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Traer una nueva vida al mundo es una de las experiencias más poderosas que una mujer puede vivir. Y sin embargo, o quizás precisamente por eso, en muchas mujeres embarazadas aparece en algún momento del embarazo el miedo al parto. No es una debilidad, no es una reacción exagerada. Es una parte natural del camino que merece atención, comprensión y el cuidado adecuado.

Según las estimaciones, aproximadamente entre el 10 y el 15 por ciento de las mujeres embarazadas sufren un miedo significativo al parto, mientras que una proporción considerablemente mayor de la población experimenta formas más leves de ansiedad. Se trata, por tanto, de un tema que afecta a un enorme número de familias y, sin embargo, aún se habla de él demasiado poco. El miedo suele minimizarse con frases como "todas lo superan" o "las mujeres siempre han dado a luz", lo que empeora aún más la situación. La verdad es que el miedo al parto tiene causas reales, consecuencias reales y, lo que es una buena noticia, también soluciones reales.


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Qué significa realmente el miedo al parto y de dónde viene

Técnicamente, el miedo significativo al parto se denomina tocofobia, y distinguimos entre la forma primaria, que afecta a mujeres sin experiencia previa de parto, y la forma secundaria, que surge como respuesta a un parto anterior traumático. Ambas variantes son legítimas y ambas merecen el mismo nivel de empatía y ayuda profesional.

Sin embargo, el miedo al parto no siempre tiene la forma de una fobia clínica. Con mucha más frecuencia se trata de un conjunto de diversos temores que se van acumulando uno sobre otro. La mujer teme el dolor, lo cual es completamente comprensible, porque el parto duele de verdad. Teme perder el control sobre su propio cuerpo, teme lo que le ocurrirá al bebé, teme el entorno hospitalario, a personas desconocidas, a procedimientos sobre los que no tiene suficiente información. A veces tiene miedo simplemente porque no sabe qué le espera.

También juegan un papel importante las historias que las mujeres escuchan de su entorno. La suegra, las amigas, las vecinas: todas tienen su historia del paritorio, y no siempre es positiva. Las redes sociales no facilitan las cosas en absoluto: entre grabaciones dramáticas de partos y anécdotas sobre cosas que "casi salieron mal", resulta muy difícil encontrar una perspectiva tranquila y equilibrada. La saturación de información negativa es una de las causas más frecuentes del aumento de la ansiedad durante el embarazo.

No se pueden ignorar tampoco los factores psicológicos. Las mujeres que tienen en general un nivel más alto de ansiedad, tendencia al perfeccionismo o experiencias traumáticas en el pasado son más propensas a desarrollar el miedo al parto con mayor intensidad. También influye la calidad de la relación con la pareja, el nivel de apoyo social o la satisfacción general con el embarazo.

Imaginemos una situación concreta: Jana es una mujer de treinta y cuatro años que espera su primer hijo. El embarazo transcurrió sin complicaciones, el bebé está sano, todo parece ir bien. Y sin embargo, Jana en el sexto mes deja de dormir. Por las noches la asaltan pensamientos sobre el parto: ¿y si no puede con el dolor, y si los médicos no escuchan sus deseos, y si algo sale mal? Durante el día evita las conversaciones sobre el parto, ha dejado de seguir los foros de embarazo, pero los pensamientos no dejan de llegar. Jana no está viviendo nada excepcional: está viviendo lo que miles de mujeres antes que ella y lo que miles de mujeres vivirán después. Pero eso no significa que deba soportarlo en silencio.

Por qué es importante no suprimir el miedo

Una de las reacciones más habituales ante el miedo al parto es suprimirlo. La mujer se dice a sí misma que no debe tener miedo, que tiene que poder con ello, que las demás también pudieron. Pero el miedo suprimido no desaparece, sino que crece. Y lo que es más grave, puede tener un impacto directo en el transcurso del parto en sí.

Las investigaciones muestran que un alto nivel de ansiedad antes del parto está asociado con una mayor duración del parto, un mayor consumo de analgésicos y una mayor probabilidad de que la mujer solicite una cesárea. El cuerpo reacciona al miedo liberando hormonas del estrés que pueden ralentizar las contracciones uterinas y dificultar el transcurso natural del parto. En otras palabras, el miedo al parto no es solo un problema psicológico: tiene consecuencias fisiológicas.

El Instituto Nacional de Salud y Atención del Reino Unido (NICE) indica expresamente en sus recomendaciones que el bienestar psicológico de la mujer embarazada es igual de importante que su salud física, y recomienda que los profesionales sanitarios evalúen activamente el nivel de ansiedad de sus pacientes. Este es un enfoque que merecería una aplicación más amplia también en el contexto checo.

Como dice la partera y autora de libros sobre el parto consciente Ina May Gaskin: "El cuerpo no es una máquina. No está separado de la mente y el espíritu." Esta frase quizás suene a cliché, pero detrás de ella hay una profunda comprensión de cuán interconectadas están nuestras emociones y nuestra experiencia física. El miedo literalmente cambia la química del cuerpo, y por eso merece la misma atención que cualquier síntoma físico.

El miedo ignorado, además, puede convertirse en un trauma posparto o contribuir al desarrollo de una depresión posparto. Las mujeres que viven el parto como una experiencia traumática, independientemente de si el parto fue "sin problemas" desde el punto de vista médico, pueden tener dificultades a largo plazo para establecer el vínculo con el bebé, en la vida de pareja y en su propia salud mental. Y es precisamente por eso por lo que trabajar el miedo antes del parto es tan fundamental.

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Caminos que realmente ayudan

La buena noticia es que existe toda una serie de enfoques que demuestran ayudar a reducir o superar completamente el miedo al parto. La clave está en encontrar el adecuado para cada mujer concreta, porque cada una es diferente y cada miedo tiene raíces distintas.

Uno de los caminos más eficaces es la educación y la información. El miedo a lo desconocido es muy poderoso, y si la mujer sabe qué le espera, cuáles son las fases del parto, cuáles son las opciones para aliviar el dolor, cómo es el ingreso en el hospital de maternidad, qué ocurre inmediatamente después del parto, muchas fuentes de ansiedad se debilitan de forma natural. Los cursos preparto dirigidos por parteras experimentadas son invaluables en este sentido. No se trata solo de la información en sí, sino también del espacio donde la mujer puede preguntar, compartir sus preocupaciones y conocer a otras mujeres en una situación similar.

También es muy eficaz el trabajo con el cuerpo. Técnicas como el yoga para embarazadas, los ejercicios de respiración, el hipnoparto o el método Lamaze ayudan a las mujeres a conectar con su propio cuerpo, aprender a trabajar con la respiración en momentos de tensión y desarrollar confianza en las capacidades naturales del organismo. El hipnoparto, aunque el nombre pueda sonar exótico, es en esencia una técnica de relajación profunda y visualización positiva que tiene muy buenos resultados en el extranjero y que también en la República Checa encuentra cada vez más seguidoras.

Si el miedo es intenso, prolongado o afecta significativamente a la vida cotidiana, es conveniente buscar ayuda psicológica profesional. La terapia cognitivo-conductual (TCC) resulta especialmente eficaz en el trabajo con la tocofobia: ayuda a identificar los patrones de pensamiento negativos, cuestionarlos y reemplazarlos por perspectivas más realistas. En la República Checa existen psicólogos especializados en atención perinatal, es decir, en apoyo psicológico durante el embarazo y después del parto.

También es sumamente importante la elección del hospital de maternidad y del equipo de parto. Una mujer que confía en las personas que la acompañarán durante el parto vive la experiencia de manera diferente a una mujer que se siente como una paciente anónima en el sistema. Visitar el hospital antes de la fecha prevista, hablar con la partera, la posibilidad de elaborar un plan de parto: todo esto contribuye a la sensación de control y seguridad. El plan de parto no consiste en que la mujer quiera imponer a toda costa su idea, sino en que comunica sus necesidades y deseos, reduciendo así el nivel de incertidumbre.

También juega un papel importante la presencia de una persona cercana durante el parto. Ya sea la pareja, una amiga o un acompañamiento profesional en forma de doula, la presencia de alguien en quien la mujer confía y que la conoce tiene un efecto positivo demostrable en el transcurso del parto y en cómo se vive subjetivamente. Las investigaciones recopiladas por la organización Cochrane muestran que el apoyo continuo durante el parto reduce la probabilidad de cesárea, acorta la duración del parto y aumenta la satisfacción de las mujeres con la experiencia del parto.

También tienen su parte de responsabilidad las parejas. El hombre o la pareja que comparte activamente la preparación para el parto, asiste a los cursos preparto y habla abiertamente sobre los miedos, no solo los de ella, sino también los propios, crea un entorno en el que el miedo se puede nombrar y procesar con más facilidad. El embarazo y el parto no son asunto de una sola persona, y cuanto más compartida sea la preparación, mejor.

También es importante recordar que cuidar el bienestar psicológico durante el embarazo no es un lujo. Es parte de un estilo de vida saludable, igual que la alimentación adecuada, el ejercicio o el descanso suficiente. Así como una mujer se permite suplementos alimenticios de calidad o ropa cómoda de materiales naturales, su mente merece el mismo cuidado. La inversión en el bienestar mental antes del parto se devuelve, en forma de un embarazo más tranquilo, un parto más llevadero y un comienzo más feliz de la maternidad.

Por tanto, cuando en una mujer embarazada aparece el miedo al parto, no es una señal para entrar en pánico ni para guardar silencio. Es una señal para actuar: para buscar información, para hablar con un profesional, para conectar con el propio cuerpo y para construir una red de apoyo a su alrededor. Cada mujer merece vivir el parto como una experiencia de la que sale más fuerte, y el camino hacia eso pasa a través del miedo, no a su alrededor.

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