# Co znamenají streptokoky skupiny B v těhotenství ## Qué significan los estreptococos del grupo B
El embarazo conlleva una serie de pruebas que pueden resultar confusas o preocupantes para las futuras mamás. Una de las pruebas que se realiza hacia el final del embarazo es el estreptococo del grupo B. Aunque esta bacteria no es especialmente peligrosa en la vida cotidiana, merece atención en el contexto del parto y el período neonatal. ¿Por qué insisten tanto los médicos en detectarla y qué significa realmente el resultado de la prueba para la madre y el bebé?
Los estreptococos del grupo B, denominados técnicamente Streptococcus agalactiae o abreviados como EGB (del inglés Group B Streptococcus, GBS), son bacterias que habitan de forma natural en el tracto digestivo y urogenital de muchos adultos. Su presencia por sí sola no implica enfermedad: en la gran mayoría de los casos son completamente asintomáticas y la persona ni siquiera sabe que las porta. Se estima que aproximadamente entre el 10 y el 30 % de las mujeres embarazadas son portadoras de estas bacterias sin experimentar ningún tipo de molestia. El problema surge en el momento del parto, cuando el recién nacido puede entrar en contacto con la bacteria al atravesar el canal del parto.
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¿Por qué son las bacterias EGB un riesgo durante el embarazo?
Los recién nacidos tienen un sistema inmunitario inmaduro y no son capaces de hacer frente a las bacterias EGB de la misma manera que lo haría un organismo adulto. La transmisión de madre a hijo durante el parto puede conducir en algunos casos a enfermedades neonatales graves, siendo las más frecuentes la neumonía, la meningitis o la infección generalizada de la sangre, es decir, la sepsis. La Organización Mundial de la Salud y las sociedades ginecológicas especializadas advierten de que las infecciones neonatales por EGB se encuentran entre las causas más frecuentes de enfermedades bacterianas graves en las primeras semanas de vida. Aunque la medicina moderna es capaz de tratar estos cuadros, su prevención es siempre la opción preferible.
Es importante distinguir entre la forma precoz y la forma tardía de la infección neonatal por EGB. La forma precoz se manifiesta en los primeros 7 días de vida del bebé y suele estar asociada precisamente a la transmisión durante el parto. La forma tardía puede aparecer hasta los tres meses de edad del bebé y tiene un origen más variado: puede deberse a la transmisión a través de la lactancia, el contacto con el entorno o incluso el ambiente hospitalario. Por ello, el cribado se centra principalmente en la prevención de la forma precoz, que puede prevenirse directamente mediante la administración profiláctica de antibióticos a la madre durante el parto.
Es comprensible que la palabra «antibióticos» pueda generar preocupación en las mujeres embarazadas. Sin embargo, la administración de antibióticos directamente durante el parto —generalmente penicilina intravenosa— se considera segura tanto para la madre como para el bebé, y sus beneficios superan ampliamente los posibles riesgos. Según datos publicados, por ejemplo, en el sitio web de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), gracias al cribado generalizado y a la administración preventiva de antibióticos, la incidencia de infecciones neonatales precoces por EGB se ha reducido en más de un 80 % respecto a la época anterior a la implantación de esta medida.
Pero ¿cómo saben los médicos si una determinada mujer embarazada es portadora de la bacteria? La respuesta reside en una prueba sencilla pero muy importante.
Cómo se realiza la prueba del estreptococo del grupo B
La prueba del EGB se realiza entre las semanas 35 y 37 del embarazo. Consiste en un cultivo vaginal y rectal que se lleva a cabo de forma ambulatoria en la consulta del ginecólogo y dura solo unos segundos. La mujer no siente ningún dolor durante el procedimiento, ya que se trata de una prueba completamente no invasiva, comparable a una exploración ginecológica rutinaria. La muestra obtenida se envía al laboratorio, donde se determina la presencia de bacterias EGB mediante cultivo. El resultado suele estar disponible en pocos días.
¿Por qué se realiza la prueba en este período y no antes? La presencia de bacterias EGB en el organismo puede variar con el tiempo: una mujer que dio negativo en la semana 20 puede dar positivo en la semana 36, y viceversa. Por tanto, una prueba realizada demasiado pronto podría no reflejar la situación real en el momento del parto. Realizar la prueba entre las semanas 35 y 37 proporciona la información más fiable sobre el estado justo antes del parto.
Imaginemos un ejemplo concreto: Jana se encuentra en la semana 36 de embarazo y acude a su revisión habitual con el ginecólogo. El médico le explica que es el momento de realizar el cultivo EGB, toma las muestras y cuatro días después Jana recibe el resultado: positivo. Esto significa que la bacteria está presente en el entorno vaginal y rectal. Jana se preocupa lógicamente, pero el médico la tranquiliza: un resultado positivo no significa que el bebé vaya a enfermar, sino únicamente que es necesario administrar antibióticos durante el parto como medida preventiva. Jana da a luz a un niño sano y el parto transcurre sin complicaciones.
Este escenario es absolutamente habitual y refleja la realidad cotidiana de las maternidades de todo el mundo. La clave del éxito reside precisamente en la detección temprana del estado y en la respuesta adecuada del equipo sanitario.
Existen, no obstante, situaciones en las que se administra profilaxis antibiótica incluso sin una prueba previa. Entre ellas se incluyen, por ejemplo, el parto prematuro antes de la semana 37 completada, cuando la prueba aún no se ha realizado, o la situación en que la mujer llega al parto sin los resultados del cribado. En tales casos, los médicos se basan en los factores de riesgo, como la fiebre de la madre durante el parto, la rotura prematura de membranas o un hijo anterior con infección por EGB. El enfoque preventivo es, por tanto, individualizado y siempre adaptado a cada situación concreta.
Como señaló el destacado pediatra estadounidense y experto en infecciones neonatales, el Dr. Richard Polin: «La prevención de la infección por EGB en los recién nacidos es uno de los mayores logros de la medicina perinatal de las últimas décadas.» Esta afirmación refleja con precisión el avance que ha experimentado la medicina en la protección de los recién nacidos y el papel tan importante que desempeña en ello un cultivo aparentemente discreto realizado pocas semanas antes del parto.
Qué hacer tras un resultado positivo en la prueba
Descubrir que la prueba ha dado positivo puede ser una noticia estresante para la mujer embarazada. Sin embargo, es absolutamente fundamental comprender que un resultado positivo no implica ningún tratamiento durante el embarazo. Las bacterias EGB no se tratan con antibióticos antes del parto, y esto tiene una buena razón. Aunque se lograra eliminar la bacteria, con toda probabilidad volvería a aparecer antes del parto. Por eso tiene sentido administrar los antibióticos en el momento del propio parto, cuando tienen el mayor efecto protector para el bebé.
Las mujeres con resultado positivo deben informar al personal sanitario de la maternidad en el momento del ingreso para el parto, de modo que la profilaxis antibiótica pueda iniciarse a tiempo, idealmente al menos cuatro horas antes del parto. Esta información debe formar parte del plan de parto o de la documentación sanitaria que la mujer lleva consigo a la maternidad.
En cuanto a la lactancia materna, un resultado positivo de EGB durante el embarazo no es motivo para restringirla. La leche materna contiene anticuerpos y sustancias que, por el contrario, ayudan al recién nacido a desarrollar su sistema inmunitario. Si la bacteria EGB apareciera directamente en la leche materna —algo poco frecuente pero posible—, la situación debe abordarse de forma individualizada con el médico.
Las mujeres embarazadas también se preguntan a veces si pueden influir en la presencia de las bacterias EGB mediante el estilo de vida o la alimentación. Las evidencias científicas al respecto no son concluyentes. Los probióticos, los cambios en la dieta ni otros métodos naturales están suficientemente demostrados como forma de eliminar o prevenir de manera fiable el EGB. La mejor protección sigue siendo un cribado fiable y, en su caso, la profilaxis antibiótica durante el parto.
Para quienes deseen ampliar información sobre el tema, una fuente de calidad es, por ejemplo, el sitio web del NHS británico, que aborda la problemática del EGB de forma clara y comprensible, o las sociedades ginecológicas y perinatológicas especializadas, cuyas recomendaciones constituyen la base de los protocolos en las maternidades.
Es natural que toda mujer embarazada quiera lo mejor para su hijo y que cada nueva información pueda suscitar preguntas o inquietudes. El cribado del EGB es un ejemplo de cómo la medicina moderna puede reducir significativamente el riesgo de una enfermedad grave en los recién nacidos mediante un método sencillo y seguro. Un cultivo que dura unos segundos, un resultado en pocos días y, en caso necesario, antibióticos durante el parto: ese es todo el procedimiento, que puede tener una importancia decisiva para el recién nacido. Por eso, conocer esta prueba, su finalidad y su desarrollo es uno de los regalos más valiosos que una futura mamá puede hacerse a sí misma y a su bebé mucho antes de que este llegue al mundo.