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Cómo deshacerse del estrés cuando el cuerpo no puede desconectarse y la mente está a toda marcha

El estrés se presenta como un compañero de cuarto invisible que se instala discretamente en los días comunes. Al principio, solo recuerda su presencia con un pulso acelerado antes de una reunión, un estómago revuelto o un sueño inquieto. Pero cuando se suma la presión prolongada en el trabajo, el cuidado de la familia, la incertidumbre financiera o las interminables noticias en la pantalla, el estrés empieza a estar por todas partes. Y luego surgen las preguntas que la gente se hace cada vez más: cómo deshacerse del estrés, cómo reducir el nivel de estrés, o incluso cómo deshacerse del estrés y la ansiedad, cuando ya no es solo un "mal día", sino un estado prolongado. La buena noticia es que el estrés no es un fracaso personal ni una prueba de debilidad. Es una reacción biológica que tenía sentido en tiempos donde se trataba de sobrevivir. La mala noticia es que los estresores actuales a menudo no desaparecen por sí solos, y por eso vale la pena aprender a manejarlos de manera inteligente, humana y sostenible a largo plazo.

El estrés en sí mismo no es pura maldad. A corto plazo, puede proporcionar energía, atención y rendimiento. El problema surge cuando el cuerpo y la mente actúan como si la amenaza fuera constante. El estrés prolongado puede manifestarse con irritabilidad, fatiga, cambios de humor, dolores de cabeza, mala digestión, antojos de dulces, e incluso con la pérdida de alegría en cosas que antes funcionaban. A veces se suma la ansiedad: una tensión vaga, preocupaciones, escenarios negativos. En tales momentos, no se trata solo de cómo deshacerse del estrés, sino también de cómo lidiar con el miedo y la ansiedad, que a menudo se "adhieren" al estrés y lo refuerzan.

Por qué el estrés aumenta y por qué no basta con "desconectar"

La vida moderna está llena de microdesencadenantes: notificaciones, presión por el rendimiento, comparaciones en redes sociales, multitarea, ruido, falta de espacios verdes, rutina irregular. Sin embargo, el cuerpo no distingue si la amenaza es un tigre dientes de sable o un correo electrónico con el asunto "URGENTE". Reacciona de manera similar: se activa el eje del estrés, se liberan hormonas del estrés, se acelera la respiración y el pulso. Cuando esto ocurre día tras día, al sistema nervioso le cuesta volver a un estado de calma. Y es entonces cuando las personas sienten que "ya no saben cómo relajarse".

Es importante entender que la gestión del estrés no se trata de un método milagroso. Es más bien un conjunto de pequeños hábitos que gradualmente reducen la carga y aumentan la resiliencia. Algunos comienzan con el sueño, otros con el ejercicio, y otros necesitan establecer límites en el trabajo. A menudo, ayuda una combinación, porque el estrés es como el agua: encuentra su camino donde hay una mayor fisura.

Existe también una razón muy práctica por la que "desconectar" no se puede hacer a voluntad: cuando el sistema nervioso está en alerta, el cerebro se enfoca en los riesgos. La atención se estrecha, aumenta la tensión interna y la persona tiende a reaccionar de forma impulsiva. No es pereza ni falta de voluntad. Es biología. Y por eso tienen sentido las técnicas para reducir el estrés que trabajan directamente con el cuerpo, ya que el cuerpo a menudo calma la mente antes de que la mente pueda hacerlo por sí misma.

Técnicas para reducir el estrés que se pueden usar de inmediato

A veces, el estrés se dispara en medio del día: antes de una presentación, en un embotellamiento, durante una llamada telefónica incómoda. En esos momentos, es útil tener a mano procedimientos breves que reduzcan la tensión en pocos minutos. No requieren herramientas especiales ni un "esfuerzo espiritual", solo un poco de atención.

Comencemos con lo más accesible: la respiración. Cuando una persona está estresada, a menudo respira de manera superficial y rápida, confirmando al cuerpo que hay "peligro". Por el contrario, una exhalación lenta es una señal de que la situación es manejable. Un método simple es la exhalación prolongada: inhalar por la nariz contando hasta cuatro y exhalar contando hasta seis u ocho. Algunos ciclos pueden reducir notablemente la tensión en el pecho y el abdomen. No es magia, es fisiología: una exhalación más larga activa el sistema nervioso parasimpático, relacionado con la calma y la regeneración.

Si a esto se añade un breve "reinicio" de la atención, el efecto a menudo se multiplica. Ayuda, por ejemplo, la técnica 5–4–3–2–1: encontrar cinco cosas que se pueden ver, cuatro que se pueden oír, tres que se pueden tocar, dos que se pueden oler y una que se puede saborear. Suena simple, pero en la práctica saca al cerebro del torbellino de pensamientos y lo devuelve al presente. Y el presente suele ser menos aterrador que los escenarios en la mente.

Igualmente eficaz es un breve relajamiento muscular. El estrés tiende a acumularse en las mandíbulas, los hombros y el cuello. Basta con elevar los hombros hacia las orejas, tensar, y luego soltarlos con la exhalación. A algunas personas les ayuda un suave estiramiento, a otras unos cuantos saltos o una caminata rápida por las escaleras. El movimiento es una "válvula" natural para la energía del estrés que el cuerpo preparó para huir o luchar.

¿Y qué pasa si se añade miedo y nerviosismo? Típicamente antes de una presentación, un examen o una conversación importante. En tales situaciones, es útil dejar de luchar contra el propio sentimiento y en su lugar nombrarlo. Una breve frase como "ahora siento nerviosismo" a menudo ayuda, porque el cerebro deja de percibir la emoción como una amenaza vaga. Como dijo Viktor Frankl: "Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder de elegir nuestra respuesta." Justamente este espacio se puede entrenar con pequeños pasos.

Una lista única en el artículo puede ser útil como un rápido "kit de bolsillo" para momentos difíciles:

  • Exhalación prolongada (4 tiempos de inhalación, 6–8 tiempos de exhalación) durante 2–3 minutos
  • Técnica de enraizamiento 5–4–3–2–1 para regresar al presente
  • Relajación de hombros y mandíbulas (tensar–soltar) varias veces seguidas
  • Movimiento breve (caminar rápido, escaleras, unos cuantos saltos) para liberar tensión
  • Nombrar la emoción ("siento miedo/nerviosismo") en lugar de luchar contra ella

Estas pequeñas cosas no reescribirán todo el estilo de vida, pero a menudo determinan si el estrés se "atasca" en el cuerpo durante horas o desaparece en cuestión de minutos. Y ahí radica su poder.

Gestión del estrés a largo plazo: hábitos que reducen el nivel de estrés

Las técnicas breves son primeros auxilios. Pero si el estrés vuelve cada día, es momento de hacerse la pregunta práctica incómoda: ¿qué lo alimenta realmente? La reducción del estrés a largo plazo se basa en tres pilares: rutina, entorno y relaciones (incluida la relación con uno mismo). No se trata de perfeccionismo, que paradójicamente suele ser una fuente de estrés. Se trata de pequeñas correcciones que se pueden mantener.

El sueño juega un papel crucial. Cuando es insuficiente, el cerebro es más sensible a las amenazas, se concentra peor y las emociones se desbordan más fácilmente. No es necesario tener una rutina nocturna perfecta, pero ayuda la regularidad: una hora similar para dormir y despertar, menos luz brillante por la noche y, si es posible, una última hora más tranquila antes de dormir. Fuentes como los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos advierten desde hace tiempo que la falta de sueño está relacionada con una menor capacidad para manejar el estrés y con varios riesgos para la salud (ver información sobre el sueño en el sitio web de los CDC: https://www.cdc.gov/sleep/).

El segundo pilar es el movimiento, que no tiene que parecerse a un desempeño deportivo. Caminar regularmente, andar en bicicleta, nadar o practicar yoga tranquila pueden ayudar a reducir la tensión y mejorar el estado de ánimo. El movimiento natural al aire libre tiene además un bono: la luz diurna apoya el ritmo circadiano y la naturaleza suele ser calmante para el sistema nervioso. Quien busque recomendaciones claras puede consultar la Organización Mundial de la Salud (OMS) y sus recomendaciones generales sobre actividad física (https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/physical-activity).

El tercer pilar es la "higiene informativa" diaria. El cerebro no está diseñado para cambiar constantemente de enfoque. Si el día se compone de fragmentos, aumenta la distracción interna y el estrés tiene más espacio. Ayuda una regla simple: reservar algunas ventanas para correos y noticias, desactivar algunas notificaciones y permitir al menos breves periodos de concentración. A veces basta con algo tan simple como trasladar el teléfono de la habitación al pasillo para que la mañana no comience con el "alarma del mundo".

En la gestión del estrés a largo plazo también entran los límites. La gente a menudo busca cómo reducir el nivel de estrés, pero al mismo tiempo dice "sí" automáticamente a todo lo que llega. Los límites no son descortesía; son los límites que permiten funcionar sin una sobrecarga constante. A veces significa no aceptar llamadas de trabajo por la noche, o rechazar otra tarea porque ya no hay espacio para más. Suena fácil, pero en la práctica es una habilidad que se aprende gradualmente, y a menudo proporciona alivio más rápido que otra aplicación de meditación.

¿Y la comida? Por sí sola no eliminará el estrés, pero puede empeorarlo o, por el contrario, mitigarlo. Demasiada cafeína, una alimentación irregular y cambios bruscos en el azúcar en sangre pueden aumentar la nerviosidad, el latido del corazón y la irritabilidad. Por el contrario, una alimentación regular, suficiente hidratación y una dieta simple y de calidad son sorprendentemente estabilizadoras para la psique. Un enfoque sostenible además significa no castigarse por la "perfección", sino buscar pasos reales: tener a mano un refrigerio que sacie, preferir agua en lugar del tercer café, añadir más alimentos reales al día en lugar de calorías al azar "sobre la marcha".

Ejemplo de la vida real: estrés que parecía "solo un período difícil"

Imaginemos una situación conocida por muchos: un proyecto laboral se prolonga, en casa sigue la logística diaria, y por la noche ya no queda energía. La persona empieza a notar que se duerme con el móvil en la mano, se despierta cansada y durante el día sobrevive con café. En las reuniones está más irritable, en casa se enfada fácilmente por una nimiedad. Y piensa que "lo logrará de alguna manera", porque supuestamente no es nada dramático.

Luego llega el momento en que se suma la ansiedad: en el tranvía el pulso se acelera, las manos sudan y pasa por la mente "¿y si me pasa algo?". Y de repente está sobre la mesa el tema de cómo deshacerse del estrés y la ansiedad – no teóricamente, sino prácticamente, porque limita la vida diaria.

En tal situación, a menudo ayuda una combinación de pequeños cambios: reducir la cafeína después del mediodía, reintroducir dos caminatas cortas a la semana, establecer una "media hora offline" por la noche sin noticias y agregar una técnica de respiración sencilla ante los primeros signos de tensión. No para que la persona sea "zen", sino para que el cuerpo vuelva a aprender que la calma está al alcance. Si además se logra pedir en el trabajo un plazo más realista o dividir las tareas, el estrés suele disminuir significativamente, porque parte del problema no estaba en la psique, sino en la capacidad sobrecargada. Este cambio a menudo sorprende a muchas personas: el alivio no llega porque "se esfuerzan más", sino porque empiezan a funcionar de manera más sostenible.

¿Cuándo buscar ayuda? Si el estrés y la ansiedad persisten durante mucho tiempo, empeoran el sueño, las relaciones o la capacidad de trabajar, o si aparecen ataques de pánico o sentimientos de desesperanza, es recomendable acudir a un profesional. Un psicólogo o psicoterapeuta puede ofrecer una estructura y herramientas a medida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) proporciona información confiable y guías sobre salud mental (https://www.who.int/health-topics/mental-health). Buscar ayuda no es una derrota; es una forma de prevención, al igual que visitar a un médico por un dolor prolongado.

El estrés no se puede borrar de la vida, pero se puede negociar con él. A veces ayuda unos minutos de trabajo con la respiración, otras veces un cambio de rutina, a veces una conversación sincera y ocasionalmente la decisión de reducir la carga. Cuando se logra buscar maneras de luchar contra el miedo y la ansiedad, sin luchar contra uno mismo, el estrés gradualmente pierde parte de su poder. Y quizá esa sea finalmente la definición más práctica de lo que significa una buena gestión del manejo del estrés: no una vida sin presión, sino una vida donde la calma es nuevamente alcanzable incluso en medio de un día agitado.

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