facebook
¡Descuento SUMMER ahora mismo! SUMMER Abrir app
Los pedidos realizados antes de las 12:00 horas se envían inmediatamente | Envío gratis en pedidos superiores a 95 EUR | Cambios y devoluciones gratuitos dentro de los 90 días

Las lágrimas son una de las reacciones humanas más misteriosas. Si bien llorar de tristeza o dolor tiene un sentido intuitivo, muchas personas experimentan situaciones en las que las lágrimas les corren por las mejillas de forma completamente inesperada: al contemplar un atardecer, al escuchar una canción favorita, al ver un anuncio publicitario o incluso en el momento de mayor alegría. ¿Qué ocurre realmente en el cuerpo y por qué las lágrimas nos sorprenden incluso cuando nos sentimos bien?

La respuesta no es sencilla, pero sí fascinante. El llanto no sirve en absoluto solo como expresión de tristeza, sino que es un mecanismo fisiológico y psicológico complejo que cumple una amplia variedad de funciones. Y comprender estas funciones puede cambiar significativamente la manera en que percibimos nuestras propias lágrimas.


Pruebe nuestros productos naturales

Qué ocurre en el cerebro cuando lloramos

El cerebro humano distingue varios tipos de lágrimas. Las lágrimas basales mantienen los ojos húmedos y sanos, las lágrimas reflejas responden a la irritación física —como al cortar cebolla— y las lágrimas emocionales surgen como respuesta a experiencias psicológicas. Precisamente estas últimas son las más interesantes y, al mismo tiempo, las menos estudiadas. Las investigaciones muestran que las lágrimas emocionales contienen una mayor concentración de hormonas del estrés y proteínas que las lágrimas basales, lo que sugiere que su producción puede ser una de las formas en que el cuerpo libera la tensión acumulada en el organismo.

El principal responsable de desencadenar el llanto emocional es el sistema límbico, la parte del cerebro que procesa las emociones. Concretamente, la amígdala, que funciona como una especie de alarma emocional, envía señales al hipotálamo, que a su vez activa el sistema nervioso autónomo y finalmente provoca la apertura refleja de las glándulas lagrimales. Toda esta cadena puede activarse incluso cuando no somos conscientes de haber sido afectados emocionalmente. El cerebro simplemente reacciona antes de que tengamos tiempo de pensar.

Una perspectiva interesante sobre esta cuestión la ofrece también una investigación publicada en la revista Frontiers in Psychology, que señala que el llanto tiene una marcada dimensión social: sirve como señal de comunicación no verbal que transmite a los demás que esa persona necesita apoyo o empatía. Desde una perspectiva evolutiva, se trata por tanto de un mecanismo muy funcional, aunque el ser humano moderno tiende a percibirlo más bien como una muestra de debilidad.

Lágrimas de alegría, emoción y sorpresa

Una de las razones más comunes por las que las personas lloran sin tristeza es la sobrecarga emocional intensa, ya sea de naturaleza positiva o ambivalente. Los psicólogos utilizan para este fenómeno el término «desbordamiento emocional». Cuando el cerebro procesa sentimientos demasiado intensos que no puede clasificar y gestionar rápidamente por medios habituales, recurre al llanto como válvula reguladora.

Un ejemplo típico son las lágrimas de alegría. Los padres lloran en la boda de su hijo, los deportistas lloran tras un gol victorioso, los espectadores lloran en las escenas finales de películas que les sorprendieron con su final feliz. Llorar en esos momentos no significa tristeza, sino todo lo contrario: plenitud emocional, un exceso de experiencias con el que el cuerpo se equilibra de la única manera que conoce.

De manera similar funcionan las lágrimas de emoción o enternecimiento. Basta recordar el momento en que alguien vio el mar por primera vez, recibió un regalo inesperado o fue testigo de un gesto amable de un desconocido. La señora Markéta, profesora de Brno, describe su experiencia así: un día, en la parada del tranvía, vio cómo un joven ayudó a una anciana a llevar unas pesadas bolsas de la compra hasta su casa. «No sé por qué, pero de repente se me llenaron los ojos de lágrimas. No estaba triste; más bien sentí como un calor en el pecho», dice. Esta sensación la conocen muchas personas, y tiene incluso su propio nombre.

Investigadores de la Universidad de California la describieron como «kama muta», un término sánscrito que puede traducirse libremente como «conmovido por el amor» o «enternecimiento». Se trata de un estado emocional intenso que surge ante el fortalecimiento repentino del sentido de pertenencia o de la bondad humana. Fisiológicamente se manifiesta con piel de gallina, presión en el pecho y, precisamente, lágrimas. No es tristeza: es una profunda conexión humana.

Otro desencadenante menos conocido de las lágrimas es la llamada disonancia cognitiva asociada a la belleza. Cuando una persona se detiene ante un cuadro, escucha música o contempla un atardecer y experimenta una vivencia estética de tal intensidad que no puede asimilarla plenamente, el cerebro vuelve a responder con lágrimas. El filósofo Edmund Burke, en su obra sobre lo sublime y lo bello, describió este fenómeno como la reacción ante algo que supera nuestra capacidad de comprensión plena. Las lágrimas son, en cierto sentido, una muestra de humildad ante aquello que nos trasciende.

Flat-lay of essential oil, lavender, sleep mask, chamomile tea and notebook for emotional wellbeing

Cuándo el llanto señala algo más profundo

Llorar sin un motivo aparente es natural y saludable, pero existen situaciones en las que puede ser una señal de que algo en la psique merece atención. Si una persona llora con mucha frecuencia, sin un desencadenante concreto, y se siente agotada o vacía, puede tratarse de un síntoma de estrés crónico, agotamiento o depresión.

La depresión no siempre se manifiesta únicamente como tristeza. A veces se expresa como embotamiento emocional y otras, por el contrario, como hipersensibilidad y llanto fácil. La Organización Mundial de la Salud OMS advierte que la depresión es una de las causas más frecuentes de incapacidad laboral en el mundo y que sus síntomas son muy variados: desde trastornos del sueño y cambios en el apetito hasta el llanto incontrolable.

Del mismo modo, el llanto frecuente e inesperado puede ser síntoma de un desequilibrio hormonal. Las mujeres en el período premenstrual, durante el embarazo o en la menopausia saben bien cuánto puede cambiar la sensibilidad emocional. Pero los hombres también pueden experimentar fluctuaciones hormonales que afectan a la reactividad emocional, por ejemplo ante una caída significativa de los niveles de testosterona. Los endocrinólogos recomiendan en estos casos un estudio hormonal completo que puede revelar las causas de una inestabilidad emocional aparentemente inexplicable.

Otro factor es la falta de sueño. Estudios de la Universidad de Berkeley han demostrado que las personas que duermen menos de seis horas al día tienen una capacidad significativamente reducida para regular las emociones. La amígdala, esa alarma emocional, es hasta un 60 % más reactiva en personas con falta de sueño que en personas descansadas. Las lágrimas que aparecen de la nada pueden ser simplemente una señal de que el cuerpo necesita descanso.

Existe también un grupo de personas para quienes el llanto inesperado está asociado a condiciones neurológicas. El afecto pseudobulbar, conocido también como incontinencia emocional, es un trastorno neurológico en el que se producen episodios incontrolables de risa o llanto sin una causa emocional correspondiente. Se presenta en personas que han sufrido un accidente cerebrovascular, con esclerosis múltiple o enfermedad de Parkinson. En estos casos no se trata de un fenómeno psicológico, sino neurológico, que requiere atención especializada.

Sin embargo, también es natural que algunas personas sean simplemente más sensibles emocionalmente que otras. Los psicólogos hablan de las llamadas personas altamente sensibles, en inglés «Highly Sensitive Persons» (HSP), término acuñado por la investigadora Elaine Aron. Se estima que aproximadamente entre el 15 y el 20 % de la población presenta una mayor sensibilidad del sistema nervioso, lo que se manifiesta, entre otras cosas, en una mayor reactividad emocional, una mayor receptividad al arte y la naturaleza, y precisamente en la tendencia a llorar con más frecuencia. Estas personas no son débiles ni hipersensibles en sentido peyorativo: su sistema nervioso simplemente procesa los estímulos de forma más profunda e intensa.

El llanto como herramienta de sanación

Una de las cosas más importantes que la psicología moderna sabe sobre el llanto es que reprimir las lágrimas puede tener un impacto negativo tanto en la salud física como en la mental. Las investigaciones sugieren que las personas que se permiten llorar se recuperan más rápidamente de situaciones emocionalmente exigentes y presentan niveles más bajos de cortisol —la hormona del estrés— que quienes reprimen las lágrimas.

Como señaló acertadamente el escritor Washington Irving: «Los grandes pensamientos vienen del corazón». Del mismo modo, las grandes emociones —incluso las que no comprendemos— merecen ser expresadas, no reprimidas. El llanto no es debilidad. Es una de las manifestaciones más humanas de que estamos vivos, sentimos y reaccionamos al mundo que nos rodea.

En el contexto del cuidado de la salud mental y el bienestar general —valores cercanos a cualquier persona interesada en un estilo de vida sostenible y consciente— merece la pena mencionar que incluso las cosas aparentemente pequeñas pueden ayudar a regular el equilibrio emocional. Pasar tiempo en la naturaleza, la respiración consciente, el sueño de calidad o la aromaterapia con aceites esenciales son enfoques que apoyan el sistema nervioso y reducen la probabilidad de que las emociones nos sorprendan en un momento inoportuno.

Lo importante es aprender a acercarse a las propias lágrimas con amabilidad y curiosidad, no con vergüenza o confusión. La próxima vez que las lágrimas te corran inesperadamente al contemplar el cielo estrellado o al escuchar una vieja canción, no tienes que buscar de inmediato qué va mal. Quizás sea simplemente tu cuerpo diciéndote: esto es hermoso, esto es importante, esto me trasciende, y eso está absolutamente bien.

Compartir
Categoría Buscar Cesta