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Imagínate que sales a tu habitual carrera matutina y vuelves a casa no solo con una dosis de endorfinas, sino también con una bolsa llena de basura que has recogido por el camino. De eso trata exactamente el plogging: una tendencia deportiva que en los últimos años está conquistando parques, bosques y calles urbanas de todo el mundo. No se trata de ningún sacrificio ni de una carga adicional. Al contrario, muchos entusiastas afirman que esta combinación les da la sensación de que su actividad física tiene un propósito que va más allá de su propia condición física.

La palabra plogging surgió de la unión del término sueco plocka upp (recoger) y el inglés jogging. La idea nació en Suecia alrededor de 2016, cuando Erik Ahlström comenzó a recoger basura durante sus carreras por Estocolmo. La propuesta se difundió rápidamente a través de las redes sociales y hoy el plogging cuenta con comunidades en todos los continentes. Según las estimaciones, para el año 2020 más de dos millones de personas en más de cien países del mundo habían participado en distintas actividades de plogging. No es de extrañar: se trata de una actividad que no requiere ningún equipamiento especial ni cuota de entrada, y que al mismo tiempo aporta un doble beneficio.


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Por qué el plogging es más que una moda pasajera

Los escépticos podrían argumentar que se trata de otra tendencia ecológica que llega y desaparece rápidamente. Sin embargo, el plogging lleva ya casi una década y su popularidad crece en lugar de decaer. La razón es sencilla: funciona en varios niveles a la vez.

Desde el punto de vista de la actividad física, el plogging es sorprendentemente más exigente de lo que parece. Las repetidas inclinaciones hacia adelante, las sentadillas y los cambios de ritmo al recoger basura activan músculos que permanecen inactivos durante una carrera convencional a ritmo uniforme. Alternar la carrera con movimientos rápidos hacia el suelo es en realidad una forma de entrenamiento funcional que ejercita todo el cuerpo. Estudios y expertos en fitness confirman que una hora de plogging quema aproximadamente 50 calorías más que el mismo tiempo de jogging sin recoger basura. No es una cifra despreciable, si tenemos en cuenta que la actividad deportiva aporta además un beneficio ecológico.

Desde el punto de vista de la salud mental, entra en juego el llamado purpose-driven exercise, es decir, el ejercicio con una intención consciente. Los psicólogos llevan tiempo señalando que las actividades que tienen una dimensión prosocial o medioambiental aumentan la satisfacción general y el sentido de propósito. En otras palabras, cuando una persona sabe que su carrera matutina contribuye a un entorno más limpio, la motivación se mantiene con mayor facilidad que cuando se hace ejercicio «solo para uno mismo».

Y luego está el aspecto social. Los grupos de plogging surgen de forma orgánica: en parques, en redes sociales, a través de aplicaciones como Meetup o Strava. La gente se reúne, comparte rutas, compite en la cantidad de basura recogida y fotografía hallazgos inesperados. Se crean amistades y comunidades que tienen en común el cuidado del lugar donde viven.

Como dijo en cierta ocasión el fundador sueco del movimiento, Erik Ahlström: «No queremos decirle a la gente lo que tiene que hacer. Solo queremos demostrar que una pequeña acción puede tener un gran impacto.»

Cómo elegir una ruta de plogging y qué esperar

Una de las mayores ventajas del plogging es su accesibilidad: cualquiera puede trazar una ruta prácticamente en cualquier lugar. Aun así, hay lugares donde tiene sentido empezar, y algunos consejos que pueden hacer que la primera experiencia resulte mucho más agradable.

Las rutas de plogging ideales discurren por lugares donde realmente hay basura. No suena muy romántico, pero es la realidad. Parques en las afueras de las ciudades, carriles bici a lo largo de los ríos, caminos forestales cerca de zonas residenciales o las orillas de estanques y embalses son lugares donde la basura se acumula y donde su recogida tiene más sentido. En cambio, en los centros urbanos bien mantenidos o en los senderos turísticos bien vigilados la situación suele ser mejor.

Un buen ejemplo práctico es Praga, donde la comunidad de plogging limpia regularmente las rutas a lo largo del Moldava, en Divoká Šárka o en los alrededores del valle de Prokopské. Grupos similares existen en Brno, Ostrava u Olomouc. Si alguien no quiere unirse de inmediato a un grupo organizado, basta con abrir un mapa, elegir una ruta de entre 5 y 10 kilómetros y salir.

En cuanto al equipamiento, no hay nada complicado:

  • Guantes: finos de goma o de trabajo, protegen del contacto directo con los residuos
  • Bolsa o saco: preferiblemente reciclable o reutilizable
  • Pinzas o agarrador: facilitan la recogida sin necesidad de agacharse demasiado, especialmente útil para quienes tienen problemas de espalda
  • Calzado adecuado: zapatillas de running convencionales con buena suela, ya que el plogging suele discurrir también por terreno irregular

La pregunta que se le ocurre a todo principiante: ¿qué hacer con la basura al terminar la ruta? Lo más sencillo es llevar los residuos recogidos a la papelera o al contenedor más cercano. En eventos más grandes, los organizadores acuerdan previamente con las autoridades locales la recogida o el préstamo de contenedores. Muchos municipios acogen con agrado este tipo de colaboración y la apoyan activamente.

A la hora de planificar la ruta, también merece la pena recurrir a recursos en línea. La plataforma Litterati, por ejemplo, permite fotografiar y geolocalizar la basura recogida, creando así una base de datos mundial de contaminación. De forma similar funciona la iniciativa checa Ukliďme Česko, que cartografía los puntos con presencia de residuos y coordina acciones voluntarias en toda la república. Ambas plataformas pueden servir como un excelente punto de partida tanto para elegir una ruta como para integrarse en una comunidad más amplia.

El plogging también tiene su lógica estacional. La primavera y el otoño son las épocas más productivas para la recogida de basura: tras el invierno, en prados y matorrales aparece todo lo que la nieve había ocultado, y antes del invierno es un buen momento para preparar la naturaleza para los meses fríos. El plogging estival junto a masas de agua tiene su carácter particular, ya que en los alrededores de estanques y embalses se acumula la basura de picnics y eventos de verano. El plogging invernal es menos popular, pero físicamente más intenso: las condiciones de nieve y el terreno resbaladizo añaden una nueva dimensión a la actividad.

Para quienes quieran ir aún más lejos, existe la posibilidad de combinar el plogging con otras actividades al aire libre. El plogging en bicicleta, a veces llamado plogcycling, funciona bajo el mismo principio, solo que a mayor velocidad y en rutas más largas. El plogging durante el senderismo, es decir, recoger basura a un ritmo más tranquilo caminando, es accesible para familias con niños o para personas mayores que no podrían combinar la carrera con las inclinaciones. Los niños, por cierto, aceptan esta actividad con un entusiasmo sorprendente: para ellos es un juego de aventuras con un resultado claro que pueden ver con sus propios ojos.

Un ejemplo interesante proviene de Japón, donde existe una tradición similar llamada soji, la limpieza del espacio público como muestra de respeto hacia la comunidad. Los japoneses limpian regularmente los alrededores de sus hogares, escuelas y lugares de trabajo, sin ningún tipo de presión externa. En este sentido, el plogging no es nada nuevo: es en realidad una forma moderna y deportiva de una idea antiquísima, la de que el cuidado del espacio común es una parte natural de la vida en sociedad.

La comunidad en torno al plogging también fomenta de forma natural un interés más amplio por el estilo de vida sostenible. Las personas que recogen basura con regularidad empiezan a fijarse más en lo que están recogiendo. Botellas de plástico, colillas de cigarrillos, envases de comida rápida: las estadísticas muestran repetidamente que estos son los tipos de residuos más frecuentes en la naturaleza. Este contacto cotidiano con las consecuencias del comportamiento de consumo lleva a muchos ploggers a reconsiderar sus propios hábitos de compra, a empezar a usar alternativas ecológicas o a interesarse por el enfoque zero waste en el hogar. El plogging no es, por tanto, solo una actividad física: es también una forma de cultivar una relación más profunda con el medio ambiente.

No es necesario ser un activista ecológico ni estar al corriente de todas las certificaciones de sostenibilidad. Basta con coger unos guantes, una bolsa y salir a la calle. Cada trozo de basura recogido es un resultado concreto y tangible que no puede cuestionarse ni ignorarse. Y precisamente esta sencillez y esta claridad son quizás la mayor fortaleza de todo el movimiento: en una época en la que los temas ecológicos se pierden a menudo entre cifras abstractas y catástrofes lejanas, el plogging ofrece algo completamente diferente: una forma inmediata, visible y alegre de contribuir al cambio justo allí donde uno vive y se mueve.

El próximo fin de semana, cuando estés pensando por dónde salir a correr, quizás valga la pena llevar una bolsa de más. Verás el resultado incluso antes de volver a casa.

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