facebook
Quien primero llega, se lo lleva. No se repetirá.
Los pedidos realizados antes de las 12:00 horas se envían inmediatamente | Envío gratis en pedidos superiores a 95 EUR | Cambios y devoluciones gratuitos dentro de los 90 días

# Por qué la tendinitis del tendón de Aquiles afecta a los deportistas de fin de semana

Existe un tipo de lesión que afecta a miles de personas activas cada año y a la que, sorprendentemente, prestamos muy poca atención, hasta que nos golpea directamente. La tendinitis del tendón de Aquiles se encuentra entre las lesiones por sobreuso más frecuentes, y curiosamente no entre los atletas profesionales, sino precisamente entre quienes practican deporte de forma recreativa. Los deportistas de fin de semana, es decir, personas que pasan toda la semana sentadas frente al ordenador y el fin de semana salen a correr una larga distancia o a jugar un intenso partido de tenis, son el grupo más expuesto a este problema.

El tendón de Aquiles es el tendón más fuerte del cuerpo humano. Conecta los músculos de la pantorrilla con el hueso del talón y transmite fuerzas enormes en cada paso: durante la carrera, la carga sobre este tendón equivale hasta ocho veces el peso corporal. Sin embargo, es sorprendentemente vulnerable, especialmente cuando se alternan largos períodos de inactividad con repentinos estallidos de actividad física. Precisamente ahí radica la traición de esta lesión en personas que conciben el deporte como una actividad de fin de semana.


Pruebe nuestros productos naturales

Por qué los deportistas de fin de semana son tan vulnerables

El cuerpo humano está diseñado para el movimiento, pero también para adaptarse progresivamente a la carga. Los tendones, a diferencia de los músculos, se adaptan mucho más lentamente: su irrigación sanguínea es limitada y la regeneración tarda más. Cuando alguien permanece sentado toda la semana, los músculos se relajan, los tendones se acortan y los tejidos dejan de prepararse para el rendimiento. El fin de semana llega una hora y media de fútbol, diez kilómetros por terreno irregular o una excursión de dos horas por la montaña, y el tendón de Aquiles recibe un golpe para el que no estaba preparado.

La literatura especializada describe bien este fenómeno. Según investigaciones publicadas en el British Journal of Sports Medicine, la tendinopatía del tendón de Aquiles representa hasta el 11 % de todas las lesiones de corredores, y el riesgo aumenta significativamente en personas con un régimen de entrenamiento irregular. Traducido a la práctica: no se trata de cuánto corre alguien en un año, sino de con qué rapidez aumenta la carga después de una pausa prolongada.

Imaginemos un ejemplo concreto. Tomás trabaja en una oficina, tiene cuarenta y dos años y cada fin de semana juega al baloncesto recreativo con amigos. Durante la semana apenas hace ejercicio, como mucho da un paseo para ir a comer. Un fin de semana decide salir a correr cinco kilómetros después del partido, por primera vez en dos meses. A la mañana siguiente siente un dolor sordo en el área del talón y al dar los primeros pasos al levantarse el pie casi no le responde. Este es el comienzo clásico de la tendinitis del tendón de Aquiles, que médicos y fisioterapeutas ven con regularidad.

Hay varios síntomas que deberían alertar a una persona. La rigidez matutina y el dolor al dar los primeros pasos al despertar se encuentran entre los más característicos. El dolor puede ser agudo o sordo, localizado justo encima del talón o más difuso a lo largo del tendón. También es típico que el dolor ceda tras el calentamiento pero reaparezca después de un período de reposo prolongado, lo que lleva a muchos deportistas a la conclusión errónea de que todo está bien. Lo cierto es lo contrario: el tendón en este estadio necesita atención, no ser ignorado.

Otra señal de advertencia es la sensibilidad al presionar el tendón entre los dedos. Si alguien se pone de puntillas y siente un tirón o dolor desagradable, es hora de prestar atención. La hinchazón en el área del tendón o el engrosamiento visible del tejido son ya síntomas bastante avanzados que indican que el proceso inflamatorio lleva produciéndose un tiempo considerable.

Qué ocurre realmente dentro del tendón

El término «inflamación» resulta algo engañoso en este caso, porque la medicina moderna habla más bien de tendinopatía, es decir, de cambios degenerativos en la estructura del tejido tendinoso, que no siempre van acompañados de inflamación clásica. El tendón está formado por fibras de colágeno organizadas en haces paralelos. Con la sobrecarga repetida, estas fibras comienzan a deteriorarse, su estructura se altera y el cuerpo intenta repararlas, aunque no siempre con éxito. El resultado es un tejido con menor resistencia mecánica, más propenso a sufrir daños adicionales.

Como señaló el cirujano ortopédico y médico deportivo Håkan Alfredson, cuyo trabajo influyó notablemente en el enfoque moderno del tratamiento de las tendinopatías: «Los tendones no son cables pasivos, son estructuras vivas que reaccionan a la carga y necesitan tiempo para adaptarse.» Esta perspectiva cambió radicalmente la forma en que fisioterapeutas y médicos abordan el problema: en lugar del reposo absoluto, hoy se prefiere una carga controlada y progresiva.

Las causas del problema son varias y habitualmente se combinan. El aumento repentino de la carga de entrenamiento es el desencadenante más frecuente, pero también influyen el calzado inadecuado, las superficies duras, los músculos de la pantorrilla acortados o una estabilización profunda deficiente. En los deportistas de fin de semana, estos factores suelen acumularse: el cuerpo no está preparado, el calzado está desgastado y el calentamiento se despacha en dos minutos.

Merece especial atención la edad. Después de los cuarenta, la capacidad regenerativa de los tendones disminuye de forma demostrable, la irrigación sanguínea decrece y el colágeno se renueva más lentamente. Esto no significa que las personas de mediana edad deban reducir su actividad deportiva, sino todo lo contrario: el movimiento es esencial para la salud de los tendones. Significa, sin embargo, que el cuerpo necesita más tiempo para recuperarse y tolera menos las variaciones bruscas en la carga.

Accesorios para la salud del tendón de Aquiles: zapatillas de correr, colágeno, vitamina C y banda de resistencia

Cómo afrontarlo y qué funciona realmente

Cuando aparece el dolor, la primera reacción de la mayoría de las personas es ignorarlo y seguir practicando deporte, o bien parar por completo y esperar a que se pase solo. Ambos enfoques son erróneos. Ignorar el dolor conduce a un daño más profundo y existe el riesgo de rotura del tendón, una complicación que requiere cirugía y meses de rehabilitación. El reposo absoluto, por el contrario, ralentiza la curación, porque el tejido tendinoso necesita estímulos mecánicos para regenerarse correctamente.

Las recomendaciones actuales de la medicina deportiva coinciden en el llamado fortalecimiento excéntrico como piedra angular del tratamiento. Se trata de ejercicios en los que los músculos se estiran bajo carga: el ejemplo más sencillo es el descenso lento del talón por debajo del nivel de un escalón desde la posición de puntillas. Investigaciones del Instituto Karolinska de Estocolmo demostraron que el ejercicio excéntrico regular puede reducir significativamente el dolor en pacientes con tendinopatía del tendón de Aquiles y restaurar la función del tendón sin necesidad de intervención quirúrgica.

La clave está en la progresión y la paciencia. Los tendones se curan lentamente: la regeneración completa puede durar de tres a seis meses, a veces más. Un fisioterapeuta puede establecer un plan individualizado que respete el estado actual del tejido y aumente la carga progresivamente, de modo que el tendón se fortalezca sin volver a lesionarse.

Además del ejercicio, también es importante ajustar el régimen de actividad física. Los deportistas de fin de semana deberían plantearse si no sería más conveniente distribuir la actividad física de manera más uniforme a lo largo de toda la semana. Una carga breve y regular es mucho más favorable para los tendones que los estallidos puntuales de actividad intensa. Treinta minutos de caminata o movimiento ligero cada dos días es más valioso para el tendón de Aquiles que tres horas de deporte una vez por semana.

La prevención tiene bases sencillas. Un calzado de calidad adaptado al deporte y la superficie practicados es el primer paso: las zapatillas demasiado desgastadas o inadecuadas aumentan significativamente el riesgo de sobrecarga. El estiramiento regular de los músculos de la pantorrilla y del propio tendón ayuda a mantener su longitud y elasticidad. El calentamiento antes del deporte no debería ser una mera formalidad: cinco a diez minutos de movimiento suave realmente cambian la preparación de los tejidos para la carga.

La nutrición recibe cada vez más atención en el contexto de la salud de los tendones. El colágeno, que constituye la base del tejido tendinoso, depende de un aporte suficiente de vitamina C para su síntesis. Algunos estudios sugieren que la ingesta de péptidos de colágeno combinados con vitamina C antes de la actividad física puede favorecer la regeneración de los tendones, aunque la investigación en este campo continúa avanzando. La hidratación adecuada es otro factor que suele subestimarse, a pesar de que el tejido tendinoso pierde elasticidad cuando no recibe suficientes líquidos.

Si el dolor persiste más de varias semanas o empeora, es conveniente visitar a un médico. Un traumatólogo o médico deportivo puede evaluar el estado mediante ecografía, que muestra la estructura del tendón y revela posibles cambios degenerativos. En casos más graves, se pueden considerar métodos fisioterapéuticos como la onda de choque, que estimula la irrigación sanguínea y la curación del tejido, o la terapia con inyecciones. La intervención quirúrgica es el último recurso y se plantea realmente solo cuando los demás métodos han fracasado.

La experiencia de Tomás del inicio de este texto tiene, afortunadamente, un final feliz: tras visitar a un fisioterapeuta y dos meses de ejercicio excéntrico, volvió al deporte sin dolor. Sin embargo, cambió su enfoque: en lugar del maratón deportivo del fin de semana, ahora intenta salir a correr treinta minutos tres veces por semana, se calienta cuidadosamente y de vez en cuando renueva el calzado. Pequeños cambios, pero fundamentales para el tendón de Aquiles.

El tendón de Aquiles no duele porque el cuerpo sea demasiado débil para el deporte. Duele porque recibió más de lo que estaba preparado para soportar. Y ese es un mensaje que debería llegar a todos los que aman el deporte, pero solo encuentran tiempo para él los fines de semana.

Compartir
Categoría Buscar Cesta