# Vaginální porod po císaři a co je dobré zvážit předem
Imaginemos a una mujer que durante su primer parto terminó en el quirófano. La cesárea fue necesaria, todo salió bien y ella sostiene en brazos a un bebé sano. Dos años después, está embarazada de nuevo y se enfrenta a una pregunta que la ocupa más que cualquier otra cosa: ¿Vuelvo a dar a luz por cesárea o intento un parto natural? Esta situación no es en absoluto excepcional, y la decisión que tiene ante ella se encuentra entre las más importantes que puede tomar una futura mamá.
El parto vaginal tras una cesárea anterior, denominado en terminología especializada con las siglas VBAC (del inglés vaginal birth after cesarean), es un tema que resuena cada vez con más fuerza en la obstetricia. Mientras que hace algunas décadas regía la norma de «una vez cesárea, siempre cesárea», la medicina moderna ha revisado considerablemente este punto de vista. Hoy en día, el VBAC es en muchos casos no solo posible, sino también recomendado bajo las condiciones adecuadas. Sin embargo, se trata de una decisión que requiere sopesar cuidadosamente toda una serie de factores: médicos, psicológicos y prácticos.
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¿Por qué plantearse un parto natural después de una cesárea?
La respuesta a esta pregunta no es sencilla, porque las motivaciones de cada mujer son diferentes. Algunas anhelan la experiencia natural del parto que no pudieron tener con su primer hijo. Otras quieren evitar una recuperación más larga tras la operación, que complica el cuidado del recién nacido y de los hermanos mayores. Otras están guiadas por los conocimientos científicos sobre las ventajas del parto vaginal para la salud del bebé: el paso por el canal del parto influye favorablemente en el microbioma del recién nacido y en su sistema inmunitario, como demuestran, por ejemplo, estudios publicados en la revista Nature Medicine.
La cesárea repetida conlleva sus propios riesgos, que aumentan con cada intervención. Entre ellos se encuentran las adherencias en la cavidad abdominal, complicaciones con la placenta como la placenta previa o la placenta accreta, una hospitalización más prolongada y una recuperación más difícil. Para las mujeres que planean tener una familia numerosa, la cuestión del VBAC es especialmente relevante, ya que cada cesárea adicional complica la situación para futuros embarazos.
Por otro lado, no se puede ignorar que el VBAC no está exento de riesgos. El más grave es la rotura uterina, es decir, la ruptura de la cicatriz de la cesárea anterior. Se trata de una complicación poco frecuente pero potencialmente mortal, que requiere una intervención quirúrgica inmediata. Según datos del Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG), ocurre en aproximadamente el 0,5 al 0,9% de los intentos de VBAC, es decir, en aproximadamente una de cada doscientas mujeres. Este dato es importante conocerlo, pero debe interpretarse en el contexto del cuadro de salud general de cada mujer.
¿A quién puede convenirle el VBAC y a quién no?
Toda mujer que esté considerando el VBAC debería someterse a una consulta detallada con su ginecólogo u obstetra. Existen situaciones en las que el VBAC es una opción adecuada y situaciones en las que, por el contrario, está contraindicado. Entre los factores que los médicos evalúan se encuentran el tipo de cicatriz de la cesárea anterior, el motivo por el que se realizó en su momento, el estado de salud general de la madre, la evolución del embarazo actual y el lugar y el apoyo con que la mujer planea dar a luz.
Las condiciones más favorables para el VBAC las tiene una mujer con una cicatriz transversal en el segmento uterino inferior: este tipo de incisión está asociado con el menor riesgo de rotura. En cambio, una cicatriz vertical o en forma de T aumenta considerablemente el riesgo, y el VBAC generalmente no se recomienda en ese caso. Igualmente importante es si la cesárea anterior fue programada o urgente: si se realizó por un motivo que no se repetirá en el siguiente embarazo (por ejemplo, una posición incorrecta del bebé), las perspectivas de un VBAC exitoso son más favorables que si la cesárea se indicó por falta de progresión del parto.
La edad de la madre, su peso, estatura y forma de la pelvis, el tamaño del bebé, el intervalo entre partos: todo ello desempeña un papel. Los especialistas recomiendan que entre la última cesárea y el siguiente parto transcurran al menos 18 meses, idealmente dos años, para que la cicatriz tenga suficiente tiempo para sanar. Las mujeres con más de dos cesáreas anteriores se consideran candidatas menos adecuadas para el VBAC, aunque también en estos casos existen excepciones.
Un papel fundamental lo desempeña también si el hospital donde la mujer planea dar a luz está equipado para manejar posibles complicaciones. El VBAC debe realizarse exclusivamente en un centro donde haya disponibilidad de guardia quirúrgica permanente, es decir, la capacidad de realizar una cesárea de urgencia en 30 minutos. Esta condición excluye automáticamente la posibilidad de un parto domiciliario planificado o un parto en centros de maternidad sin infraestructura quirúrgica.
Como ejemplo práctico, podemos imaginar a una mujer de treinta años que dio a luz por cesárea hace dos años porque el bebé estaba en presentación de nalgas. Ahora espera su segundo hijo, que está en posición cefálica, la cicatriz ha cicatrizado bien, el intervalo entre partos es suficiente y el hospital donde planea dar a luz tiene guardia quirúrgica permanente. En tal caso, la probabilidad de un VBAC exitoso es bastante alta: los estudios especializados hablan de una tasa de éxito de entre el 60 y el 80 por ciento en mujeres correctamente seleccionadas.
El aspecto psicológico y emocional de la decisión
Los criterios médicos son importantes, pero no son los únicos. La decisión sobre la forma de dar a luz tiene una profunda dimensión psicológica que a veces se pasa por alto en los debates especializados. Las mujeres que vivieron el parto anterior como traumático, ya sea por una cesárea de urgencia en el último momento o por la sensación de pérdida de control, pueden tener razones muy poderosas para querer que esta vez sea diferente. Y, por el contrario, las mujeres que quedaron satisfechas con la cesárea y se sintieron seguras pueden tener un miedo natural a adentrarse en lo desconocido.
Como dijo la partera y autora de numerosos libros sobre el parto natural Ina May Gaskin: «El cuerpo de la mujer no es una máquina defectuosa y el parto natural no es una actividad peligrosa.» Estas palabras no son una invitación a arriesgar la salud, sino un recordatorio de que la confianza en los procesos naturales tiene su lugar, y de que el miedo en sí mismo puede ser un obstáculo.
La preparación psicológica para el VBAC incluye no solo informarse sobre los riesgos y las ventajas, sino también procesar la experiencia del parto anterior. A muchas mujeres les ayuda hablar con un psicólogo especializado en atención perinatal o participar en grupos para mujeres que han tenido una cesárea. El apoyo de la pareja, la familia y la matrona es inestimable: las investigaciones confirman repetidamente que el apoyo continuo durante el parto aumenta la probabilidad de un parto vaginal exitoso y reduce la necesidad de intervenciones médicas.
También es importante establecer expectativas realistas. El VBAC no garantiza un parto «perfecto»: puede ser doloroso, complicado y puede terminar finalmente en una nueva cesárea. Las mujeres que están preparadas para esta posibilidad y no la perciben como un fracaso personal afrontan todo el proceso mejor que aquellas para quienes una cesárea de urgencia supondría una decepción traumática.

Qué preparar concretamente
La preparación para el VBAC debería comenzar idealmente antes de la concepción, o al menos en el primer trimestre. La elección del hospital y del equipo obstétrico con experiencia en VBAC y favorable a él es fundamental. No todos los centros apoyan activamente el VBAC: algunos lo permiten formalmente, pero en la práctica presionan a las mujeres hacia una nueva cesárea. Por ello, conviene averiguar de antemano las estadísticas del hospital, su enfoque hacia el VBAC y cómo abordan este tema los médicos y matronas concretos.
Durante el embarazo, es recomendable:
- Consultar regularmente la evolución del embarazo con el médico y hablar abiertamente sobre los deseos y las preocupaciones
- Conocer el tipo y el estado de la cicatriz, idealmente a partir de la documentación médica del parto anterior
- Realizar un curso preparto centrado en el parto natural y las técnicas de manejo del dolor
- Informarse sobre las posibilidades de alivio del dolor: la anestesia epidural es segura durante el VBAC y su uso no aumenta en absoluto el riesgo de rotura
- Elaborar un plan de parto que sea realista y contemple diferentes escenarios
El propio transcurso del parto en el VBAC requiere una monitorización cuidadosa. El bebé y la cicatriz se controlan continuamente mediante cardiotocografía para poder detectar a tiempo cualquier señal de alarma. La mujer debe saber qué síntomas pueden indicar complicaciones, como un dolor repentino e intenso en la zona de la cicatriz, un cambio en el carácter de las contracciones o un empeoramiento del estado del bebé en el monitor.
Todo este proceso es exigente, pero para muchas mujeres profundamente significativo. El parto vaginal tras una cesárea no es solo una elección médica, sino también un acto de autoconfianza y decisión informada que puede transformar no solo el propio parto, sino también la manera en que la mujer se percibe a sí misma como madre. Sea cual sea la decisión final, ya sea el VBAC o una nueva cesárea planificada, lo más importante es que se tome de manera consciente, con suficiente información y en un entorno donde la mujer se sienta segura y respetada. Porque cada parto es único, y cada mujer merece que su voz sea escuchada en esta decisión.