# Jak poznat přetažený sval od zánětu šlachy Rozlišení těchto dvou zranění může být obtížné, protož
El dolor después del deporte o el ejercicio físico es una experiencia que casi todo el mundo conoce. Sin embargo, no todos los dolores son iguales, y ahí radica precisamente el problema. Mucha gente confunde un músculo distendido con una tendinitis, porque ambas dolencias se manifiestan de forma similar: dolor, hinchazón y movilidad limitada. Pero la diferencia entre ellas no es meramente académica. Un diagnóstico correcto determina la rapidez de la recuperación y, sobre todo, si la persona empeora su estado con un tratamiento inadecuado.
La distensión muscular, denominada técnicamente distensión o estiramiento muscular, se produce cuando las fibras musculares se someten a una carga excesiva o a una tracción brusca para la que no están preparadas. Esto puede ocurrir durante un sprint rápido, un movimiento descoordinado, un calentamiento insuficiente o simplemente por sobrecarga durante el trabajo físico. El tejido muscular tiene una irrigación sanguínea relativamente buena y, por ello, puede cicatrizar con bastante rapidez, en cuestión de días o semanas, dependiendo de la gravedad de la lesión.
La tendinitis, o en casos más crónicos la tendinopatía, es en cambio una afección del tejido fibroso que conecta el músculo con el hueso. Los tendones tienen menos irrigación sanguínea que los músculos, por lo que su cicatrización tarda más y el tratamiento requiere mayor paciencia. La tendinitis suele desarrollarse de forma gradual, con sobrecargas repetidas, y es típica en corredores, tenistas, nadadores o personas que trabajan en posiciones ergonómicamente inadecuadas.
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Cómo difieren los síntomas y dónde duele
La clave para distinguir ambos estados es principalmente el carácter del dolor, su localización y las circunstancias en que aparece. Un músculo distendido suele manifestarse de inmediato: la persona siente un pinchazo agudo o ardiente directamente durante el movimiento o justo después. El dolor está localizado en el vientre muscular propiamente dicho, es decir, en la parte carnosa del músculo, y al palpar esa zona se aprecia una sensibilidad o tensión clara. En las primeras horas puede producirse hinchazón y, en casos más graves, una hemorragia subcutánea que se manifiesta como un hematoma.
La tendinitis, en cambio, se desarrolla lentamente. Al principio, la persona siente solo una leve rigidez o malestar, especialmente por la mañana al levantarse o al inicio del movimiento, que remite al entrar en calor. El dolor se concentra en el punto de inserción del tendón, es decir, donde el músculo se convierte en tendón y donde este se une al hueso. Un ejemplo típico es el dolor en el talón con la tendinitis del tendón de Aquiles, el dolor en el codo con el llamado codo de tenista (epicondilitis lateral) o el dolor en la rodilla con el síndrome del saltador. Si el dolor persiste tanto en movimiento como en reposo y se intensifica con la carga repetida, es más probable que se trate del tendón.
Una buena referencia orientativa es el llamado "test de la mañana". Si la persona se despierta con rigidez y dolor que mejora tras unos minutos de caminar o moverse, esto apunta más bien a una tendinitis. Por el contrario, el dolor muscular suele ser más intenso inmediatamente después de la lesión y va remitiendo progresivamente con el reposo.
Imaginemos un ejemplo concreto: un corredor recreativo completa un entrenamiento más largo tras una pausa de fin de semana. A la mañana siguiente se levanta y siente dolor en la pantorrilla. Si le duele el vientre muscular de la pantorrilla y el dolor apareció bruscamente durante la carrera, probablemente se ha distendido el músculo gemelar. Pero si siente el dolor en la zona del talón o en el punto donde la pantorrilla se une al talón, y ese dolor va cediendo gradualmente por la mañana, es más probable que se trate de una sobrecarga del tendón de Aquiles.
Otro criterio diferenciador es la reacción al calor y al frío. En una lesión muscular aguda se recomienda aplicar frío, ya que reduce la hinchazón y la respuesta inflamatoria. El calor, en cambio, ayuda a relajar la tensión muscular en fases posteriores de la cicatrización. En la tendinitis la situación es más compleja: en la fase aguda de inflamación el frío también es adecuado, pero en la tendinopatía crónica el calor puede favorecer la circulación y la regeneración. El uso incorrecto del calor o el frío puede ser, por tanto, otra pista: si el frío alivia notablemente el dolor y el calor lo empeora, esto sugiere más bien un estado inflamatorio agudo.
Cuándo es necesario acudir al médico
Mucha gente tiende a quitarle importancia al dolor del aparato locomotor y a confiar en que "se pasará solo". En muchos casos es un enfoque razonable: una distensión muscular leve puede resolverla el propio cuerpo con reposo, frío y una vuelta gradual a la actividad. Sin embargo, hay situaciones en las que visitar al médico no solo es conveniente, sino directamente imprescindible.
Hay que acudir al médico de inmediato cuando el dolor aparece de forma brusca y es muy intenso, cuando hay una hinchazón marcada o un hematoma extenso, cuando la zona afectada ha perdido completamente la movilidad o la fuerza, o cuando se oyó o se sintió un chasquido en el momento de la lesión. Ese sonido o sensación puede indicar un desgarro parcial o completo del músculo o del tendón, es decir, una lesión más grave que puede requerir intervención quirúrgica.
También se debe acudir al médico si el dolor no remite o incluso empeora tras siete a catorce días de reposo y tratamiento conservador. Igualmente, si el dolor reaparece repetidamente en el mismo lugar, ya que esto puede indicar una sobrecarga crónica que, sin intervención especializada, conducirá a una lesión más grave. Como señala la Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos, los problemas tendinosos ignorados o mal tratados pueden derivar en cambios degenerativos del tejido, que luego cicatrizan de forma considerablemente más difícil.
Merecen especial atención las personas mayores de cincuenta años, los diabéticos o los pacientes que toman corticosteroides a largo plazo: en estos grupos el riesgo de lesión tendinosa grave es mayor y la cicatrización es más lenta. Asimismo, los deportistas que se preparan para una competición no deberían fiarse de su propio criterio y es mejor que no omitan la consulta con un médico o fisioterapeuta.
Para el diagnóstico, el médico combina la exploración clínica con pruebas de imagen. La ecografía es una excelente opción para evaluar el estado de los tejidos blandos: permite distinguir una distensión muscular de una tendinitis y detectar posibles desgarros. La resonancia magnética ofrece una imagen aún más detallada y suele indicarse en casos más complejos. La radiografía por sí sola no visualiza músculos ni tendones, pero puede descartar una fractura o un espolón óseo que pudiera estar causando la lesión.
La fisioterapia desempeña un papel clave en el tratamiento de ambos estados. Mientras que en la distensión muscular se centra principalmente en el estiramiento progresivo, el fortalecimiento y la recuperación del rango completo de movimiento, en la tendinitis el ejercicio excéntrico es una parte indispensable de la terapia: un tipo especial de ejercicio en el que el músculo se alarga bajo carga. Investigaciones publicadas en el British Journal of Sports Medicine han demostrado repetidamente que el ejercicio excéntrico es uno de los métodos más eficaces para tratar la tendinopatía crónica.
La prevención es, por supuesto, mejor que el tratamiento. El calentamiento regular antes de la actividad física, el aumento gradual de la carga de entrenamiento y una recuperación adecuada son los pilares fundamentales de la protección frente a ambos tipos de lesión. La nutrición también desempeña un papel importante: el colágeno, la vitamina C y los ácidos grasos omega-3 favorecen la salud del tejido conjuntivo y pueden contribuir a una recuperación más rápida. Por eso, cada vez más deportistas y personas activas incorporan a su dieta suplementos alimenticios de calidad orientados a la salud de articulaciones y tendones.
Uno de los factores menos debatidos, pero igualmente importantes, es el calzado y el equipamiento. Un calzado inadecuado puede contribuir significativamente al desarrollo de tendinitis del tendón de Aquiles o fascitis plantar. Del mismo modo, bicicletas mal ajustadas, fijaciones de esquí o herramientas de trabajo pueden sobrecargar crónicamente grupos musculares y tendones específicos. "El cuerpo es como una máquina: si no lo cuidas bien y sobrecargas una parte, las demás lo notan", dice aproximadamente todo fisioterapeuta experimentado que trabaja con deportistas.
También es importante mencionar que el dolor del aparato locomotor no siempre tiene una causa mecánica. Las enfermedades reumáticas, las infecciones o incluso algunos trastornos metabólicos pueden manifestarse con dolor muscular y tendinoso que imita una lesión deportiva. Si el dolor va acompañado de fiebre, fatiga general o hinchazón en varias articulaciones a la vez, la visita al médico es urgente.
Distinguir una distensión muscular de una tendinitis no siempre es fácil, ni siquiera para un médico experimentado sin pruebas de imagen. Para un profano, resulta aún más difícil. Sin embargo, una orientación básica sobre los síntomas —dónde duele exactamente, cómo apareció el dolor, cómo evoluciona a lo largo del día y cómo reacciona al reposo o al movimiento— puede ayudar a estimar cuál es el problema y a elegir los primeros pasos en consecuencia. El reposo, el frío, una compresión moderada y la elevación del miembro afectado (el llamado método RICE) son un primer paso razonable en ambos casos. Lo que nunca es razonable, en cambio, es ignorar un dolor persistente o intentar "entrenar por encima" de una lesión: esa es la vía segura para convertir un problema pequeño en uno grande.