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El deseo de cercanía, la intimidad, el apetito sexual

El deseo de cercanía, la intimidad, el apetito sexual: todo ello forma parte natural de la vida humana, aunque rara vez se habla de ello en las conversaciones cotidianas. Y sin embargo, precisamente la disminución de la libido se encuentra entre las dificultades más frecuentes que las personas tratan en consultas médicas, con psicólogos o en silencio consigo mismas. Si alguien se encuentra en una fase en la que simplemente "no tiene ganas", y esta fase se prolonga más de unas pocas semanas, tarde o temprano se preguntará: ¿qué está pasando realmente y por qué?

La respuesta rara vez es sencilla. La libido no es solo una cuestión del cuerpo ni solo una cuestión de la mente: es un frágil equilibrio de ambas. Y las hormonas desempeñan en este engranaje un papel mucho mayor del que la mayoría de las personas se imagina.


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Las hormonas como directores de la vida íntima

Imagine las hormonas como los directores de una orquesta. Cada una tiene su parte, su ritmo, y si una comienza a desafinar o enmudece por completo, toda la sinfonía se desmorona. Así es exactamente como funciona el sistema hormonal en relación con el deseo sexual.

La testosterona es el actor más conocido en este contexto, y no solo en los hombres. Sí, las mujeres también la tienen en el cuerpo, aunque en cantidades mucho menores, y aun así desempeña un papel clave en su apetito sexual. Las investigaciones muestran repetidamente que la disminución de la testosterona, ya sea natural, causada por la edad o provocada por otros factores, conduce a una reducción notable del interés por el sexo. En los hombres, este proceso se denomina andropausia; en las mujeres, se manifiesta con mayor frecuencia durante la perimenopausia y la menopausia.

El estrógeno es otra hormona clave, especialmente en las mujeres. Mantiene hidratadas las mucosas vaginales, influye en el estado de ánimo y en la sensación general de bienestar. Cuando su nivel disminuye, por ejemplo tras el parto, durante la lactancia o en la menopausia, las mujeres suelen experimentar no solo una reducción de la libido, sino también malestar físico durante las relaciones, lo que complica aún más la situación. La progesterona, por su parte, actúa de forma más calmante y en determinadas fases del ciclo menstrual puede suprimir el deseo de forma natural.

Un actor menos conocido, pero no menos importante, es la prolactina, hormona asociada a la lactancia pero también al estrés. Un nivel elevado de prolactina (hiperprolactinemia) puede prácticamente borrar la libido, y esto ocurre en ambos sexos. De manera similar actúa el cortisol, la hormona del estrés, que el organismo produce en grandes cantidades durante una carga prolongada. El estrés crónico es literalmente el enemigo de la intimidad, y esto de forma completamente fisiológica, no solo psicológica.

La tiroides suele pasarse por alto en el contexto de la libido, aunque su influencia es fundamental. Tanto el hipotiroidismo (función insuficiente) como el hipertiroidismo (función excesiva) pueden afectar significativamente al deseo sexual. La fatiga, el aumento de peso, los estados de ánimo depresivos: todos estos son síntomas acompañantes de los trastornos tiroideos que, de forma indirecta pero muy eficaz, sofocan la libido.

Cuándo son realmente las hormonas las responsables y cuándo buscamos en otro lugar

Es importante distinguir cuándo la disminución de la libido tiene un origen realmente hormonal y cuándo las causas son otras. El desequilibrio hormonal es solo una de las muchas posibilidades, y no siempre la más probable.

Tomemos un ejemplo de la vida real: una mujer de treinta y tres años, madre de dos hijos, que trabaja a tiempo completo, empieza a notar que el interés por el sexo ha desaparecido prácticamente por completo. Cansada, sobrecargada, sin un momento para sí misma. Su médico puede suponer a primera vista una causa hormonal, pero tras un examen exhaustivo resulta que los niveles hormonales están completamente dentro de la normalidad. La causa es el agotamiento crónico, la falta de sueño y el estrés emocional acumulado. Esta es una situación que viven miles de personas, y el tratamiento hormonal no les ayudaría en absoluto en este caso.

Por otro lado, un hombre de cuarenta años que se queja de fatiga, aumento de peso y pérdida total del interés por el sexo puede tener realmente un nivel clínicamente bajo de testosterona. Su estado no está "solo en la cabeza": tiene una base fisiológica y merece la atención médica adecuada.

¿Cómo saber entonces cuándo se trata de hormonas? La base es un análisis de sangre que revele los niveles de las hormonas clave. Un endocrinólogo o ginecólogo puede interpretar correctamente los resultados y proponer soluciones. Con la autoayuda y las conjeturas no se llega lejos, y los intentos de automedicación pueden más bien empeorar la situación.

Sin embargo, existen señales de advertencia que sugieren que la causa puede ser hormonal. Entre ellas se encuentran una disminución repentina e inexplicable de la libido sin un cambio vital aparente, fatiga que no remite ni después de dormir suficiente, cambios de humor sin motivo evidente, o síntomas físicos como sequedad de mucosas, aumento de peso o caída del cabello. Si estos síntomas aparecen juntos, la visita al médico es absolutamente necesaria.

Las causas psicológicas no deben subestimarse. La depresión, los trastornos de ansiedad, los conflictos relacionales no resueltos, el trauma o simplemente el aburrimiento en la relación, todo ello puede suprimir la libido con la misma eficacia que un desequilibrio hormonal. La Organización Mundial de la Salud en sus recomendaciones sobre salud sexual subraya que el bienestar sexual es una parte inseparable de la salud general y merece la misma atención que cualquier otro aspecto de la atención sanitaria.

Los medicamentos son otra categoría que suele pasarse por alto. Los antidepresivos del grupo ISRS son notoriamente conocidos por reducir la libido como efecto secundario. Lo mismo ocurre con los antihipertensivos, los antihistamínicos, los anticonceptivos hormonales o los medicamentos para la próstata. Si alguien comienza a tomar un nuevo medicamento y pronto nota una disminución del deseo sexual, es muy probable que ambas cosas estén directamente relacionadas. Sin embargo, definitivamente no conviene suspender los medicamentos sin consultar al médico, ya que eso podría acarrear problemas más graves que la disminución de la libido.

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Qué se puede hacer y cómo apoyar la salud hormonal natural

La buena noticia es que el equilibrio hormonal puede influirse en gran medida mediante el estilo de vida, y esto antes de recurrir a una intervención médica. No se trata de recetas milagrosas, sino de los pilares básicos de una vida saludable que tienen un efecto demostrable sobre el sistema hormonal.

El sueño ocupa el primer lugar. Durante el sueño profundo, el cuerpo produce testosterona y regula el cortisol. La privación crónica de sueño puede reducir el nivel de testosterona en decenas de porcentuales, algo que confirman también investigaciones publicadas en la revista especializada Journal of the American Medical Association. Dormir de siete a nueve horas de calidad no es un lujo, es una necesidad fisiológica.

El ejercicio y la actividad física tienen una influencia directa sobre las hormonas. El entrenamiento de fuerza aumenta el nivel de testosterona, el ejercicio aeróbico reduce el cortisol y mejora la sensibilidad a la insulina. No es necesario pasar horas en el gimnasio: una actividad regular de intensidad moderada tres o cuatro veces por semana es suficiente para mejorar el entorno hormonal del organismo.

La alimentación desempeña un papel que suele subestimarse. Las grasas saludables son absolutamente imprescindibles para la producción de hormonas, ya que el colesterol es el precursor de las hormonas sexuales. El aguacate, el aceite de oliva, los frutos secos, los pescados grasos: estos son los alimentos que favorecen la salud hormonal. Por el contrario, los alimentos procesados industrialmente, el exceso de azúcar y el alcohol alteran el equilibrio hormonal. El zinc, el magnesio y la vitamina D son micronutrientes cuya deficiencia se asocia directamente con niveles más bajos de testosterona.

La gestión del estrés no es solo una frase de moda. La meditación, los ejercicios de respiración, el tiempo en la naturaleza o simplemente los momentos regulares de tranquilidad tienen un efecto medible sobre el nivel de cortisol. Y como se mencionó, el cortisol es uno de los mayores enemigos de la libido. "El cuerpo no puede estar al mismo tiempo en modo supervivencia y en modo reproducción", afirma la endocrinóloga Sara Gottfried, autora del libro The Hormone Cure, y esta frase resume toda la esencia del problema.

Los adaptógenos vegetales como la ashwagandha, la maca o la rodiola están recibiendo cada vez más atención científica en los últimos años. Los estudios sugieren que la ashwagandha puede ayudar a reducir el cortisol y a favorecer el nivel de testosterona, mientras que la maca se ha asociado tradicionalmente con el apoyo a la libido. Se trata de suplementos dietéticos, no de medicamentos, pero como apoyo complementario pueden tener su lugar, especialmente en combinación con cambios generales en el estilo de vida.

Si el estilo de vida no es suficiente y los síntomas persisten, la medicina moderna ofrece diversas formas de terapia hormonal, desde la terapia hormonal sustitutiva (THS) en mujeres menopáusicas hasta la terapia con testosterona en hombres con déficit clínicamente demostrado. Estas terapias tienen sus riesgos y beneficios, y su prescripción siempre debe realizarse bajo la supervisión de un especialista. Desde luego no es una solución para todos, pero para quienes realmente sufren un desequilibrio hormonal, pueden aportar un alivio significativo y una mejora en la calidad de vida.

La libido es, en definitiva, una especie de barómetro de la salud general, física, psíquica y relacional. Cuando desaparece, el cuerpo o la mente envían una señal de que algo no está bien. Vale la pena tomar en serio esta señal, investigar su causa y abordarla con cuidado, apertura y sin vergüenza innecesaria. La salud hormonal forma parte del bienestar general y merece la misma atención que el cuidado del corazón, el intestino o la psique, y la buena noticia es que nunca es demasiado tarde para empezar.

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