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A veces parece que todo el mundo a tu alrededor se queda embarazado sin el menor esfuerzo. Una compañera en el trabajo anuncia la feliz noticia, una amiga envía una foto de la ecografía, las redes sociales se llenan de imágenes de barrigas crecientes. Y tú esperas. Mes tras mes, ciclo tras ciclo. El test de embarazo vuelve a ser negativo y con él llega una oleada de emociones que no puede describir nadie que no la haya vivido en primera persona. Cuando la maternidad no llega fácilmente, la espera se convierte en una de las pruebas más difíciles de la vida – y, sin embargo, se sigue hablando de ella demasiado poco y demasiado bajo.

La infertilidad no es un problema marginal. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente una de cada seis personas en edad reproductiva en todo el mundo enfrenta problemas de fertilidad, lo que la convierte en un problema de salud extendido que merece mucha más atención de la que habitualmente recibe. En la República Checa se estima que los problemas para concebir afectan aproximadamente a una de cada cinco parejas. A pesar de ello, el tema sigue envuelto en silencio, vergüenza e incomprensión del entorno. Las mujeres y los hombres que están en tratamiento de fertilidad o que aún buscan respuestas a la pregunta de por qué no funciona, a menudo se sienten aislados, como si estuvieran fallando en algo que debería ser "natural" y "fácil".

Pero el cuerpo no es una máquina y la concepción no es una ecuación en la que basta con introducir los valores correctos. La capacidad de quedarse embarazada depende de una enorme cantidad de factores: desde el equilibrio hormonal, pasando por la calidad del esperma, el estado de las trompas de Falopio, la función de la tiroides, la edad, el estrés, el estilo de vida, el peso, hasta factores que la medicina aún no es capaz de explicar completamente. A veces los médicos encuentran una causa clara, otras veces el diagnóstico queda como la llamada infertilidad inexplicada, que paradójicamente es uno de los más difíciles, porque no ofrece un "culpable" concreto y, por tanto, tampoco un plan claro de solución. Precisamente la incertidumbre suele ser lo que más agota psicológicamente.


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La montaña rusa emocional de la que no se habla

Pocas personas son conscientes de lo profundamente que la infertilidad afecta a la salud mental. No se trata solo de la tristeza por un test negativo. Se trata de un estrés crónico que dura meses o años. Se trata de la sensación de pérdida de control sobre la propia vida y el propio cuerpo. Se trata de la envidia por la que uno se avergüenza inmediatamente al ver a una amiga embarazada. Se trata del miedo a que nunca funcione. Y se trata de una profunda soledad, porque la mayoría de las personas del entorno o no saben qué decir, o dicen lo peor posible.

La psicóloga y autora del libro sobre los aspectos emocionales de la infertilidad Alice Domar, de la Harvard Medical School, comparó el nivel de carga psicológica de las mujeres en tratamiento de fertilidad con el nivel de estrés de los pacientes con cáncer o VIH. No es una exageración: es una realidad confirmada por decenas de estudios. El cuerpo está sometido a un tratamiento hormonal que por sí solo afecta al estado de ánimo, y a eso se suma la presión emocional de las expectativas, la esperanza y la decepción en un ciclo interminable.

Tomemos el ejemplo de Kateřina, una profesora de treinta y dos años de Brno que compartió su experiencia en uno de los foros checos de apoyo para mujeres que enfrentan la infertilidad. Tras dos años de intentos y tres ciclos fallidos de FIV, describió su estado con estas palabras: "Dejé de ir a las fiestas de cumpleaños de los hijos de mis amigas. No porque no les deseara felicidad, sino porque cada vez me iba con la sensación de que alguien me había arrancado un trozo de corazón. Me sentía rota e invisible al mismo tiempo." La historia de Kateřina no es excepcional. Es la historia de miles de mujeres que atraviesan el mismo dolor, a menudo en silencio y a puertas cerradas.

Uno de los aspectos más insidiosos de toda la situación es cómo la infertilidad afecta a las relaciones. La relación de pareja se ve sometida a una enorme presión: la intimidad se convierte en un acto planificado dirigido por tests de ovulación, la espontaneidad desaparece y en su lugar se instalan el calendario, las tablas y las inyecciones. Las parejas pueden empezar a distanciarse, porque cada uno vive el dolor de manera diferente y no siempre es capaz de comprender al otro. Los hombres a menudo sienten impotencia porque no pueden "arreglar" el problema de su pareja, y las mujeres suelen tener la sensación de que cargan con todo el peso sobre sus hombros. La comunicación se atasca justo en el momento en que más se necesita.

Y luego está el entorno. Los consejos bienintencionados pero dolorosos del tipo "simplemente relájate y llegará", "iros de vacaciones" o "intenta adoptar un niño y enseguida te quedarás embarazada" pueden ser literalmente devastadores para una mujer en tratamiento de fertilidad. Estas frases banalizan su experiencia y sugieren que el problema está en su actitud, no en su cuerpo. Como dijo acertadamente una de las autoras que escriben sobre este tema: "Nadie le diría a una persona con diabetes que simplemente se relajara y su páncreas volvería a funcionar."

Es importante nombrar también las pérdidas que acompañan a la infertilidad y de las que se habla aún menos que de la infertilidad en sí. Los embarazos bioquímicos que terminan antes de empezar. Los abortos en etapas tempranas. Las transferencias fallidas de embriones en la FIV, cuando la mujer sabe que durante unos días creció en ella un germen de vida que no se implantó. Cada una de estas experiencias es una pérdida, aunque el entorno no la perciba como tal. El duelo por un hijo que aún no existe es tan real como cualquier otro duelo – y merece ser reconocido y respetado.

Cómo atravesar la espera sin perderse en ella

No existe una receta sencilla para afrontar el período en el que la maternidad no llega. Cada persona es diferente, cada historia es diferente y lo que ayuda a uno puede ser insignificante para otro. Aun así, existen ciertas estrategias y enfoques que se muestran repetidamente como beneficiosos y que pueden hacer el camino de la espera al menos un poco más llevadero.

En primer lugar está el apoyo psicológico. La terapia enfocada en el manejo de la infertilidad no es un lujo, sino una necesidad. En la República Checa crece el número de psicólogos y terapeutas especializados en salud reproductiva, y muchas clínicas de reproducción asistida ofrecen hoy asesoramiento psicológico como parte del programa de tratamiento. La terapia cognitivo-conductual, las técnicas de mindfulness o la terapia grupal con otras mujeres en una situación similar: todo ello puede reducir significativamente los niveles de ansiedad y depresión. Los estudios publicados en la revista científica Human Reproduction confirman repetidamente que la intervención psicológica no solo mejora la calidad de vida de las pacientes, sino que en algunos casos puede influir positivamente también en los resultados del tratamiento.

Igualmente fundamental es el cuidado del cuerpo, no en el sentido de buscar obsesivamente "el" suplemento alimenticio o la dieta que garantice el embarazo, sino en el sentido de tratarse a una misma con amabilidad. El ejercicio que resulte placentero –ya sea yoga, un paseo por la naturaleza, natación o baile– ayuda a regular las hormonas del estrés y mejora el bienestar general. Un sueño de calidad, una alimentación equilibrada rica en vitaminas y minerales, la reducción del alcohol y la cafeína: todo ello crea un entorno en el que el cuerpo funciona mejor, aunque por sí solo no garantice la concepción. Se trata de dejar de percibir el propio cuerpo como un enemigo que ha fallado y empezar a tratarlo con respeto y cuidado.

En el contexto de un estilo de vida saludable, merece la pena mencionar también la influencia del entorno en el que vivimos. Los disruptores endocrinos –sustancias químicas que alteran el sistema hormonal– se encuentran en los plásticos, la cosmética convencional, los productos de limpieza y los pesticidas de los alimentos. Pasarse a alternativas más ecológicas en el hogar, a cosmética natural sin perfumes sintéticos ni parabenos o a alimentos ecológicos puede no ser la solución milagrosa para la infertilidad, pero puede reducir la carga a la que está expuesto el cuerpo. Es uno de esos pasos que dan la sensación de que uno está haciendo algo activamente por su salud, y esa sensación de control –aunque sea parcial– puede ser inmensamente valiosa en un período de impotencia.

Otro pilar es construir una comunidad de apoyo. El aislamiento es uno de los mayores enemigos de la salud mental durante el período de infertilidad. Encontrar personas que comprendan –ya sea online o en persona– puede ser una experiencia transformadora. En la República Checa funcionan varios grupos de apoyo y organizaciones dedicados precisamente al tema de la infertilidad que proporcionan un espacio seguro para compartir. Atreverse a hablar de la propia historia, aunque requiera valor, puede traer alivio y el descubrimiento de que uno no está solo en esto.

También es fundamental aprender a establecer límites. Es absolutamente legítimo rechazar una invitación a un baby shower si resultaría demasiado doloroso. Es legítimo pedir a la familia que no pregunte por "novedades". Es legítimo desconectarse de las redes sociales durante un tiempo si cada publicación de anuncio causa dolor. Proteger la propia salud mental no es egoísmo: es autopreservación. Y los miembros de la pareja deberían establecer estos límites juntos, como un equipo, porque el camino de la infertilidad es un camino compartido, aunque cada uno lo viva a su manera.

Tampoco se puede pasar por alto el aspecto práctico. Orientarse en el mundo de la medicina reproductiva puede ser confuso y abrumador. El número de clínicas, métodos y enfoques crece y no siempre es fácil distinguir lo que está respaldado por evidencia de lo que es una estrategia de marketing. Se puede obtener información fiable, por ejemplo, en las páginas web de la Oficina de Reproducción Asistida o en los materiales de sociedades científicas como la Sociedad Checa de Ginecología y Obstetricia. Atreverse a preguntar al médico, solicitar una segunda opinión y ser un participante activo en el propio tratamiento: todo ello ayuda a recuperar al menos parte del control sobre una situación que de otro modo puede parecer completamente fuera de alcance.

Hay una cosa más de la que es necesario hablar abiertamente: no todas las historias terminan con un embarazo. Y eso también está bien, aunque en ese momento desde luego no lo parezca. A veces el camino hacia la maternidad/paternidad pasa por la adopción o el acogimiento familiar. A veces conduce a la decisión de vivir una vida plena sin hijos. Cada uno de estos caminos es legítimo y ninguno de ellos significa una derrota. La sociedad tiende a definir a las mujeres a través de la maternidad, pero el valor de una persona no se mide por el número de hijos que ha traído al mundo. Este reencuadre puede ser doloroso, pero para muchas personas acaba convirtiéndose en una fuente de libertad inesperada y de un nuevo sentido.

El camino de la infertilidad es un maratón, no un sprint. Hay días en los que uno siente esperanza y días en los que no la siente en absoluto. Hay momentos de fortaleza y momentos de derrumbe total. Ambos son humanos, ambos son normales. Lo que más ayuda no es el optimismo forzado ni la represión de las emociones, sino permitirse sentir lo que venga y, al mismo tiempo, buscar recursos que ayuden a soportar ese dolor. Ya sea un terapeuta, la pareja, una amiga que haya pasado por una experiencia similar o simplemente una tarde tranquila con una taza de té y la conciencia de que también este día se ha superado. Porque cada uno de esos días es una pequeña victoria, aunque en ese momento no lo parezca.

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