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Cada mujer lo conoce: unos días antes de la menstruación el estado de ánimo cambia, el vientre empieza a protestar y el cansancio parece no tener causa. La mayoría de nosotras lo etiquetamos como "es solo el SPM" y esperamos a que pase. Pero, ¿y si no es solo el SPM? ¿Y si detrás del malestar cotidiano hay algo más grave, algo que tiene nombre, diagnóstico y, sobre todo, tratamiento?

El síndrome premenstrual, abreviado SPM, es uno de los temas de salud femenina más extendidos. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, hasta el 75 % de las mujeres en edad reproductiva sufren síntomas premenstruales de diversa intensidad. Sin embargo, se habla sorprendentemente poco de la diferencia entre el SPM común y su forma más grave, el TDPM, es decir, el trastorno disfórico premenstrual. Y ahí reside el problema: muchas mujeres sufren durante años convencidas de que sus molestias son una parte normal de ser mujer, cuando en realidad necesitan ayuda especializada.


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Qué ocurre realmente en el cuerpo antes de la menstruación

Para poder distinguir entre el SPM y el TDPM, conviene entender primero qué sucede en el cuerpo femenino durante la fase premenstrual. Todo el ciclo está regulado por hormonas —principalmente el estrógeno y la progesterona— cuyos niveles cambian significativamente a lo largo del mes. En la segunda mitad del ciclo, la llamada fase lútea, el estrógeno desciende y la progesterona sube. Este movimiento hormonal también afecta los niveles de serotonina, el neurotransmisor asociado al estado de ánimo, el sueño y el bienestar general.

Precisamente este juego hormonal está detrás de los síntomas que las mujeres conocen bien: irritabilidad, fatiga, sensibilidad en los senos, hinchazón o antojo de dulces. En la mayoría de las mujeres, estos síntomas son leves y no interfieren de manera significativa en la vida cotidiana. Eso es el SPM clásico: incómodo, pero manejable. Sin embargo, la situación cambia radicalmente en las mujeres cuyo cerebro reacciona con mucha mayor sensibilidad a las fluctuaciones hormonales.

Precisamente esta hipersensibilidad a los cambios hormonales —y no unos niveles hormonales anormalmente elevados en sí mismos— es la clave para comprender el TDPM. Investigaciones publicadas en la revista especializada NEJM confirmaron que las mujeres con TDPM no tienen necesariamente niveles hormonales diferentes a los de otras mujeres, pero su cerebro reacciona a ellos de forma distinta. Es como tener una alarma más sensible: un pequeño estímulo desencadena una gran reacción.

Cuándo el SPM deja de ser "solo SPM"

Aquí surge la pregunta clave que muchas mujeres se plantean, aunque demasiado fácilmente la dejan de lado. ¿Cómo saber si lo que experimentan supera los límites del síndrome premenstrual común?

El SPM clásico incluye síntomas físicos y psíquicos, pero estos suelen ser leves y remiten con la llegada de la menstruación. La mujer puede estar más irritable, más cansada o menos concentrada, pero es capaz de ir al trabajo, cuidar de su familia y mantener sus contactos sociales básicos. Los síntomas son molestos, pero no bloquean el funcionamiento normal.

El TDPM es una categoría diferente. Se trata de un trastorno psiquiátrico clínicamente reconocido, incluido desde 2013 en el manual diagnóstico DSM-5 entre los trastornos depresivos. Los síntomas del TDPM suelen aparecer entre 1 y 2 semanas antes de la menstruación y pueden ser tan intensos que la mujer es incapaz de trabajar, mantener relaciones o cuidarse a sí misma. La irritabilidad se convierte en estallidos de ira, la tristeza se transforma en una profunda desesperanza y la ansiedad alcanza una intensidad tal que recuerda a un ataque de pánico.

Pensemos, por ejemplo, en una maestra de treinta años que cada mes, aproximadamente diez días antes de la menstruación, se convierte en "otra persona", como ella misma dice. No va al trabajo porque no es capaz de gestionar la clase. Discute con su pareja por nimiedades y luego llora durante horas sin causa aparente. Sus pensamientos se vuelven oscuros, la sensación de desesperanza parece absoluta. Y entonces llega la menstruación, y ella vuelve a ser "ella misma". Este patrón recurrente, vinculado a una fase concreta del ciclo, es exactamente lo que diferencia el TDPM de otros trastornos psíquicos.

La Asociación Americana de Psiquiatría señala que el TDPM afecta aproximadamente al 3-8 % de las mujeres en edad reproductiva, es decir, millones de mujeres en todo el mundo que quizás ni siquiera saben que su sufrimiento tiene nombre y solución. Como escribió acertadamente la periodista y autora de libros sobre salud femenina Lara Briden: "Los síntomas premenstruales son como el testigo luminoso del salpicadero. Te dicen que algo necesita atención."

La diferencia entre el SPM y el TDPM no reside solo en la intensidad de los síntomas, sino sobre todo en su impacto en la vida cotidiana. La condición diagnóstica clave del TDPM es precisamente que los síntomas interfieren significativamente en el funcionamiento laboral, social o personal de la mujer. Si una mujer se dice cada mes que "de alguna manera va a sobrevivir a esto", pero descuida el trabajo, evita a las personas o tiene pensamientos de autolesión, es una señal clara de que la situación supera lo que debería afrontar sola.

Existen también síntomas que nunca deberían considerarse "parte normal del SPM", entre ellos, especialmente, los pensamientos suicidas o de autolesión, que en el TDPM pueden aparecer lamentablemente. Si una mujer experimenta estos pensamientos, aunque sea de forma transitoria y ligada a una fase concreta del ciclo, la ayuda especializada inmediata es una necesidad, no una opción.

Cómo distinguir los síntomas y qué hacer a continuación

Una de las herramientas más prácticas que médicos y psicólogos recomiendan es registrar el ciclo y los síntomas durante al menos dos meses. No basta con la sensación general de que "antes de la menstruación todo es peor". Es importante anotar síntomas concretos cada día —estado de ánimo, energía, sueño, molestias físicas— y observar si el patrón que se repite está vinculado a la fase lútea del ciclo. Si los síntomas aparecen regularmente en la segunda mitad del ciclo y desaparecen poco después del inicio de la menstruación, es un fuerte indicador de que el problema tiene una base hormonal.

Para mayor claridad, los síntomas típicos que pueden indicar TDPM y que van más allá del SPM común incluyen:

  • cambios de humor marcados, llanto o sentimientos de desesperanza
  • irritabilidad intensa o estallidos de ira que dañan las relaciones
  • ansiedad o tensión marcadas, sensación de estar "al límite"
  • pérdida de interés en las actividades habituales y aislamiento social
  • dificultades de concentración que afectan al trabajo o los estudios
  • fatiga intensa o insomnio
  • síntomas físicos como dolores de cabeza, calambres musculares o hinchazón combinados con los anteriores

Por supuesto, la presencia de varios de estos síntomas no implica automáticamente un diagnóstico de TDPM. Por ello, el paso fundamental es visitar a un médico, idealmente un ginecólogo o un psiquiatra con experiencia en esta área. El diagnóstico de TDPM se establece a partir de una entrevista clínica, la exclusión de otras causas (como depresión, trastorno de ansiedad o enfermedad tiroidea) y el mencionado seguimiento de los síntomas a lo largo del ciclo.

En cuanto al tratamiento, las opciones son hoy mucho más amplias de lo que la mayoría de las mujeres imagina. Los anticonceptivos hormonales —concretamente las píldoras con drospirenona y etinilestradiol— están aprobados en numerosos países específicamente para el tratamiento del TDPM y en muchas mujeres reducen significativamente los síntomas. Otra opción son los antidepresivos del grupo ISRS, que pueden tomarse de forma continua o solo durante la fase lútea del ciclo, y esta estrategia también ha demostrado muy buenos resultados en estudios clínicos. Junto al tratamiento farmacológico, la terapia cognitivo-conductual desempeña un papel importante, ya que ayuda a gestionar las reacciones emocionales y a modificar los patrones de pensamiento asociados a los síntomas.

El estilo de vida también juega su papel, y aquí llegamos a un terreno donde cada mujer puede empezar a actuar por su cuenta antes incluso de acudir al médico. Las investigaciones confirman repetidamente que el ejercicio regular, el sueño suficiente y la reducción del consumo de cafeína, alcohol y azúcar durante la fase premenstrual pueden aliviar significativamente tanto los síntomas físicos como los psíquicos. De manera similar actúan los suplementos nutricionales: el magnesio, la vitamina B6 y los ácidos grasos omega-3 cuentan con respaldo científico para aliviar las molestias premenstruales, tal como señala, por ejemplo, un análisis publicado en el Journal of Women's Health. Los preparados herbales como el vitex (sauzgatillo) son populares en el ámbito del cuidado natural de la salud femenina y algunos estudios apuntan a su efecto positivo sobre el equilibrio hormonal, aunque la evidencia científica es aún menos concluyente que la de los enfoques farmacológicos.

Cuidar el bienestar psíquico a lo largo de todo el mes —y no solo durante los días críticos— también es fundamental. Las técnicas de manejo del estrés, como el mindfulness o el yoga, pueden reducir la reactividad general del sistema nervioso y, con ello, la intensidad de los síntomas premenstruales. Y, por último, contar con personas cercanas que comprendan y tomen en serio el problema es enormemente importante para las mujeres con SPM y TDPM.

Lamentablemente, persiste aún la tendencia —no solo en el público general, sino también en parte de la comunidad especializada— a minimizar las molestias premenstruales como "cosas de mujeres" o "sensibilidad exagerada". Esta estigmatización hace que las mujeres duden en buscar ayuda y prefieran sufrir en silencio. Sin embargo, el TDPM es un trastorno real, con base biológica, que cuenta con criterios diagnósticos claros y un tratamiento eficaz. Años de sufrimiento innecesario no son inevitables.

Si una mujer —o sus allegados— observa un patrón recurrente en el que cada mes, en el mismo momento, aparece un cambio marcado en el estado de ánimo, las capacidades o el comportamiento, merece la pena tomar esa señal en serio. Registrar el ciclo, anotar los síntomas y hablar con un médico. No porque sea "débil" o "excesivamente sensible", sino porque merece saber qué ocurre en su cuerpo y tener acceso a la ayuda que existe.

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