# Cabeza aplanada del bebé, o plagiocefalia y cómo prevenirla
Todo padre desea que su hijo esté sano y feliz. Por eso puede resultar preocupante ver la cabecita de un bebé aplanada o asimétrica. La plagiocefalia —el aplanamiento de la cabeza del lactante— es hoy uno de los estados más frecuentemente diagnosticados en los niños pequeños, y su incidencia ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. Sin embargo, en la mayoría de los casos se trata de una condición que puede tratarse con éxito y que, si se detecta a tiempo, deja secuelas permanentes mínimas o nulas.
Pero antes de que los padres empiecen a preocuparse innecesariamente, conviene entender qué hay detrás de la cabecita aplanada de un bebé, por qué ocurre este fenómeno y qué se puede hacer razonablemente al respecto.
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Qué es la plagiocefalia y por qué se produce
La palabra plagiocefalia proviene del griego: plagios significa oblicuo y kephalé significa cabeza. Se trata, pues, literalmente de un cráneo oblicuo o asimétrico. El cráneo de un recién nacido no es un hueso rígido, sino que está compuesto por varias placas óseas unidas por tejidos blandos llamados suturas y fontanelas. Este ingenioso diseño biológico permite al bebé atravesar el canal del parto y, al mismo tiempo, proporciona espacio para el rápido crecimiento del cerebro durante los primeros meses de vida. Sin embargo, esta misma suavidad y maleabilidad del cráneo es también la razón por la que puede cambiar de forma con relativa facilidad bajo la influencia de la presión externa.
Hablamos con mayor frecuencia de la denominada plagiocefalia posicional o postural, que se produce cuando el bebé yace o duerme repetidamente en la misma posición y la presión sobre una parte de la cabeza provoca su aplanamiento. Esta forma no tiene nada que ver con el crecimiento del cerebro ni con la inteligencia del niño: se trata puramente de un problema de forma del cráneo. Una variante menos frecuente es el aplanamiento simétrico de la parte posterior de la cabeza, que se denomina braquicefalia; y también existe la plagiocefalia estructural verdadera, causada por la fusión prematura de las suturas craneales, conocida como craneosinostosis, que requiere tratamiento quirúrgico.
¿Por qué, entonces, la plagiocefalia posicional ha aumentado tan drásticamente en los últimos treinta años? La respuesta es sorprendentemente sencilla y está directamente relacionada con el salvamento de vidas. Desde 1992, cuando la Academia Americana de Pediatría lanzó la campaña «Back to Sleep» (Dormir boca arriba), la incidencia del síndrome de muerte súbita del lactante se ha reducido en más de un cincuenta por ciento. La recomendación de dormir boca arriba ha salvado miles de vidas infantiles, pero al mismo tiempo ha provocado que los bebés pasen mucho más tiempo en posición supina, lo que ha traído consigo un aumento del aplanamiento posicional de la cabeza. Los padres se encuentran, pues, ante una aparente paradoja: hacer lo que es seguro y, al mismo tiempo, prevenir los efectos secundarios no deseados.
También influyen otros factores. Los bebés prematuros tienen los huesos más blandos y son más propensos al aplanamiento. Los gemelos o trillizos tienen menos espacio en el útero. La tortícolis —el acortamiento o la tensión de los músculos del cuello— hace que el bebé gire la cabeza preferentemente hacia un lado, lo que provoca un aplanamiento unilateral. Precisamente la tortícolis es uno de los estados asociados más frecuentes que acompañan o causan la plagiocefalia.
Cómo reconocer una cabeza aplanada y cuándo consultar a un especialista
Muchos padres notan el aplanamiento de la cabeza por sí mismos, generalmente durante las primeras semanas o meses de vida del bebé. Si miramos al bebé desde arriba, una cabeza de forma normal se asemeja a un óvalo simétrico. En la plagiocefalia, un lado puede estar aplanado, la oreja puede estar desplazada hacia adelante, la frente puede ser asimétrica o todo el cráneo puede parecer ligeramente deformado. En la braquicefalia, el aplanamiento es uniforme en la parte posterior y la cabeza puede parecer inusualmente ancha o plana.
Si los padres detectan cualquier asimetría o desviación de la forma simétrica, es conveniente comentarlo con el pediatra. Es importante no subestimar ni los hallazgos aparentemente leves, ya que cuanto antes se detecte la condición, mejor. El cerebro y el cráneo crecen más rápidamente durante el primer año de vida —aproximadamente la mitad del volumen cerebral total se forma antes de los seis meses de edad—, y precisamente esta ventana de tiempo es también la mejor oportunidad para un tratamiento exitoso.
El pediatra, ante la sospecha de plagiocefalia, generalmente realizará un examen físico, evaluará la movilidad del cuello del bebé y, en su caso, recomendará una consulta con un fisioterapeuta u ortoticista. Las técnicas de imagen, como la radiografía o la TC, solo se indican cuando se sospecha craneosinostosis, ya que la plagiocefalia posicional es un diagnóstico clínico que no requiere radiación.
Como afirmó el destacado neurocirujano pediátrico estadounidense Mark Dias: «El cerebro es completamente normal en la plagiocefalia posicional. El único problema es la forma del cráneo, y esta es una condición que en la mayoría de los casos puede mejorar significativamente con métodos conservadores.»

Cómo tratar y prevenir la plagiocefalia
La buena noticia es que la plagiocefalia posicional es tratable en la mayoría de los casos sin intervención quirúrgica, especialmente cuando el tratamiento comienza de forma temprana. El pilar fundamental del tratamiento es la llamada terapia de reposicionamiento, es decir, el cambio consciente de posiciones y la reducción de la presión sobre la parte afectada de la cabeza.
El tiempo que el bebé pasa boca abajo juega un papel clave, denominado en inglés «tummy time». Se trata del tiempo en que el bebé, mientras está despierto y bajo la supervisión de los padres, se coloca boca abajo. Esta posición no solo reduce la presión sobre la parte posterior de la cabeza, sino que también fortalece los músculos del cuello, los hombros y la espalda, que el bebé necesitará más adelante para girarse, gatear y caminar. Los especialistas recomiendan comenzar el tummy time desde los primeros días tras el regreso del hospital, inicialmente solo unos minutos al día, aumentando progresivamente la duración. La Academia Americana de Pediatría recomienda alcanzar un total de treinta minutos de tummy time al día antes del tercer mes de edad del bebé.
Un consejo práctico para los padres que tienen dificultades con el tummy time: muchos bebés no toleran esta posición al principio y protestan. Puede ayudar colocar al bebé sobre el pecho del progenitor, sobre una superficie firme con un juguete de colores o un espejo frente a su cara, o utilizar la posición sobre el antebrazo del progenitor. Cuanto más se convierta el tummy time en un juego y en parte de la interacción natural, mejor lo aceptará el bebé.
Otra medida importante es alternar la posición de la cabeza durante la alimentación, el transporte en brazos y el sueño. Si el bebé prefiere girar la cabeza hacia un lado, se puede estimular el giro hacia el lado contrario colocando juguetes, fuentes de luz o al propio progenitor en el lado opuesto. Al transportar al bebé en brazos, conviene alternar los lados. Durante la alimentación con biberón, se pueden alternar los lados de forma similar a como se hace durante la lactancia materna.
En cuanto a los cojines especiales o los accesorios de posicionamiento, su uso debe consultarse con el médico. Ningún accesorio de tipo almohada debe utilizarse mientras el bebé duerme: el entorno de sueño seguro debe seguir siendo la prioridad. Sin embargo, existen almohadillas de forma especial para el bebé despierto que pueden ayudar a distribuir la presión.
La fisioterapia desempeña un papel fundamental, especialmente cuando la plagiocefalia está asociada a la tortícolis. Los músculos del cuello acortados o tensos pueden liberarse mediante ejercicios especiales que el fisioterapeuta enseñará a los padres para realizar en casa. Se trata de técnicas de estiramiento suaves, indoloras y muy eficaces cuando se practican con regularidad.
En casos de plagiocefalia moderada a grave, o cuando el tratamiento conservador no surte efecto, se recurre a la terapia con casco —el uso de un casco ortopédico especial— fabricado a medida para cada bebé. El casco funciona según el principio del crecimiento dirigido: en las zonas donde el cráneo está aplanado, proporciona espacio libre para el crecimiento, mientras que en las zonas donde el cráneo sobresale, limita suavemente la presión. El bebé suele llevar el casco veintitrés horas al día durante un período de tres a seis meses, preferiblemente entre el cuarto y el duodécimo mes de edad. Los resultados de la terapia con casco son muy buenos cuando se aplica en el momento adecuado, aunque el tratamiento es exigente en tiempo y en costes, y no siempre está cubierto por los seguros médicos.
Los padres a veces se preguntan si la plagiocefalia «desaparece por sí sola». En las formas leves, la forma de la cabeza puede mejorar significativamente con el crecimiento del bebé y el aumento de la actividad motora, especialmente una vez que el bebé empieza a sentarse, gatear y ponerse de pie por sí solo. Sin embargo, las formas más graves sin tratamiento pueden persistir hasta la edad adulta y provocar, entre otras cosas, asimetrías faciales, problemas con las gafas o los gorros, y en algunos casos también dificultades con la mordida o infecciones de oído.
La prevención del aplanamiento de la cabeza del bebé comienza, en realidad, antes de que se manifieste cualquier aplanamiento. El cambio consciente de posiciones desde los primeros días de vida es la inversión más sencilla y eficaz para el desarrollo saludable de la cabeza del bebé. Los padres que practican el tummy time con regularidad, alternan los lados durante la alimentación y el transporte, y se aseguran de que el bebé no pase demasiado tiempo en sillitas de coche, hamacas o tumbonas fuera del automóvil, reducen significativamente el riesgo de aplanamiento posicional.
Es interesante señalar que las sillitas de coche y los distintos tipos de hamacas son uno de los factores de riesgo menos comentados. Hoy en día, muchos padres dejan dormir a los bebés en la sillita de coche también fuera del automóvil, porque el bebé se queda dormido tranquilamente en ella. Sin embargo, la base rígida y curvada ejerce una presión constante sobre la parte posterior de la cabeza y, con un uso prolongado, puede contribuir al aplanamiento. La sillita de coche es un accesorio de seguridad para el automóvil: si el bebé se queda dormido en el coche, está bien. Pero no debería utilizarse como alternativa al sueño en la cuna.
Toda la historia de la plagiocefalia es, en cierto sentido, la historia de cómo el cuidado moderno del bebé trae consigo nuevos desafíos que las generaciones anteriores no conocían. Nuestras abuelas y bisabuelas no oían hablar mucho de la plagiocefalia, en parte porque no se hablaba tanto de ella, y en parte porque los bebés pasaban más tiempo en distintas posiciones y menos tiempo en sillitas y hamacas. Hoy tenemos, por un lado, condiciones de sueño mucho más seguras y, por otro, una nueva tarea: cuidar activamente el desarrollo de la forma de la cabeza del bebé. Y ese es, al fin y al cabo, un reto que cualquier padre puede superar si cuenta con la información y el apoyo adecuados.