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Cada mes, el cuerpo femenino experimenta una serie de cambios que forman parte del ciclo hormonal natural. La mayoría de las mujeres conoce bien la hinchazón, la sensibilidad en los senos o los cambios de humor antes de la menstruación: estos síntomas son parte del síndrome premenstrual, del que se habla con relativa apertura. Sin embargo, se habla menos de una sensación específica y a menudo inquietante: el dolor o la sensibilidad en la zona de las axilas, que aparece precisamente en el período previo a la menstruación. Se trata de un síntoma que experimenta un número sorprendentemente elevado de mujeres, y comprenderlo puede aportar no solo alivio, sino también información valiosa sobre la propia salud.

Las axilas y su entorno están anatómicamente conectados con la zona de los senos a través de los ganglios linfáticos y tejidos que son extraordinariamente sensibles a los cambios hormonales. No es casualidad, por tanto, que precisamente aquí puedan aparecer sensaciones desagradables en la fase premenstrual del ciclo: desde una leve sensibilidad al tacto hasta un dolor más intenso que se irradia hacia los costados del tórax o la parte superior del brazo.


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Por qué duelen las axilas: el trasfondo hormonal

La clave para comprender este fenómeno reside en las fluctuaciones hormonales que atraviesa el cuerpo femenino durante la fase lútea del ciclo, es decir, en el período de aproximadamente dos semanas antes de la menstruación. En este momento, los niveles de progesterona y estrógeno aumentan, y es precisamente el estrógeno el que tiene una influencia directa sobre la retención de líquidos en el cuerpo y la estimulación de la glándula mamaria. El tejido mamario reacciona a estas hormonas con mayor sensibilidad y una leve inflamación, que se extiende de forma natural a las zonas circundantes, incluidas las axilas.

En las axilas se encuentra un grupo de ganglios linfáticos que drenan la linfa de la zona de los senos. Si se produce retención de líquidos y una leve inflamación del tejido mamario, esta presión puede trasladarse precisamente a estos ganglios, lo que provoca la característica sensación de presión, tensión o dolor. Se trata, por tanto, de una consecuencia fisiológica directa de las fluctuaciones hormonales, y no de un síntoma aislado o misterioso.

Imaginemos, por ejemplo, a una mujer de treinta años que cada mes, aproximadamente cinco días antes de la menstruación, nota que le duele la zona de la axila izquierda al levantar el brazo o llevar un bolso al hombro. La primera vez, esta sensación la asustó tanto que visitó al médico. Tras el examen, resultó ser un síntoma completamente benigno del síndrome premenstrual relacionado con la sensibilidad de los ganglios linfáticos. Una vez que comprendió el carácter cíclico de esta sensación, pudo manejarla con mucha más tranquilidad.

Los cambios hormonales también afectan a la propia estructura del tejido mamario. El estrógeno estimula la proliferación de las células de la glándula mamaria, mientras que la progesterona provoca retención de líquidos en el tejido conjuntivo. El resultado es un agrandamiento y tensión transitoria de los senos, que las mujeres describen como sensación de pesadez o plenitud. Este cambio lógicamente afecta también a las zonas adyacentes: las axilas, los costados del tórax y, en ocasiones, la cara interna del brazo.

Según la información disponible en el portal Cleveland Clinic, el dolor cíclico en los senos y las zonas circundantes es uno de los síntomas ginecológicos más frecuentes y afecta hasta al 70% de las mujeres en edad reproductiva. Aunque para la mayoría es benigno, merece atención y una comprensión adecuada.

Cuándo el dolor de axila es parte natural del ciclo y cuándo estar alerta

Distinguir cuándo se trata de un síntoma premenstrual habitual y cuándo la mujer debería consultar a un médico es una pregunta clave. El dolor cíclico de axila tiene varias características que lo diferencian de los síntomas que requieren examen médico.

El dolor premenstrual típico de axila aparece regularmente en la misma fase del ciclo, generalmente una o dos semanas antes de la menstruación. Remite con la llegada de la menstruación o poco después de su inicio. Suele ser bilateral, aunque puede ser más pronunciado en un lado, y generalmente empeora al mover el brazo o al ejercer presión sobre la zona. No va acompañado de cambios visibles en la piel, bultos ni fiebre.

Por el contrario, existen síntomas que no deben ignorarse. Si el dolor es unilateral y persiste tras el fin de la menstruación, si se palpa un bulto duro o indoloro en la axila, si la piel de la zona cambia, o si el dolor va acompañado de fatiga general y pérdida de peso inexplicable, la visita al médico es imprescindible. Los ganglios linfáticos de la axila también pueden estar agrandados a causa de una infección, inflamación o, en casos más raros, una enfermedad oncológica, por lo que su seguimiento periódico forma parte de la atención preventiva femenina.

La Organización Mundial de la Salud y los principales centros oncológicos recomiendan a las mujeres la autoexploración periódica de los senos, que incluye también la zona de las axilas. Este sencillo hábito permite detectar posibles cambios a tiempo y distinguir los síntomas cíclicos de aquellos que requieren atención especializada. Instrucciones detalladas sobre la autoexploración ofrece, por ejemplo, la Česká onkologická společnost.

Como dijo en una ocasión la destacada ginecóloga estadounidense y autora de libros sobre salud femenina Christiane Northrup: «El cuerpo femenino es sabio: escúchalo, pero aprende a distinguir entre su ritmo natural y las verdaderas señales de alarma.» Estas palabras capturan con gran precisión la esencia del enfoque ante los síntomas premenstruales.

Además de las causas hormonales, otros factores pueden contribuir al dolor de axila antes de la menstruación. Un sujetador inadecuado que, en el período premenstrual, cuando los senos están más grandes y sensibles, no se ajusta correctamente en talla ni forma, puede causar presión precisamente en la zona de las axilas. Del mismo modo, puede influir la actividad física intensa, que provoca sobrecarga de los músculos del tórax y el hombro, o el uso de antitranspirantes con sales de aluminio, que en personas sensibles pueden irritar los ganglios linfáticos.

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Cómo aliviar el dolor de forma natural

Si el dolor de axila antes de la menstruación forma parte del ciclo regular y el médico ha descartado otras causas, existen varios enfoques para aliviar los síntomas molestos. Muchas mujeres aprecian la combinación de cambios sencillos en el estilo de vida con remedios naturales de apoyo.

La alimentación desempeña un papel sorprendentemente importante. La ingesta de sal debería reducirse en el período premenstrual, ya que el sodio contribuye a la retención de líquidos en el cuerpo, lo que agrava la tensión del tejido mamario y sus alrededores. Lo mismo ocurre con la cafeína, que en mujeres sensibles puede intensificar el dolor de senos y axilas. Por el contrario, los alimentos ricos en magnesio, como los frutos secos, las semillas o las verduras de hoja verde, pueden ayudar a aliviar los síntomas premenstruales en general. Las investigaciones sugieren que la suplementación de magnesio en la fase lútea del ciclo reduce la intensidad de las molestias premenstruales, incluida la retención de líquidos y la sensibilidad de los tejidos.

La actividad física, aunque pueda parecer paradójico, es uno de los métodos eficaces para aliviar el dolor premenstrual. El ejercicio regular favorece la circulación linfática, que ayuda a drenar el exceso de líquidos de los tejidos. Son especialmente recomendables los paseos, el yoga o la natación, es decir, actividades de baja intensidad que no sobrecargan el cuerpo pero estimulan la circulación linfática.

Los tratamientos con calor, como una compresa tibia aplicada en la zona de las axilas y el tórax, pueden proporcionar un alivio rápido del dolor. El calor relaja la tensión del tejido muscular y favorece la irrigación sanguínea de la zona. Algunos especialistas también recomiendan el masaje con movimientos circulares suaves desde la axila hacia el centro del tórax, que contribuye al drenaje linfático.

En cuanto a la ropa, cabe mencionar que en el período premenstrual es conveniente optar por un sujetador sin aros o uno deportivo, que distribuya la presión de forma uniforme y no sobrecargue la zona de las axilas. Muchas mujeres que padecen dolor cíclico de axila describen un alivio notable con solo cambiar a un modelo de sujetador menos ajustado.

Para quienes buscan apoyo en forma de suplementos naturales, el aceite de onagra (aceite de Oenothera biennis) ha demostrado ser útil, ya que contiene ácido gamma-linolénico. Según los estudios disponibles, este ácido graso puede aliviar el dolor cíclico de senos. También se investigan los efectos de la vitamina E o del vitex (Vitex agnus-castus), utilizado tradicionalmente para regular el equilibrio hormonal en las mujeres. No obstante, antes de comenzar cualquier suplementación, siempre es recomendable consultar con un médico o farmacéutico.

El cuidado del bienestar psicológico es también de enorme importancia. El estrés influye en el equilibrio hormonal y puede intensificar los síntomas premenstruales. Técnicas como la meditación, los ejercicios de respiración o simples rituales de relajación, como un baño nocturno con sal de Epsom, pueden tener un efecto sorprendentemente positivo sobre los síntomas premenstruales. La sal de Epsom, es decir, el sulfato de magnesio, favorece la absorción de magnesio a través de la piel y al mismo tiempo contribuye a la relajación general del organismo.

Llevar un diario menstrual o utilizar una aplicación de seguimiento del ciclo es otro paso práctico que ayuda a las mujeres a comprender mejor su propio cuerpo. Si una mujer registra exactamente cuándo aparece el dolor de axila, qué intensidad tiene y cuánto dura, puede distinguir mucho más fácilmente un síntoma cíclico de una posible anomalía. Estos datos también son muy valiosos en la visita al ginecólogo, quien así obtiene información concreta en lugar de una descripción general de las molestias.

El dolor de axila antes de la menstruación es, por tanto, un síntoma que merece atención, pero no preocupaciones innecesarias. Es parte del complejo baile hormonal que atraviesa el cuerpo femenino cada mes y, para la mayoría de las mujeres, representa una incomodidad transitoria y manejable. Con un poco de comprensión del propio ciclo, algunos cambios sencillos en el estilo de vida y la conciencia de qué síntomas requieren una visita médica, es posible convivir con este visitante mensual con mucha mayor tranquilidad.

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