# Proč se tvoří tmavé kruhy pod očima a co za tím stojí Tmavé kruhy pod očima jsou jedním z nejčast
Las ojeras pertenecen a esos problemas cosméticos que afectan a personas de todos los grupos de edad, géneros y estilos de vida. A veces aparecen tras una sola noche de insomnio, otras veces persisten a pesar de dormir lo suficiente y ninguna cantidad de corrector parece ser suficiente. ¿Por qué se forman realmente las ojeras y por qué en algunas personas son tan persistentes? La respuesta no es tan sencilla como podría parecer.
La zona bajo los ojos tiene la piel más fina de todo el cuerpo: su grosor es aproximadamente diez veces menor que el de la piel en otras partes del rostro. Esta particularidad anatómica significa que cualquier cosa que ocurra bajo la superficie —ya sean vasos sanguíneos dilatados, líquido acumulado o pérdida de tejido adiposo— se manifiesta inmediatamente en el exterior. Por eso el contorno de ojos es tan sensible a los cambios en el organismo y a las influencias externas.
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Las causas más frecuentes de las ojeras
Una de las causas más extendidas es la falta de sueño, pero sería un error considerarla la única causa. La privación del sueño hace que la piel palidezca y pierda tensión, lo que hace que los vasos sanguíneos subcutáneos sean notablemente más visibles. Al mismo tiempo, se produce una acumulación de líquido bajo los ojos, lo que crea sombras y profundiza ópticamente la coloración oscura. La Organización Mundial de la Salud lleva tiempo advirtiendo de que la falta crónica de sueño tiene graves consecuencias para la salud general del organismo, y el contorno de ojos es solo una de las muchas señales de alerta que envía el cuerpo.
Pero el sueño es solo una pieza del rompecabezas. Una causa muy frecuente, aunque a menudo pasada por alto, son las predisposiciones genéticas. Si las ojeras afectaron a los padres o abuelos, es muy probable que este rasgo se manifieste también en la siguiente generación. En algunos grupos étnicos —especialmente en personas con piel más oscura de origen mediterráneo, asiático o africano— se produce una mayor concentración de melanina en la zona bajo los ojos, lo que causa una pigmentación naturalmente más oscura. Este tipo de ojeras es el más difícil de tratar con productos cosméticos, ya que tiene una base puramente biológica.
Otro culpable que se olvida al buscar las causas de las ojeras son las alergias. La reacción alérgica desencadena la liberación de histamina, que provoca la dilatación de los vasos sanguíneos y picor. Muchas personas, en respuesta a las molestias, se frotan o rascan el contorno de ojos, irritando la delicada piel y empeorando la visibilidad de los vasos subcutáneos. Las alergias estacionales, la sensibilidad al polvo o al pelo de animales domésticos pueden reflejarse directamente en el aspecto de la piel.
Un papel igualmente importante lo desempeña la deshidratación. Cuando el cuerpo no recibe suficientes líquidos, la piel bajo los ojos comienza a parecer apagada, hundida y grisácea. Los vasos sanguíneos se vuelven más prominentes y la expresión general del rostro parece cansada. Y en este caso la solución es sorprendentemente sencilla: aumentar la ingesta de agua y reducir las bebidas que favorecen la deshidratación, como el alcohol o el exceso de café.
El envejecimiento es otro factor que no se puede ignorar. Con el paso de los años, la piel pierde colágeno y elastina, se vuelve más fina y transparente. El tejido adiposo que en la juventud proporcionaba plenitud y firmeza a la zona ocular se reduce o desplaza gradualmente. El resultado son ojeras más marcadas y surcos lagrimales que se profundizan, lo que agrava visualmente el problema. Por eso las ojeras pueden parecer más pronunciadas en personas mayores, aunque su estilo de vida permanezca sin cambios.
La exposición excesiva a la radiación solar también juega su papel. La radiación UV estimula la producción de melanina en la piel y, como la zona bajo los ojos es especialmente sensible, puede producirse una pigmentación irregular. El uso regular de protección SPF en el contorno de ojos —algo que muchas personas descuidan— es por tanto un paso preventivo importante.
Qué hay detrás de las ojeras que no desaparecen fácilmente
Imaginemos una situación completamente habitual: una mujer de treinta años duerme ocho horas al día, bebe suficiente agua, no sufre estrés y, aun así, se despierta cada mañana con ojeras marcadas. Visita a un dermatólogo, quien descubre que la causa es una combinación de pigmentación genética y dermatitis atópica leve, es decir, una inflamación crónica de la piel que provoca su engrosamiento y oscurecimiento en la zona ocular. Esta situación es mucho más frecuente de lo que la mayoría de las personas cree, y muestra lo complejo que puede ser el diagnóstico de un problema cosmético aparentemente sencillo.
El cansancio crónico y el estrés prolongado son otros factores que contribuyen a la aparición de ojeras. El cortisol, la hormona del estrés que se libera en mayor cantidad bajo presión psicológica prolongada, afecta negativamente a la calidad del sueño, favorece la inflamación en el organismo y empeora el estado de la piel. Como señaló acertadamente el escritor e investigador del sueño Matthew Walker: «El sueño es lo más eficaz que podemos hacer para restablecer la salud del cerebro y del cuerpo.» Estas palabras son válidas también para la salud de la piel, y las ojeras son una de las primeras pruebas visibles de que el cuerpo no está en equilibrio.
El hierro también desempeña su papel en esta historia. La anemia por deficiencia de hierro es una de las causas médicamente confirmadas de las ojeras. Cuando los glóbulos rojos no transportan suficiente oxígeno a los tejidos, la piel palidece y los vasos sanguíneos subcutáneos se vuelven más visibles. Si las ojeras persisten a pesar de dormir lo suficiente y mantenerse hidratado, puede ser conveniente hacerse un análisis de sangre con el médico de cabecera.
De manera similar, la causa puede ser la deficiencia de vitamina K, que desempeña un papel clave en el proceso de coagulación sanguínea y en la salud de los vasos. Algunos estudios sugieren que la aplicación tópica de productos con vitamina K puede ayudar a reducir la visibilidad de los vasos subcutáneos en el contorno de ojos. El portal científico Healthline ofrece un resumen de las distintas causas y posibilidades de tratamiento de las ojeras, desde métodos caseros hasta procedimientos dermatológicos.
El estilo de vida tiene una influencia directa en la intensidad de las ojeras. Fumar daña el colágeno y empeora la circulación sanguínea en la piel, contribuyendo a su envejecimiento prematuro y a unas ojeras más marcadas. El consumo excesivo de alcohol actúa de manera similar, provocando deshidratación y dilatación de los vasos sanguíneos. Una dieta pobre en antioxidantes, vitaminas C y E o ácidos grasos omega-3 debilita las defensas naturales de la piel y reduce su capacidad de regeneración.
Un factor interesante, aunque menos debatido, es la postura al dormir. Dormir boca abajo o de lado puede contribuir a la acumulación de líquido bajo los ojos, ya que la gravedad favorece su retención en la zona ocular. Dormir boca arriba con la cabeza ligeramente elevada puede reducir este efecto: se trata de un truco sencillo que además no cuesta nada.
Cómo abordar el tratamiento de las ojeras
Dado que las ojeras tienen distintas causas, no existe una solución universal. La clave está en comprender primero qué es lo que las provoca específicamente. Si son consecuencia de la falta de sueño, mejorar el descanso ayudará. Si se trata de una alergia, centrarse en su tratamiento dará resultados más rápidamente que cualquier crema para ojos. Si la causa radica en la genética o el envejecimiento, las expectativas sobre el cuidado en casa son necesariamente más modestas y los procedimientos dermatológicos pueden ser una solución más eficaz a largo plazo.
En cuanto al cuidado cotidiano, existen varios enfoques con respaldo científico. Las compresas frías o cucharas enfriadas aplicadas en el contorno de ojos ayudan a contraer los vasos dilatados y a reducir la hinchazón. La cafeína presente en muchas cremas para ojos actúa de manera similar: contrae los vasos y reduce temporalmente la visibilidad de las ojeras. El retinol, la vitamina C o el ácido hialurónico son ingredientes que, con un uso regular, pueden mejorar la estructura de la piel, estimular la producción de colágeno y aclarar la pigmentación.

Una parte importante del cuidado es también la protección solar. El uso diario de protector solar con SPF 30 o superior en el contorno de ojos es una de las formas más eficaces de prevenir el empeoramiento de la pigmentación causada por la radiación UV. Y resulta sorprendente lo pocas personas que incluyen esta zona al aplicar la protección.
Desde el punto de vista nutricional, merece la pena prestar atención a los alimentos ricos en vitamina C —cítricos, pimiento o brócoli— que favorecen la síntesis de colágeno. Los alimentos con alto contenido en antioxidantes, como los arándanos, el té verde o el chocolate negro, ayudan a proteger las células del estrés oxidativo. Los ácidos grasos omega-3 presentes en el pescado azul o las semillas de lino contribuyen a la hidratación y elasticidad de la piel desde dentro.
Para quienes el cuidado en casa no es suficiente, la dermatología ofrece una amplia gama de posibilidades. Los peelings químicos, la terapia láser o el ácido hialurónico aplicado en forma de rellenos pueden mejorar notablemente el aspecto del contorno de ojos. Estos procedimientos son, lógicamente, más costosos y siempre deben ser realizados por un profesional cualificado, pero para muchas personas representan una solución eficaz a largo plazo.
Las ojeras son, por tanto, mucho más que un simple problema estético: son una ventana al estado general del organismo. Advierten sobre el cansancio, el estrés, la hidratación insuficiente, las deficiencias nutricionales o las predisposiciones genéticas. En lugar de ser percibidas como un enemigo que hay que disimular a toda costa, pueden servir como una señal útil que invita a reflexionar sobre el enfoque general hacia la salud y el estilo de vida. Y ahí reside su verdadero valor: no como un defecto cosmético, sino como un mensaje del cuerpo que merece atención.