Los entierros ecológicos ofrecen una despedida más respetuosa con el medio ambiente
La muerte es un tema del que se habla poco en la sociedad checa. Sin embargo, precisamente la forma en que nos despedimos de nuestros muertos dice mucho sobre cómo nos relacionamos con la naturaleza, con la vida y con los valores que consideramos importantes. En los últimos años, cada vez más personas empiezan a preguntarse si el funeral tradicional tiene que ser necesariamente la única opción, y si existen formas de despedirse de un ser querido que sean más respetuosas con el medio ambiente. Los funerales ecológicos no son simplemente una moda pasajera, sino una respuesta reflexiva a la pregunta de qué ocurre con nuestro cuerpo después de que nos vayamos, y qué huella dejamos en el planeta incluso después de nuestra muerte.
El interés por este tema crece a nivel mundial. Según encuestas de la organización británica Dying Matters, un porcentaje cada vez mayor de personas de todos los grupos de edad piensa en formas de funeral más ecológicas, y no solo quienes en general se interesan por un estilo de vida sostenible. Es lógico. Si alguien ha pasado toda su vida reciclando residuos, evitando los plásticos y eligiendo alimentos locales, es natural que quiera que su último viaje también refleje esos valores.
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¿Qué le hace realmente un funeral tradicional al medio ambiente?
Para entender por qué las alternativas ecológicas tienen sentido, es útil analizar primero cuán exigentes son los métodos de entierro convencionales desde el punto de vista medioambiental. Un funeral clásico en tierra con ataúd de madera lacada, revestido de materiales sintéticos, implica toda una serie de elementos problemáticos para el medio ambiente. La fabricación del ataúd consume madera procedente de bosques gestionados frecuentemente de forma deficiente, se utilizan formaldehído y otras sustancias químicas en el embalsamamiento del cuerpo, y los ritos funerarios conllevan transporte, energía y producción de residuos. La propia industria funeraria en Estados Unidos consume anualmente, según la Asociación Nacional de Directores de Funerarias, enormes cantidades de acero, hormigón y productos químicos.
La cremación, muy extendida en la República Checa —según datos de la Oficina Estadística Checa, más del 80 % de los fallecidos son incinerados— resulta más económica en cuanto a uso del suelo, pero es energéticamente costosa. La combustión del cuerpo libera a la atmósfera CO₂, dióxido de nitrógeno y, en el caso de los empastes dentales de amalgama, también mercurio. Esto no significa que la cremación sea una mala opción, pero es justo reconocer que tampoco está exenta de impacto medioambiental.
Es precisamente de esta conciencia de donde nace el deseo de alternativas: formas de enterramiento más cercanas a los ciclos naturales y que no dejen tras de sí una huella ecológica innecesaria.
¿Qué opciones de funeral ecológico existen?
El mundo de los funerales ecológicos es sorprendentemente variado. En países como el Reino Unido, Alemania o Escandinavia, muchas de estas alternativas ya están plenamente consolidadas y reguladas por ley. En la República Checa la situación es más compleja, pero en absoluto sin esperanza.
La forma más conocida y accesible de funeral ecológico es el denominado entierro natural, en el que el cuerpo se deposita en la tierra sin ataúd o en un ataúd fabricado con materiales biodegradables, como mimbre, bambú, cartón resistente o madera sin lacar. El cuerpo no es embalsamado con sustancias químicas y la tumba no se señaliza con una lápida de piedra, sino con un árbol vivo o una sencilla placa de madera. Estos cementerios, conocidos en el mundo anglosajón como woodland burial grounds o cementerios forestales, ofrecen a los deudos un lugar de paz en plena naturaleza, donde pueden reencontrarse con su ser querido de una manera diferente a la de un cementerio tradicional de piedra.
Otra opción interesante es la aquamación, también conocida como hidrólisis alcalina. Se trata de un proceso en el que el cuerpo se descompone mediante agua e hidróxido de potasio a temperatura elevada. El resultado son huesos que pueden ser posteriormente incinerados, y un líquido rico en nutrientes que puede utilizarse como fertilizante. La aquamación requiere considerablemente menos energía que la cremación y no emite sustancias nocivas a la atmósfera. Actualmente está disponible legalmente, por ejemplo, en el Reino Unido, en parte de Estados Unidos y en Canadá.
Aún más futurista en apariencia, pero al mismo tiempo muy natural, es el método denominado terramación o «compostaje humano». El cuerpo se deposita en un recipiente especial junto con material orgánico, donde se descompone de forma natural en condiciones estrictamente controladas en aproximadamente 30 a 45 días. La tierra resultante puede utilizarse en un jardín o en un bosque. Este método fue legalizado por primera vez en el estado estadounidense de Washington en 2019, y desde entonces ha sido adoptado por varios estados más. Es como si se cumplieran las palabras del poeta Walt Whitman: «Cada átomo que me pertenece a mí, te pertenece también a ti» — el cuerpo regresa literalmente al ciclo de la vida.
Existen también innovaciones menos conocidas, como el entierro mediante hongos: un traje especial recubierto de micelio que contribuye a la descomposición del cuerpo y neutraliza las toxinas. Este método lo promueve la empresa estadounidense Coeio y, aunque todavía se encuentra en los límites del experimento, muestra la dirección hacia la que se encamina el sector funerario ecológico.
¿Cómo está la legislación en la República Checa?
Y ahora llegamos a la pregunta que interesa a todo aquel que piensa en un funeral ecológico de forma práctica: ¿qué permite la legislación checa? El marco jurídico básico es la Ley n.º 256/2001 sobre servicios funerarios, que establece las condiciones para el manejo de los restos humanos, el funcionamiento de los cementerios y los servicios funerarios. Esta ley fue aprobada en una época en que las alternativas ecológicas de enterramiento eran prácticamente desconocidas en el contexto checo, y su contenido refleja esa realidad.
La legislación checa permite actualmente dos formas básicas de enterramiento: el entierro en tierra y la cremación. El cuerpo debe depositarse en un cementerio registrado o ser cremado en un crematorio. Esto significa que la mayoría de las alternativas mencionadas anteriormente —aquamación, terramación o los entierros forestales en el sentido estricto del término— no están legalmente disponibles en la República Checa. La ley, por ejemplo, no contempla expresamente la posibilidad de enterrar fuera de los cementerios delimitados y, por tanto, tampoco el entierro bajo un árbol en una finca privada, como ocurre en algunos otros países.
No obstante, existen ciertas posibilidades de acercarse a un funeral ecológico dentro del marco legal vigente. La cremación en sí misma ofrece una libertad relativamente amplia en cuanto al manejo de las cenizas. La ley establece que las cenizas deben depositarse en un cementerio, pero al mismo tiempo permite su dispersión en las denominadas praderas de dispersión, que forman parte de los cementerios. Algunos deudos optan por dispersar las cenizas en la naturaleza, por ejemplo en un río o en un bosque; esta práctica se desarrolla en una especie de zona gris legal y las autoridades generalmente no la persiguen de forma explícita, aunque la ley no la define estrictamente como permitida fuera de los cementerios.
En cuanto a los materiales del ataúd, la ley no establece especificaciones precisas ni excluye el uso de materiales ecológicamente sostenibles. Los ataúdes de mimbre, bambú o cartón son, por tanto, legalmente utilizables, siempre que cumplan los requisitos higiénicos y técnicos básicos. Aquí se abre un espacio para una elección verdaderamente más sostenible incluso dentro del sistema actual. Algunas empresas funerarias checas ya ofrecen estas opciones o están dispuestas a gestionarlas a petición de los deudos.
La cuestión de los cementerios forestales en Chequia sigue abierta por el momento. Se están llevando a cabo debates sobre su implantación, pero los cambios legislativos concretos aún no se han materializado. En la vecina Alemania, en cambio, los llamados Friedwälder —cementerios forestales donde las cenizas se depositan al pie de los árboles— funcionan como una alternativa plenamente reconocida desde los años 90. La República Checa podría seguir un camino similar si la ley de servicios funerarios fuera objeto de la reforma necesaria.
La situación queda bien ilustrada por la historia de una familia de Brno que, tras el fallecimiento de la abuela, buscó la manera de darle sepultura en consonancia con su relación de toda la vida con la naturaleza. La abuela había cuidado su jardín durante toda su vida y deseaba ser enterrada bajo un árbol. La familia optó finalmente por la cremación y el depósito de las cenizas en una urna biodegradable, enterrada al pie de un roble en un cementerio de carácter natural. Aunque no fue un entierro forestal en el pleno sentido del término, fue un compromiso que dio a la familia la sensación de una despedida con significado.
¿Qué puede hacer hoy?
A pesar de las limitaciones legislativas, la situación no es desesperanzadora. El interés del público por formas de enterramiento más ecológicas va en aumento, y con él crece también la presión para cambiar las leyes. Organizaciones como Naděje pro umírání y diversas iniciativas en el ámbito de los cuidados paliativos van abriendo poco a poco el debate público sobre cómo queremos afrontar la muerte, y por tanto también el enterramiento.
Si desea que su último viaje sea lo más respetuoso posible con el medio ambiente, conviene reflexionar sobre algunas cuestiones concretas. Al elegir una empresa funeraria, pregunte por la posibilidad de un ataúd o una urna ecológicamente sostenibles. Las urnas biodegradables de turba, sal o papel reciclado están disponibles también en Chequia. Si opta por la cremación, averigüe si el crematorio cumple con los estándares modernos de emisiones. Y, por último, pero no por ello menos importante: deje por escrito sus deseos sobre cómo quiere ser enterrado. Así los deudos no tendrán que adivinar y podrán concentrarse en el duelo y en los recuerdos.
Un funeral ecológico no consiste en renunciar a la dignidad ni a las tradiciones. Se trata más bien de una decisión consciente de que, incluso en el último acto de nuestra vida, queremos estar en armonía con los valores que hemos defendido. La legislación checa se queda aún por detrás de lo que ofrecen otros países europeos, pero la presión por el cambio se intensifica, y con ella la esperanza de que en un futuro próximo cada persona tenga la posibilidad de elegir una despedida que sea verdaderamente la suya.