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Las uñas son una de esas cosas a las que prestamos atención principalmente cuando nos las pintamos o cortamos. Sin embargo, en ellas puede reflejarse mucho más que si olvidamos reservar cita para la manicura. La forma, el color, la superficie y la estructura de las uñas son una ventana al mundo interior del organismo, y los médicos lo saben bien. Lamentablemente, el resto de nosotros solemos ignorar estas señales del cuerpo hasta que el problema se vuelve tan evidente que ya no puede pasarse por alto.
No se trata de ningún misticismo ni medicina alternativa. Los cambios en las uñas forman parte de los indicadores diagnósticos estándar que observan tanto los médicos de cabecera como los especialistas. Dermatólogos, internistas y cardiólogos examinan las uñas como uno de los primeros indicadores de lo que ocurre dentro del cuerpo. Y precisamente por eso vale la pena saber qué buscar en las propias uñas.
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La forma de las uñas como espejo de la salud interior
Uno de los fenómenos más conocidos y al mismo tiempo más frecuentemente ignorados es el llamado acropaquia o «dedos en palillo de tambor» (en inglés, «clubbing»). Se trata de un estado en el que las uñas se curvan hacia abajo y las yemas de los dedos se ensanchan adoptando una forma de maza. Esta forma de las uñas suele asociarse con enfermedades pulmonares crónicas, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o el cáncer de pulmón, pero también con algunas cardiopatías o enfermedades hepáticas. Si nota que sus uñas van cambiando gradualmente de forma de esta manera, definitivamente no es algo que deba descartarse con un «será cosa de la edad».
En el extremo opuesto del espectro se encuentran las uñas en cuchara, denominadas técnicamente coiloniquia. En lugar de la ligera curvatura natural, estas uñas están cóncavas hacia dentro, como una pequeña cuchara. La causa más frecuente suele ser la deficiencia de hierro y la anemia asociada a ella. Según información de Mayo Clinic, las uñas en cuchara figuran entre las manifestaciones típicas de la anemia ferropénica avanzada, siendo este estado uno de los déficits nutricionales más extendidos a nivel mundial. Por eso no es nada excepcional que las personas lo arrastren durante años sin conocer la causa.
Otra forma que merece atención son las uñas onduladas o con hoyuelos. Las pequeñas depresiones o concavidades en la superficie de la uña pueden ser uno de los primeros síntomas visibles de la psoriasis, incluso antes de que aparezca cualquier manifestación cutánea. Se estima que hasta el 50% de las personas con psoriasis presentan precisamente estos cambios en las uñas. Sin embargo, cambios similares también pueden aparecer con el eccema o con la alopecia areata, una enfermedad autoinmune que provoca la caída del cabello.
El color que dice algo
La forma de las uñas es solo una parte de la historia. Igual de importante es su color, tanto de la propia placa ungueal como del tejido que hay debajo. Una uña sana debería ser translúcida con un tono rosado gracias al tejido vascularizado que hay bajo ella. En cuanto el color cambia, el cuerpo envía señales que ignoramos con demasiada frecuencia.
Las uñas blancas, especialmente cuando la zona blanca es pronunciada y deja solo una estrecha franja rosada en la punta, pueden ser síntoma de enfermedades hepáticas como la cirrosis o la hepatitis. Este fenómeno recibe el nombre de uñas de Terry y fue descrito en los años cincuenta del siglo pasado por el médico británico Richard Terry. Un patrón similar puede aparecer también en la insuficiencia cardíaca o la diabetes.
Por su parte, las uñas amarillas suelen asociarse más frecuentemente con una infección fúngica, que es de hecho uno de los problemas ungueales más comunes. Sin embargo, si las uñas amarillas son gruesas, de crecimiento lento y se separan del lecho ungueal, podría tratarse del llamado síndrome de las uñas amarillas, una afección poco frecuente relacionada con enfermedades del sistema linfático o de los pulmones. La tonalidad amarillenta de las uñas también puede aparecer a veces como efecto secundario del uso prolongado de esmaltes oscuros sin base protectora, lo cual es un caso menos grave, aunque igualmente molesto.
Merece especial atención la coloración azulada o violácea de las uñas, que puede indicar una oxigenación insuficiente de la sangre. Los médicos denominan a este fenómeno cianosis, y puede ser síntoma de problemas cardíacos o pulmonares. Si dicha coloración aparece de forma repentina, se trata de una situación que requiere atención médica inmediata.
Menos dramáticas, pero igualmente informativas, son las manchas o rayas blancas en las uñas. En la tradición popular suelen asociarse con la deficiencia de calcio, pero la realidad es algo distinta: la mayoría de las veces se trata de pequeñas lesiones en la matriz ungueal que se manifiestan precisamente de esta manera. Sin embargo, si las rayas blancas son horizontales y se extienden a lo largo de todo el ancho de la uña (denominadas líneas de Mees), puede tratarse de un síntoma de intoxicación por metales pesados, como el arsénico, o de una reacción a la quimioterapia.
Señales del cuerpo que ignoramos en el ajetreo cotidiano
Vale la pena recordar un ejemplo concreto de la práctica clínica: una mujer de mediana edad se quejaba desde hacía años de cansancio y caída del cabello. Tenía las uñas quebradizas y ligeramente cóncavas. El médico de cabecera al que acudió por otro motivo se fijó casualmente en la forma de sus uñas y le recomendó análisis de sangre. Los resultados mostraron una marcada deficiencia de hierro y vitamina B12. Tras comenzar la suplementación y ajustar su dieta, su estado mejoró notablemente, y ella misma reconoció que de otro modo nunca habría pensado en sus uñas.
Historias como esta hay miles. El cuerpo habla, solo hay que aprender su lenguaje. Como dice la dermatóloga estadounidense Dra. Shari Lipner de Weill Cornell Medicine: «Las uñas son como un mensaje de tu cuerpo; solo hay que saber leerlo.»
Además de la forma y el color, también revelan información sobre la salud los cambios en el grosor y la estructura de las uñas. Las uñas extremadamente finas y quebradizas pueden ser síntoma de hipotiroidismo, es decir, una función insuficiente de la glándula tiroides, pero también de deficiencia de biotina, zinc o proteínas en la dieta. Por el contrario, las uñas demasiado gruesas y duras pueden indicar psoriasis o una infección fúngica crónica.
Un capítulo aparte son las uñas que se separan del lecho ungueal, un estado denominado onicolisis. Puede deberse a una lesión mecánica, al contacto con productos químicos agresivos (por ejemplo, al limpiar sin guantes), pero también a enfermedades de la tiroides o psoriasis. Precisamente por eso es importante prestar atención incluso a los cambios aparentemente banales: lo que parece un problema estético puede ser en realidad una señal de desequilibrio interno.
También son interesantes las estrías verticales que se extienden desde la base de la uña hasta su punta. Estas son en gran medida una manifestación normal del envejecimiento y no es necesario prestarles demasiada atención. En cambio, las estrías horizontales, denominadas líneas de Beau, son otro asunto. Estas depresiones transversales se forman cuando el crecimiento de la uña ha sido interrumpido temporalmente, generalmente a causa de una enfermedad grave, fiebre alta, intervención quirúrgica o estrés extremo. Dado que la uña crece aproximadamente tres milímetros al mes, la posición de la línea de Beau permite incluso estimar aproximadamente cuándo ocurrió el episodio traumático.
No deja de ser curioso que también la velocidad de crecimiento de las uñas puede revelar mucho. Las uñas crecen más rápido en verano, en la mano dominante y en personas más jóvenes. Sin embargo, si se observa una ralentización significativa del crecimiento sin causa aparente, puede ser otro indicio de que algo en el organismo no funciona como debería, ya sea un desequilibrio hormonal, desnutrición o una enfermedad crónica.
Cómo cuidar correctamente las uñas y cuándo acudir al médico
El cuidado de las uñas no es solo una cuestión estética. Las uñas sanas son el resultado de un estilo de vida saludable: una ingesta suficiente de nutrientes, hidratación, ejercicio y sueño. Una dieta rica en biotina, zinc, hierro, vitamina C y proteínas influye directamente en la calidad de la placa ungueal. Alimentos como los huevos, los frutos secos, las verduras de hoja, las legumbres o el pescado son la base sobre la que se sustentan las uñas sanas.
Igual de importante es proteger las uñas de los productos químicos agresivos. Al limpiar, fregar los platos o trabajar en el jardín, conviene usar guantes protectores, no solo por las propias uñas, sino también por la piel de las manos. Los productos de limpieza ecológicos a base de ingredientes naturales son una opción más suave que reduce la carga para todo el organismo.
En cuanto a cuándo visitar al médico: siempre que observe un cambio repentino o gradual en el color, la forma, el grosor o la textura de una uña que no tenga una explicación mecánica evidente, es razonable mencionárselo al médico de cabecera. Esto es especialmente válido cuando el cambio va acompañado de otros síntomas como fatiga, dolor, hinchazón o dificultad para respirar. Un dermatólogo o internista puede combinar esta información para obtener un cuadro que conduzca a un diagnóstico precoz.
Las uñas no son una simple minucia en la punta de los dedos. Forman parte de un sistema complejo que se comunica constantemente e intenta llamar la atención sobre lo que necesita cuidado. Aprender a leer estas señales no es solo una curiosidad: puede ser una de las formas más sencillas de cuidar la propia salud antes de que sea demasiado tarde.