facebook
⚡ ¡Descuento APP5 ahora mismo! APP5 Abrir app
Los pedidos realizados antes de las 12:00 horas se envían inmediatamente | Envío gratis en pedidos superiores a 95 EUR | Cambios y devoluciones gratuitos dentro de los 90 días

# Skryté příčiny bolestivého kojení kromě špatného přisátí Wait - I need to translate this from Cze

La lactancia materna suele describirse como uno de los momentos más naturales entre una madre y su bebé. Sin embargo, muchas mujeres atraviesan una experiencia muy alejada de ese ideal: un dolor que no mejora ni siquiera después de repetidos intentos de lograr un agarre correcto. Entonces llegan la frustración, las dudas y, con frecuencia, la presión del entorno que aconseja "hacerlo bien". Pero ¿y si el problema no está en la técnica del agarre? ¿Y si el dolor durante la lactancia tiene causas de las que apenas se habla?

Los especialistas en lactación advierten que el mal agarre es, si bien la causa más frecuentemente mencionada del dolor al amamantar, ni mucho menos la única. Existe toda una serie de factores fisiológicos, hormonales y anatómicos que pueden provocar un dolor intenso incluso cuando el bebé succiona con una técnica correcta. Comprender estas causas es el primer paso para que la lactancia deje de ser un sufrimiento y se convierta en lo que debe ser.


Pruebe nuestros productos naturales

Cuando el cuerpo reacciona de manera diferente a lo esperado

Una de las causas menos debatidas, pero sorprendentemente frecuentes, del dolor durante la lactancia es el fenómeno de Raynaud del pezón. Se trata de una condición en la que los vasos sanguíneos del pezón reaccionan de forma exagerada al frío o a la presión, provocando un característico blanqueamiento, seguido de enrojecimiento y, finalmente, coloración violácea del pezón tras la toma. Este proceso va acompañado de un dolor intenso, ardiente o de tipo calambre, que puede prolongarse mucho después de terminar de amamantar. Según la información disponible en Kellymom, una de las fuentes más reconocidas para madres lactantes, el fenómeno de Raynaud del pezón está significativamente infradiagnosticado: muchas mujeres están convencidas de que el problema radica en el agarre, cuando en realidad su bebé mama de forma completamente correcta.

Una causa igualmente ignorada es la anquiloglosia, es decir, el frenillo lingual corto en el bebé. Aunque esta variante anatómica afecta al niño y no a la madre, sus consecuencias las soporta en su propio cuerpo la mujer que amamanta. El frenillo corto limita la movilidad de la lengua, de modo que el bebé no puede "abrazar" correctamente el pecho y lo compensa con una presión aumentada o un movimiento ineficaz que irrita el pezón y causa dolor. Sin embargo, el agarre puede parecer completamente normal a primera vista. El diagnóstico de la anquiloglosia lo realiza el pediatra o la asesora de lactancia y, en caso necesario, se resuelve mediante una sencilla intervención quirúrgica: la frenotomía.

Los cambios hormonales tras el parto constituyen por sí solos un capítulo aparte. La dramática caída del estrógeno en las primeras semanas tras el nacimiento del bebé hace que los tejidos del pecho y los pezones sean más sensibles y propensos a la irritación. Algunas mujeres describen que el dolor al amamantar empeora notablemente durante el período menstrual o la ovulación, es decir, en momentos en que los niveles hormonales vuelven a fluctuar. Este fenómeno no es psicosomático: tiene una base fisiológica completamente real y puede aliviarse con un cuidado adecuado de la piel y, en su caso, con una consulta al ginecólogo.

Infecciones, eccema y otras causas ignoradas

Quizás la complicación más temida de la lactancia que no está directamente relacionada con la técnica del agarre es la candidiasis del pezón, una infección fúngica causada por la levadura Candida albicans. Esta puede transmitirse entre la madre y el bebé en ambas direcciones y se manifiesta con un dolor ardiente y punzante que penetra en todo el pecho, no cesa con la toma y persiste durante horas después de ella. Los pezones pueden estar brillantes, rosados o ligeramente descamados, pero también pueden tener un aspecto completamente normal, razón por la cual la candidiasis pasa tan fácilmente desapercibida. El tratamiento requiere el tratamiento simultáneo de la madre y del bebé y es imprescindible consultarlo con un médico.

Imaginemos una situación concreta: Petra, una joven mamá, amamanta a su hijo desde el nacimiento. El agarre fue revisado por la matrona y por la asesora de lactancia; ambas confirmaron que era correcto. Aun así, Petra siente un intenso dolor ardiente en cada toma, que persiste durante una hora después de terminar. Tiene los pezones ligeramente brillantes y el bebé presenta placas blancas en la lengua. ¿El diagnóstico? Candidiasis, y no un error en la técnica de lactancia. Tras el tratamiento adecuado de ambos, el dolor desapareció por completo en pocos días.

Una causa menos dramática, pero igualmente molesta, del dolor puede ser la dermatitis o el eccema del pezón. Las mujeres lactantes están expuestas de forma repetida a un entorno húmedo, a la fricción y al contacto con diversas sustancias, desde la lanolina hasta la leche materna, pasando por el tejido del sujetador. Todo ello puede desencadenar una reacción alérgica o de contacto que se manifiesta con picor, ardor, descamación o grietas en la piel. Confundir el eccema con un "mal agarre" es, por desgracia, muy frecuente, cuando en realidad la solución es el tratamiento dermatológico y no la corrección constante de la posición del bebé.

Merecen una mención especial los conductos galactóforos obstruidos y la mastitis, es decir, la inflamación del pecho. Un conducto lácteo obstruido se manifiesta con un nódulo sensible en el pecho y dolor localizado que se intensifica durante la toma o la extracción. Si la situación no se resuelve, puede derivar en mastitis, una inflamación bacteriana acompañada de fiebre, malestar general y dolor intenso en todo el pecho. La mastitis afecta aproximadamente al 10% de las mujeres lactantes y requiere atención médica, en algunos casos incluyendo antibióticos. De nuevo, el agarre del bebé no desempeña aquí un papel directo.

La dimensión psicológica del dolor durante la lactancia

Sobre las causas físicas se habla poco; sobre la dimensión psicológica del dolor al amamantar, casi nada. Sin embargo, existe una condición llamada reflejo de eyección de leche disfórico (D-MER, por sus siglas en inglés), en la que la mujer experimenta, justo antes o durante la bajada de la leche, una repentina oleada de emociones negativas: tristeza, ansiedad o incluso náuseas. No se trata de un trastorno psíquico ni de un fracaso, sino de una respuesta fisiológica asociada a la caída de dopamina en el momento en que el cuerpo libera oxitocina. El D-MER no causa dolor físico en sentido estricto, pero hace que la experiencia de amamantar sea muy difícil y, para muchas mujeres, insoportable.

Como señala con acierto la consultora de lactancia y autora Diane Wiessinger: "El dolor durante la lactancia no es normal, pero eso no significa que siempre sea culpa tuya." Esta distinción es fundamental. Las mujeres lactantes interiorizan con demasiada frecuencia el dolor como prueba de su propio fracaso, cuando la causa real se encuentra en otro lugar y tiene plena solución.

El estrés crónico y el agotamiento en el período posparto pueden además aumentar la percepción del dolor en general. La falta de sueño, la inestabilidad hormonal y la sobrecarga emocional reducen el umbral del dolor, de modo que incluso una irritación leve del pezón puede vivirse como un dolor intenso. Esto no significa que el dolor "esté solo en la cabeza", sino que el cuerpo y la psique están interconectados, y el cuidado del bienestar mental de la madre lactante forma parte del cuidado de la lactancia en sí misma.

Flat-lay of breastfeeding care products including lanolin cream, hydrogel pads and organic nursing bra on white linen

Qué hacer cuando el dolor persiste

Si el dolor durante la lactancia persiste a pesar de una técnica de agarre correcta, es importante seguir buscando. El primer paso debería ser visitar a una asesora de lactancia certificada, idealmente con la certificación internacional IBCLC, que es garantía de profesionalidad. Ella puede evaluar no solo la técnica de lactancia, sino también las condiciones anatómicas del bebé, el estado de los pezones y el contexto general. Si la asesora descarta causas técnicas, es conveniente consultar con el médico de cabecera o el ginecólogo para descartar infecciones, problemas dermatológicos o el fenómeno de Raynaud.

También resulta útil prestar atención a cuándo exactamente aparece el dolor y cuánto dura. El dolor solo durante el agarre y brevemente después suele tener causas distintas al dolor que persiste durante horas tras la toma. El dolor ardiente que penetra en todo el pecho es diferente al dolor superficial en el pezón. Estos detalles son información valiosa para el especialista a la hora de encontrar el diagnóstico correcto.

En el ámbito del cuidado de los pezones existe hoy en día una amplia variedad de productos que pueden proporcionar alivio, desde la lanolina pura hasta los cojinetes de hidrogel, pasando por cremas especiales con ingredientes naturales. Ferwer ofrece, por ejemplo, productos para madres lactantes orientados al cuidado suave de la piel sensible, seguros tanto para la madre como para el bebé. No obstante, es importante recordar que estos productos pueden aliviar los síntomas, pero no curar la causa, y esta merece la atención de un especialista.

La lactancia dolorosa no es un destino inevitable ni necesariamente un error de la madre. Es una señal de que algo en el cuerpo o en el entorno necesita atención. Cuanto antes se busque la causa real, y no solo una corrección técnica del agarre, mayores serán las posibilidades de que la lactancia acabe aportando lo que debe aportar: cercanía, nutrición y tranquilidad tanto para la madre como para el bebé.

Compartir
Categoría Buscar Cesta