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Protáhněte se mezi meetingy nenápadně a rychle **Estírese entre reuniones de forma discreta y rápid

La vida en la oficina tiene su propio ritmo, y suele ser despiadado. Una reunión sigue a la otra, el calendario revienta por las costuras y el único movimiento que haces durante el día es el desplazamiento de una sala de reuniones a otra. Sin embargo, el cuerpo humano sencillamente no está hecho para estar sentado ocho o diez horas al día sin interrupción. El dolor de espalda, el cuello rígido, el cansancio visual y la sensación de que el cerebro deja de funcionar correctamente son consecuencias que la mayoría de los trabajadores de oficina conocen demasiado bien.

La buena noticia es que la situación no es tan desesperada como parece. Existen formas de darle al cuerpo movimiento y estiramiento incluso en medio de una jornada laboral repleta de actividades, y de manera tan discreta que los compañeros ni siquiera se darán cuenta de lo que está pasando. No se trata de acrobacias ni de ponerse a hacer sentadillas en medio de las reuniones. Se trata de movimientos inteligentes y discretos que pueden integrarse fácilmente en las situaciones laborales cotidianas.


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Por qué el movimiento entre reuniones es tan importante

La ciencia es clara al respecto. Según la Organización Mundial de la Salud, la falta de actividad física es uno de los principales factores de riesgo para una serie de enfermedades crónicas, incluyendo las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2 o los problemas musculoesqueléticos. Permanecer sentado de forma continuada ralentiza el metabolismo, empeora la circulación sanguínea en las extremidades inferiores y aumenta la tensión en los músculos a lo largo de toda la columna vertebral.

Pero quizás lo más sorprendente es que estar sentado durante mucho tiempo también afecta negativamente al rendimiento cognitivo. Las investigaciones muestran que las breves pausas de movimiento mejoran la capacidad de concentración, la creatividad y la productividad general. En otras palabras, cinco minutos de estiramiento entre reuniones pueden ahorrarte treinta minutos dando vueltas a una tarea que de otro modo no lograrías resolver.

Imagina a Martina, directora de proyectos en una empresa de TI de tamaño mediano. Su jornada laboral consiste en reuniones prácticamente ininterrumpidas de nueve a cuatro: stand-ups, retrospectivas, presentaciones para clientes. Por la noche llega a casa con tanto dolor de espalda que no puede concentrarse ni en una lectura sencilla. Después de empezar a incorporar conscientemente breves estiramientos en los desplazamientos entre reuniones, la situación comenzó a cambiar. Los dolores remitieron, el sueño mejoró y, lo que más la sorprendió, empezó a concentrarse mejor en las reuniones porque llegaba a ellas físicamente «reiniciada».

No es una historia excepcional. Es una experiencia que comparten cada vez más personas que han decidido no subestimar las necesidades de su cuerpo solo porque trabajan en una oficina.

Estiramientos discretos que funcionan realmente en cualquier lugar

La clave del estiramiento discreto es una regla sencilla: el movimiento debe parecer natural en el contexto en el que te encuentras. Nadie se dará cuenta de que te estás estirando si parece que forma parte de un movimiento natural: levantarse, caminar hacia la cafetera, esperar el ascensor o simplemente estar sentado en el escritorio.

El cuello y los hombros son las zonas que más sufren al trabajar frente al ordenador. Hacer círculos lentos con los hombros hacia atrás, por ejemplo mientras esperas a que cargue la videoconferencia, nadie lo notará. Del mismo modo, las inclinaciones suaves de la cabeza de lado a lado, que estiran los músculos laterales del cuello, resultan completamente discretas y al mismo tiempo proporcionan un alivio inmediato de la tensión que se acumula en estas zonas tras horas de estar sentado.

La espalda es otra zona crítica. Estando sentado en la silla, se puede realizar de forma muy discreta el llamado arco del gato: una suave extensión y redondeo de la columna vertebral que activa todo el core y libera los discos intervertebrales. Si estás sentado en el escritorio, basta con apoyarse ligeramente en el respaldo, colocar las manos en el regazo y estirar conscientemente la columna en toda su longitud. Este movimiento parece simplemente una forma cómoda de sentarse y, sin embargo, es un verdadero regalo para la espalda.

Una zona muy subestimada son las muñecas y los antebrazos, que soportan una carga enorme al trabajar con el teclado. Hacer círculos simples con las muñecas o estirar la palma con los dedos extendidos hacia atrás se puede hacer tranquilamente incluso durante una llamada telefónica: la otra persona no lo ve y los compañeros lo perciben a lo sumo como un movimiento nervioso de manos que no molesta a nadie.

El trayecto entre dos salas o de camino al baño ofrece una excelente oportunidad para estirar las pantorrillas y los muslos. Caminar de puntillas por el pasillo, alargar conscientemente cada zancada o hacer una breve parada junto a la pared donde se puede apoyar un pie y estirar la parte delantera del muslo son movimientos que en el entorno de la oficina resultan completamente normales. Como señaló en su momento el fisiólogo y experto en movimiento Kelly Starrett: «Estar sentado es como fumar: cuanto menos lo hagas, mejor para tu cuerpo.»

Una categoría especial la forman los estiramientos que se pueden realizar directamente sentado en la silla, sin necesidad de levantarse. Cruzar las piernas y presionar suavemente la rodilla hacia abajo estira el piriforme, un pequeño músculo profundo en los glúteos que suele estar crónicamente acortado tras largas horas sentado y puede provocar dolores que se irradian hasta la pierna. Igual de eficaz es sentarse con la columna recta y juntar conscientemente los omóplatos: un movimiento que corrige la típica proyección hacia delante de los hombros que se produce en la oficina y fortalece los músculos profundos de la espalda.

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Cómo convertir el estiramiento en un hábito y no en una obligación

El mayor obstáculo no es la falta de ejercicios adecuados, sino la falta de hábito. La mayoría de las personas sabe que debería moverse más, pero en la práctica se olvida de ello o lo pospone para un «momento más oportuno» que nunca llega. La solución es vincular el estiramiento a rituales ya existentes en la jornada laboral.

En concreto, puede ser así: siempre que esperes a que todos se conecten a una reunión online, aprovecha ese tiempo para hacer círculos con los hombros o estirar el cuello. Siempre que vayas a por un café o agua, alarga conscientemente el camino unos pasos más y a la vuelta intenta caminar de puntillas. Siempre que dejes el teléfono después de una llamada, realiza tres respiraciones profundas con un estiramiento consciente del pecho. Estos pequeños rituales parecen insignificantes, pero en conjunto marcan una enorme diferencia.

El entorno físico también ayuda. Si tienes en el escritorio, por ejemplo, un reposapiés ergonómico, automáticamente te sientas de forma diferente y el cuerpo recibe estímulos distintos a los del asiento convencional en el suelo. De manera similar funciona trabajar de pie al menos parte del día: las mesas de altura regulable o los soportes para portátil son hoy en día accesibles incluso para oficinas pequeñas y espacios de trabajo en casa. No se trata de estar todo el día de pie, sino de alternar posturas que permitan al cuerpo trabajar de forma más dinámica.

Otra herramienta práctica son los recordatorios. Aplicaciones como Stretchly o simples temporizadores en el teléfono pueden recordar cada cuarenta y cinco minutos que es hora de levantarse y estirarse un minuto. Al principio puede resultar molesto, pero después de unos días estas pausas se convierten en una parte natural del ritmo de trabajo.

También es importante distinguir entre estiramiento y ejercicio. El estiramiento no requiere cambiarse de ropa, equipamiento deportivo ni un espacio especial. Basta con dos minutos, algo de espacio libre y saber qué se hace y por qué. Por eso es una herramienta tan democrática para el cuidado de la salud: accesible para todos, independientemente de lo apretada que esté su agenda laboral.

Un punto de vista interesante lo ofrece también un estudio publicado en el British Journal of Sports Medicine, que descubrió que tan solo once minutos de actividad física moderada al día pueden reducir significativamente el riesgo de muerte prematura asociado al sedentarismo prolongado. Once minutos. Eso es menos de lo que dura un descanso para el café de media.

El enfoque hacia el estiramiento en el trabajo también está cambiando progresivamente a nivel de cultura empresarial. Cada vez más empresas, especialmente aquellas que se adhieren a los principios de un entorno laboral sostenible y saludable, incorporan breves pausas de movimiento en sus reuniones como parte estándar del orden del día. Un «movement break» de cinco minutos en medio de una presentación larga no es nada inusual en las empresas modernas, y las investigaciones confirman que los participantes se concentran mejor después que aquellos que permanecen sentados sin interrupción durante todo el tiempo.

La verdad es que el cuerpo exige movimiento independientemente de lo ocupada que esté la mente en ese momento. Y si no se lo proporcionamos conscientemente, empezará a reclamarlo por sí mismo, a través del dolor, el cansancio o esa desagradable sensación de rigidez que conoce todo aquel que se ha levantado del escritorio después de tres horas de trabajo intenso. La elección es, por tanto, sencilla: o salimos al encuentro del movimiento por nuestra propia voluntad, o esperamos a que nuestro cuerpo nos obligue a ello de una manera que no hemos elegido.

Estirarse entre reuniones de forma discreta y eficaz no es ninguna ciencia ni un privilegio de quienes tienen un horario laboral flexible. Es una habilidad que puede adquirirse en cuestión de días, y una inversión que se amortiza en forma de mejor salud, mayor energía y, paradójicamente, también de mejor rendimiento laboral. Solo hay que empezar. Quizás ahora mismo, en la próxima reunión, mientras esperas a que se conecten los demás.

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