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# Víte proč zíváme a co to o nás prozradí ## ¿Sabe por qué bostezamos y qué revela eso sobre nosotr

El bostezo es uno de esos fenómenos corporales cotidianos sobre los que casi nadie se detiene a reflexionar. Simplemente ocurre: en medio de una aburrida reunión, leyendo un libro antes de dormir o a primera hora de la mañana, cuando uno se estira bajo las mantas. Y sin embargo, el bostezo es uno de los reflejos más misteriosos y menos comprendidos del cuerpo humano. Los científicos llevan décadas estudiándolo y todavía no tienen una respuesta completa a una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué bostezamos?

La creencia popular más extendida dice que bostezamos porque nos falta oxígeno. Sin embargo, esta teoría fue refutada científicamente hace ya varias décadas. Las investigaciones demostraron que ni un nivel elevado de dióxido de carbono en la sangre ni un nivel reducido de oxígeno provocan el bostezo de manera fiable. Si se tratara simplemente de ventilar los pulmones, bastaría con respirar más profundo, y sin embargo el cuerpo recurre a este complejo reflejo corporal que involucra simultáneamente la mandíbula, el cuello, el pecho y las extremidades.


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Qué ocurre realmente en el cuerpo al bostezar

La neurociencia moderna ha aportado una explicación mucho más interesante. Según la teoría actualmente más aceptada, el bostezo sirve principalmente para la termorregulación del cerebro. El profesor Andrew Gallup, del SUNY Polytechnic Institute, quien lleva años dedicado al estudio del bostezo, publicó investigaciones que sugieren que bostezar ayuda a enfriar el cerebro en los momentos en que su temperatura sube, por ejemplo durante la transición entre el sueño y la vigilia o en situaciones de fatiga mental. La inhalación profunda que acompaña al bostezo introduce aire más frío por la nariz y la boca, que a su vez enfría los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro. Es, en esencia, un sistema de refrigeración natural.

Esto también explicaría por qué las personas bostezan con mayor frecuencia por la mañana al despertar y por la noche antes de dormirse. Son precisamente los momentos en que el cerebro cambia su modo de funcionamiento y su temperatura fluctúa. Es interesante que se haya observado un patrón similar en otros animales: bostezar los peces, los reptiles, las aves y los mamíferos. El bostezo no es, por tanto, un privilegio de las personas cansadas en las oficinas, sino un mecanismo evolutivamente muy antiguo que ha sobrevivido millones de años.

Además de la termorregulación, existen otras hipótesis. Algunos científicos consideran que el bostezo contribuye a la activación del cerebro y al aumento del estado de alerta, estimulando el sistema nervioso. Otros señalan que el bostezo libera la tensión en los músculos de la mandíbula y el cuello, funcionando así como una especie de «reinicio» físico. Probablemente no haya una única razón: el bostezo es un reflejo complejo que cumple varias funciones a la vez dependiendo del contexto.

También resulta fascinante la conexión del bostezo con los oídos. Muchas personas han notado que al bostezar se produce un característico «chasquido» o una mejora temporal de la audición. Esto se debe a la apertura de la trompa de Eustaquio, que equilibra la presión entre el oído medio y el entorno. Por eso los médicos recomiendan bostezar o tragar saliva durante el despegue y el aterrizaje de un avión: es una forma natural de equilibrar la presión en los oídos.

El bostezo es también un fenómeno profundamente social, y es aquí donde las cosas se vuelven verdaderamente interesantes. Prácticamente todo el mundo ha vivido la situación en que alguien en una habitación bosteza y al poco tiempo todos los demás también lo hacen. Basta incluso con leer sobre el bostezo para sentir el impulso de bostezar uno mismo. (¿Cómo está el lector en este momento?) Este contagio del bostezo no es una coincidencia ni una falta de voluntad, sino un sofisticado mecanismo neurológico y social.

El bostezo contagioso y lo que revela sobre la empatía

Las investigaciones muestran que el bostezo contagioso está estrechamente relacionado con la empatía y los vínculos sociales. Estudios publicados en la revista científica PLOS ONE demostraron que las personas que puntúan más alto en los tests de empatía también son más susceptibles al bostezo contagioso. Los niños menores de cuatro años, las personas con autismo o las personas con daño en la corteza prefrontal, región del cerebro asociada con la percepción social, tienden a resistir el bostezo contagioso más que el resto.

El mecanismo que subyace a este fenómeno se denomina ecopraxia: la tendencia inconsciente a imitar los movimientos y gestos de otras personas. Es el mismo principio que lleva a las personas a sincronizar inconscientemente su expresión facial con la de su interlocutor o a adoptar su postura. El bostezo es, en este sentido, una forma de comunicación no verbal que refuerza la cohesión social del grupo. Como dice el antropólogo evolutivo estadounidense Robin Dunbar: «Los vínculos sociales son tan importantes para la supervivencia humana como la comida y el refugio.» El bostezo contagioso puede ser una de las herramientas con las que el cerebro los construye y mantiene.

Es interesante que el bostezo contagioso también se haya observado en chimpancés, perros y loros, es decir, en animales con capacidad de aprendizaje social y cierto grado de empatía. Los perros, por ejemplo, bostezan de forma contagiosa con mayor frecuencia en respuesta al bostezo de su dueño que al de un extraño, lo que sugiere que este efecto está realmente vinculado a la cercanía social y a la confianza.

Un perro bosteza junto a su dueña en un banco del parque, bostezo contagioso

Pongamos un ejemplo concreto de la vida cotidiana: Jana trabaja en una oficina de espacio abierto y después de comer intenta concentrarse en un informe. El compañero que tiene enfrente bosteza, y Jana, sin darse cuenta, bosteza también a continuación. Luego bosteza otra compañera. En cinco minutos, cuatro personas han bostezado seguidas. Jana se siente culpable, como si estuviera dando a entender que el trabajo le aburre. En realidad, su cerebro simplemente estaba respondiendo a una señal social e intentando mantener una temperatura y un nivel de alerta óptimos. Nada más.

El bostezo también tiene su relación con el estrés y la ansiedad. El bostezo crónico o excesivo, es decir, el que se repite incluso sin fatiga o aburrimiento aparentes, puede ser síntoma de una activación elevada del sistema nervioso. Algunos deportistas bostezan antes de una actuación importante, los actores antes de salir al escenario, los estudiantes antes de un examen. Las investigaciones sugieren que en estas situaciones el cerebro utiliza el bostezo como forma de regular la excitación y preparar al cuerpo para el rendimiento. Es paradójico: el bostezo, que asociamos con el aburrimiento y la pereza, puede ser en realidad una manifestación de una intensa preparación psíquica.

Por otro lado, existen situaciones en las que el bostezo excesivo señala un problema de salud. Si una persona bosteza con una frecuencia inusual a pesar de dormir suficiente y sin causa aparente, puede ser síntoma de diversas afecciones: desde la apnea del sueño hasta la migraña, pasando por enfermedades neurológicas o efectos secundarios de ciertos medicamentos, especialmente antidepresivos del grupo ISRS. Según la Mayo Clinic, el bostezo excesivo que se prolonga durante un tiempo debería consultarse con un médico, especialmente si va acompañado de otros síntomas como dolor de cabeza, mareos o fatiga intensa.

El bostezo también refleja indirectamente la calidad del sueño y el estilo de vida en general. Las personas que duermen poco o de forma irregular, que sufren fatiga crónica, bostezan significativamente más. Lo mismo ocurre con las personas que llevan una vida sedentaria, que pasan la mayor parte del día frente a una pantalla sin moverse ni tomar aire fresco. En ese caso, el cerebro recurre repetidamente al reflejo del bostezo como recurso de emergencia para mantener el estado de alerta, pero no es más que un parche, no una solución. El ejercicio regular, el sueño suficiente y el tiempo al aire libre son formas mucho más eficaces de proporcionar al cuerpo y al cerebro lo que realmente necesitan.

La investigación moderna sobre el bostezo se adentra también en el campo de la ciencia del deporte y la psicología cognitiva. Estudios que han seguido a atletas profesionales descubrieron que bostezar conscientemente antes de una actuación puede mejorar la concentración y reducir los nervios, por lo que algunos entrenadores lo recomiendan como parte de la rutina previa al inicio. Del mismo modo, en prácticas meditativas y de respiración como el yoga o el pranayama, el bostezo se considera una señal natural de relajación del sistema nervioso: si alguien bosteza durante la meditación, suele ser bien recibido como prueba de que el cuerpo realmente está comenzando a soltar la tensión.

También resulta interesante observar las diferencias culturales en la forma de concebir el bostezo. En muchas culturas, incluida la checa, bostezar en público se considera de mala educación, y las personas instintivamente se tapan la boca. Esta costumbre tiene raíces históricas: en algunas tradiciones se creía que por la boca abierta podía entrar un espíritu maligno o escapar el alma. Hoy lo sabemos mejor, pero el reflejo social de taparse la boca persiste. Sin embargo, desde un punto de vista puramente biológico, el bostezo es una manifestación tan natural como respirar o parpadear: el cuerpo hace exactamente lo que debe hacer.

Toda la historia del bostezo es en realidad una metáfora de lo poco que comprendemos las cosas que damos por sentadas. Cada día bostezamos una media de cinco a diez veces sin detenernos a pensarlo. Y sin embargo, en ese breve instante en que la mandíbula se abre, los ojos se cierran y todo el cuerpo se estira por un momento, tiene lugar una compleja coreografía privada del cerebro, el sistema nervioso y la evolución. El bostezo no es debilidad ni mala educación: es una prueba silenciosa de que el cuerpo trabaja sin cesar, se regula a sí mismo y busca el equilibrio. Y a veces, de paso, nos está diciendo que ya es hora de descansar un poco, apagar la pantalla y disfrutar de un sueño tranquilo y reparador.

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