpo recordará este cuidado regular y lo recompensará con movimientos más libres, menos dolor y mayor energía para el día a día.

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