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# Jak hypermobilita kloubů ovlivňuje sport i běžný život ## Co je hypermobilita kloubů? Hypermobil

Algunas personas son capaces de doblar el pulgar hasta la muñeca, otras colocan las palmas en el suelo con las piernas rectas sin ningún esfuerzo, o extienden los codos en un ángulo que a los demás les parece casi sobrenatural. El entorno lo admira, los bailarines y gimnastas lo consideran una ventaja, y los acróbatas darían mucho por esa flexibilidad natural. Sin embargo, lo que externamente parece una capacidad asombrosa puede ser al mismo tiempo fuente de dificultades cotidianas, dolor y frustración. La hipermovilidad articular es un fenómeno que se sitúa exactamente en la frontera entre un don excepcional y un problema de salud oculto.

En términos simples, se trata de un estado en el que las articulaciones son más móviles de lo que suele ser habitual en la mayoría de las personas. Detrás de esto se encuentra principalmente una diferencia genéticamente condicionada en el colágeno, la proteína que forma la base de los ligamentos, tendones y cápsulas articulares. Si el colágeno es menos rígido o estructuralmente diferente, los tejidos se estiran con mayor facilidad y las articulaciones adquieren un mayor rango de movimiento. Según las estimaciones, cierto grado de hipermovilidad se presenta en aproximadamente el 10 al 15 % de la población, siendo las mujeres afectadas con mayor frecuencia que los hombres, y en los niños la movilidad articular natural suele ser mayor que en los adultos. Información más detallada sobre la fisiología de este estado ofrece, por ejemplo, el resumen en el portal MedlinePlus, administrado por la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos.


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Cuándo la flexibilidad se convierte en una carga

El problema surge cuando la movilidad excesiva deja de ser un simple rasgo anatómico y comienza a afectar la vida cotidiana. Imaginemos a una joven bailarina que desde la infancia cosecha admiración por su increíble rango de movimiento. Los entrenadores la elogian, los compañeros la envidian y ella misma percibe su flexibilidad como una parte natural de su identidad. Solo en años posteriores descubre que sufre de dolor crónico de espalda, que se tuerce los tobillos repetidamente y que después de estar de pie o sentada durante períodos prolongados siente cansancio y dolores difusos que no puede explicar de ninguna manera. Una visita al médico finalmente trae la respuesta: síndrome de hipermovilidad articular, anteriormente denominado también hipermovilidad benigna.

Esta distinción es importante. La hipermovilidad simple, es decir, la mera movilidad aumentada sin otros síntomas, no tiene por qué molestar en absoluto a la persona y muchas veces incluso le ayuda, precisamente en el deporte, la danza o en profesiones físicamente exigentes. Sin embargo, el síndrome de hipermovilidad conlleva toda una serie de dificultades asociadas. Entre ellas se encuentran el dolor crónico de articulaciones y músculos, las luxaciones y subluxaciones frecuentes, es decir, la dislocación parcial, la fatiga excesiva, los problemas de coordinación del movimiento o los dolores de cabeza. En casos más graves, la hipermovilidad puede estar relacionada con enfermedades hereditarias del tejido conectivo, como el síndrome de Ehlers-Danlos, cuyos distintos tipos describe la Ehlers-Danlos Society, organización internacional dedicada al apoyo de pacientes e investigación.

La insidiosa naturaleza de esta condición radica, entre otras cosas, en que el diagnóstico suele pasarse por alto durante mucho tiempo. Los dolores son inespecíficos, los resultados de las pruebas de imagen como la radiografía o la resonancia magnética frecuentemente parecen normales, y los médicos a menudo buscan otras causas. Los pacientes así a veces deambulan durante años de especialista en especialista antes de que alguien conecte correctamente los síntomas aparentemente no relacionados. Como señaló el reumatólogo británico Howard Bird, uno de los pioneros de la investigación en este campo: «La hipermovilidad es la causa más frecuentemente ignorada del dolor musculoesquelético.»

El diagnóstico se apoya en una herramienta relativamente sencilla: la llamada escala de Beighton, que evalúa la movilidad de nueve articulaciones específicas. Una puntuación de cinco o más puntos sobre nueve suele considerarse evidencia de hipermovilidad, aunque el número por sí solo no es suficiente y es necesario tener en cuenta también las molestias subjetivas del paciente. El diagnóstico siempre debe ser establecido por un médico experimentado, generalmente un reumatólogo o un fisioterapeuta especializado en el aparato locomotor.

Cómo vivir con la hipermovilidad, y vivir bien

La buena noticia es que la hipermovilidad articular no significa en absoluto una condena. La mayoría de las personas con esta condición pueden llevar una vida plena y activa si aprenden a escuchar a su cuerpo y eligen el enfoque adecuado hacia el movimiento y los hábitos cotidianos. La palabra clave aquí es estabilización: mientras que en las articulaciones sanas los ligamentos y las cápsulas articulares garantizan la estabilidad, en las personas hipermóviles esta función debe ser asumida por los músculos. Por eso, el fortalecimiento del sistema estabilizador profundo, es decir, los músculos alrededor de la columna vertebral, las caderas y otras articulaciones de carga, es el pilar fundamental del cuidado del cuerpo hipermóvil.

Los fisioterapeutas recomiendan especialmente métodos orientados al movimiento controlado y la coordinación muscular, no al estiramiento pasivo. Este es, por cierto, uno de los mayores errores en los que caen las personas hipermóviles: como son naturalmente flexibles, tienden a estirarse aún más, lo que sin embargo desestabiliza aún más las articulaciones. El yoga o el pilates pueden ser excelentes aliados, pero solo en una forma adaptada, en la que el terapeuta o instructor se centre en el fortalecimiento y la postura consciente del cuerpo, no en alcanzar posiciones extremas.

Además del movimiento, el estilo de vida general también desempeña un papel considerable. El sueño de calidad, una hidratación adecuada y una dieta antiinflamatoria pueden influir significativamente en cómo se siente una persona con hipermovilidad. Los ácidos grasos omega-3, el magnesio, la vitamina C y el colágeno se encuentran entre los nutrientes que apoyan la salud del tejido conectivo. Muchas personas también valoran los suplementos alimenticios orientados específicamente a las articulaciones y los ligamentos, siendo recomendable elegir productos de fuentes verificadas con una composición transparente.

Igualmente importante es la ergonomía, es decir, cómo la persona se sienta, está de pie, duerme o lleva cargas. Las articulaciones hipermóviles son más vulnerables a los patrones de movimiento incorrectos, y por eso incluso cosas aparentemente banales como la elección del calzado adecuado, una silla de trabajo correctamente ajustada o la forma de llevar un bolso pueden tener un impacto sorprendentemente grande en el nivel de dolor y el bienestar general.

La dimensión psicológica de la hipermovilidad suele ser ignorada en el debate especializado y profano, a pesar de ser muy real. El dolor crónico, la incomprensión del entorno o la sensación de que «no parece tan grave» pueden llevar a la ansiedad, el agotamiento y el aislamiento social. Las comunidades de apoyo, ya sea en línea o dentro de organizaciones de pacientes, desempeñan por ello un papel importante: compartir experiencias con personas que entienden cómo se comporta un cuerpo hipermóvil tiene un valor terapéutico innegable.

Es interesante que la hipermovilidad no se distribuye de manera uniforme en los distintos ámbitos de la actividad humana. En el mundo de la danza profesional, el ballet o la gimnasia artística está presente en un porcentaje significativamente mayor de practicantes que en la población general, y eso no es casualidad. Los entrenadores y coreógrafos seleccionan naturalmente a individuos con una flexibilidad extraordinaria sin necesariamente pensar en las consecuencias a largo plazo. Las investigaciones muestran, sin embargo, que los deportistas hipermóviles tienen un mayor riesgo de lesiones si su entrenamiento no incluye un componente suficiente de fortalecimiento estabilizador. La Sociedad Británica de Reumatología en este contexto señala repetidamente la necesidad de una mejor formación de entrenadores y pedagogos en el ámbito de la hipermovilidad.

Para los padres que noten en su hijo una flexibilidad excesiva, la recomendación es no entrar en pánico, pero al mismo tiempo prestar atención consciente a los hábitos de movimiento del niño. Las articulaciones infantiles son naturalmente más móviles y generalmente se estabilizan con la edad. Sin embargo, si el niño menciona repetidamente dolor en las articulaciones, se cansa durante el movimiento más que sus compañeros o tiene tendencia a torcerse con frecuencia, la visita a un pediatra o fisioterapeuta infantil es más que recomendable.

La hipermovilidad articular lleva en sí misma una paradoja que es en realidad muy humana: lo que nos distingue y en ciertos aspectos nos favorece puede ser al mismo tiempo fuente de vulnerabilidad. No se trata de si la hipermovilidad es «buena» o «mala», sino de si la persona la conoce, la comprende y es capaz de trabajar con ella de manera consciente. Un cuerpo que puede doblarse más que los demás necesita tanto más cuidado, fuerza y atención, y eso no es una debilidad, sino simplemente una forma diferente de estar en casa en el propio cuerpo.

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