# Por qué la neutralidad corporal funciona mejor que la positividad corporal
El movimiento body positivity fue presentado durante años como la respuesta a los estándares tóxicos de belleza, como el remedio para la baja autoestima y como el camino hacia la autoaceptación. Las redes sociales se llenaron de fotografías en las que las personas mostraban con orgullo sus cuerpos independientemente de su forma o tamaño, y hashtags como #bodypositivity acumularon miles de millones de visualizaciones. Sin embargo, en los últimos años se escucha cada vez más una pregunta: ¿no es suficiente? O incluso: ¿no es demasiado?
Precisamente en este espacio nació un concepto que muchos psicólogos, nutricionistas y expertos en salud mental describen como un cambio fundamental en la forma en que las personas perciben sus propios cuerpos. La neutralidad corporal —o body neutrality— no exige que ames tu cuerpo. Basta con que dejes de odiarlo.
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Qué prometía el body positivity y dónde encontró sus límites
Para comprender por qué la neutralidad corporal está ganando protagonismo, resulta útil observar primero qué representaba originalmente el body positivity. El movimiento surgió en comunidades de mujeres gordas y mujeres de color en las décadas de 1960 y 1970 como una protesta política contra la discriminación. Era un acto radical de resistencia contra un sistema que determinaba qué cuerpos tenían valor y cuáles no. Solo en la última década este movimiento se convirtió en un asunto mainstream que penetró en las campañas publicitarias de corporaciones multinacionales y en las portadas de las revistas de moda.
Y precisamente ahí comenzó el problema. Cuando las grandes marcas empezaron a vender la «autoaceptación» como un producto, la dimensión política original del movimiento desapareció. Además, resultó que la consigna «ama tu cuerpo» es psicológicamente inalcanzable para muchas personas. Imaginemos a alguien que se recupera de un dolor crónico tras un accidente grave, o a alguien que lucha contra un trastorno de la conducta alimentaria. Decirle a esa persona que ame su cuerpo puede sonar no solo vacío, sino en el peor de los casos como una razón más para sentirse un fracaso. Si no logro sentir amor por mi propio cuerpo, ¿significa eso que también he fallado en la autoaceptación?
La psicóloga y experta en trastornos de la conducta alimentaria Anne Poirier, autora del libro The Body Joyful, lo expresó con precisión: «La neutralidad hacia el cuerpo es como un armisticio. No tienes que amar cada centímetro de tu cuerpo; basta con dejar de estar en guerra con él».
Neutralidad corporal: un enfoque que no promete amor, sino libertad
La neutralidad corporal como concepto articulado comenzó a tomar forma de manera más visible alrededor de 2015, cuando la coach de vida Anne Poirier empezó a popularizarla, y gradualmente fue adoptada por toda una serie de terapeutas y especialistas en nutrición. La idea central es sorprendentemente simple: tu cuerpo no es tu mayor logro ni tu mayor fracaso. Es una herramienta que te permite vivir.
En lugar de convencerse cada mañana frente al espejo de que uno es hermoso y de que ama sus muslos o su barriga, la neutralidad corporal propone un enfoque diferente. Desplaza la atención de cómo se ve el cuerpo hacia lo que es capaz de hacer. Puede caminar, respirar, abrazar a un ser querido, digerir los alimentos, sonreír. El cuerpo no es una decoración: es un organismo vivo con su propia lógica y sus propias necesidades.
Este enfoque se aproxima a lo que las investigaciones en psicología positiva describen como apreciación funcional del cuerpo. Se trata de la capacidad de percibir el cuerpo a través de sus funciones y capacidades, no a través de su apariencia. Los estudios muestran que las personas que adoptan esta perspectiva presentan menor grado de insatisfacción con su cuerpo, menos pensamientos ansiosos relacionados con la comida y el movimiento, y una calidad de vida generalmente más alta.
Tomemos un ejemplo concreto de la vida real. Jana es una profesora de treinta y cuatro años que pasó dos décadas siguiendo distintas dietas y atravesando diferentes fases de odio hacia su propio cuerpo. Cuando se encontró por primera vez con el concepto de body positivity, intentó seguir su lógica: cada mañana escribía afirmaciones sobre lo hermosa que era, seguía a influencers que se suponía debían inspirarla hacia la autoaceptación. ¿El resultado? Se sentía una impostora. «Me decía que era hermosa, pero no me lo creía en absoluto. Era como mentirme a mí misma», describió su experiencia. Solo cuando se topó con la neutralidad corporal algo cambió. Dejó de preguntarse si amaba su cuerpo y empezó a fijarse en lo que el cuerpo hacía por ella: que cada día la llevaba al trabajo, que le permitía jugar con los niños, que le posibilitaba cocinar la comida que le gustaba. Este pequeño cambio de perspectiva no transformó la relación de Jana con su cuerpo de la noche a la mañana, pero abrió puertas que antes estaban cerradas con llave.
Cómo se ve este enfoque en la vida cotidiana
La transición del body positivity a la neutralidad corporal no significa que la persona renuncie al autocuidado o que deje de preocuparse por su salud. Al contrario: muchos expertos señalan que el cuidado del cuerpo motivado por el respeto es más sostenible y saludable que el cuidado motivado por el deseo de alcanzar una determinada apariencia. Cuando una persona se mueve porque el movimiento le aporta alegría o energía, y no para «quemar» el almuerzo del domingo, tiene una relación completamente diferente con el ejercicio. Cuando come porque el cuerpo necesita nutrición, y no porque se lo «mereció» o «no se lo mereció», su relación con la comida también es diferente.
En la práctica esto puede manifestarse de distintas maneras. Algunas personas comienzan a observar conscientemente los pensamientos negativos sobre su cuerpo y, en lugar de reemplazarlos por pensamientos positivos (como enseña el body positivity), simplemente aprenden a dejarlos ir. «Mis muslos son demasiado gruesos»: ese pensamiento llega, pero no tiene por qué quedarse. No necesita ser reemplazado por el pensamiento «mis muslos son hermosos». Puede simplemente marcharse. Otras personas empiezan a acercarse a la alimentación y al movimiento con más curiosidad que con juicios: ¿qué me aporta esta comida? ¿Cómo me siento después de dar un paseo? ¿Qué actividades físicas me traen alegría?
Una parte importante de este enfoque es también la limitación consciente de las influencias que recuerdan constantemente cómo debería verse el cuerpo. Una investigación publicada en la revista Body Image muestra reiteradamente que la exposición a imágenes idealizadas de cuerpos —ya sea en publicidad, revistas de moda o redes sociales— está directamente relacionada con la insatisfacción con el propio cuerpo. La neutralidad corporal incluye, por tanto, de manera natural la alfabetización mediática y una mirada crítica hacia qué imágenes de cuerpos consumimos y por qué.
Es interesante que la neutralidad corporal resuene también con tradiciones filosóficas aparentemente alejadas de la industria del bienestar. La filosofía estoica, por ejemplo, enseña que es sabio concentrarse en lo que está bajo nuestro control y aceptar lo que no lo está. La forma de nuestro cuerpo, sus proporciones naturales o las predisposiciones genéticas están en gran medida fuera de nuestro control. Centrarse en ellas como medida del propio valor es, en palabras de los estoicos, malgastar energía en el lugar equivocado.
La neutralidad corporal también se corresponde bien con los principios de la alimentación intuitiva, un enfoque desarrollado en los años noventa por las nutricionistas Evelyn Tribole y Elyse Resch. La alimentación intuitiva rechaza las dietas y las reglas como herramientas de regulación del cuerpo y, en cambio, enseña a escuchar las señales naturales de hambre y saciedad. Al igual que la neutralidad corporal, no trabaja con la clasificación de comida «buena» y «mala», sino con la pregunta de cómo me siento después de comer y qué necesita realmente mi cuerpo. Más información sobre este enfoque puede encontrarse, por ejemplo, en el libro Intuitive Eating, que hoy se considera uno de los textos fundamentales en el ámbito de la relación saludable con la comida.
Vale la pena mencionar que la neutralidad corporal no es un asunto exclusivamente femenino. Aunque son las mujeres quienes históricamente han estado más expuestas a la presión de un determinado ideal corporal, los hombres enfrentan sus propias formas de esta presión, ya sea el ideal del cuerpo musculoso o el estigma asociado al sobrepeso. Según datos del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos, los hombres también sufren trastornos de la conducta alimentaria, aunque sus casos están significativamente infradiagnosticados, en parte porque el relato cultural sobre el ideal corporal fue presentado durante mucho tiempo como un problema exclusivamente femenino.
Precisamente porque la neutralidad corporal no se basa en el ideal del amor al cuerpo —que puede estar más o menos al alcance de distintas personas—, resulta más accesible para un espectro más amplio de personas. No requiere que la persona esté en un estado psicológico óptimo para poder adoptarla. Al contrario: puede ser el primer paso en un camino que todavía lleva hacia una mejor salud mental.
El mundo del estilo de vida saludable está cambiando. La sostenibilidad —ya sea en el contexto del medio ambiente o de la propia salud— se está convirtiendo en una palabra clave. Y así como las personas son cada vez más conscientes de que el cambio climático no requiere perfección, sino decisiones cotidianas conscientes, lo mismo se aplica a la relación con el propio cuerpo. No necesitas amarlo. Basta con dejar de luchar contra él y empezar a respetarlo como un compañero con quien compartes toda tu vida.