# Víte, co patří a nepatří do sušičky prádla? ## Co patří do sušičky Většina běžného prádla je vho
La secadora de ropa es uno de esos electrodomésticos que, una vez que los pruebas, ya no puedes imaginar el hogar sin ellos. Sin tender ropa mojada por todo el apartamento, sin esperar a que el jersey en el balcón se seque por fin: simplemente metes la ropa, pulsas un botón y en una hora tienes las prendas secas y esponjosas listas para guardar en el armario. Pero precisamente esa aparente sencillez puede ser engañosa. Mucha gente mete en la secadora todo lo que acaba de salir de la lavadora sin prestar atención a los símbolos de las etiquetas ni pensar en la composición del tejido. ¿El resultado? Jerseis encogidos, sujetadores deformados, ropa deportiva dañada o, en el peor de los casos, el electrodoméstico estropeado.
La buena noticia es que entender qué va en la secadora y qué no, no es ninguna ciencia. Basta con conocer las reglas básicas y aprender a leer los símbolos de las etiquetas, que además están estandarizados internacionalmente. Una vez que los memorices, los reconocerás automáticamente, igual que a primera vista sabes cuándo hay que planchar la ropa.
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Los símbolos de las etiquetas son tu mejor guía
Cada prenda de ropa debe contener por ley información sobre su composición y modo de cuidado. Esta información se expresa mediante símbolos reconocidos internacionalmente, cuyo resumen puedes encontrar, por ejemplo, en el sitio web de GINETEX, la asociación internacional para el etiquetado de productos textiles. El símbolo de la secadora tiene el aspecto de un cuadrado con un círculo en su interior, es decir, aproximadamente como el tambor de una secadora visto de frente. Si este símbolo está tachado, está claro: esa prenda no va en la secadora. Si el símbolo contiene un punto en el centro del círculo, se recomienda secar a temperatura baja. Dos puntos indican que se puede usar una temperatura más alta.
El problema surge cuando la gente ignora las etiquetas o las corta tras el primer lavado porque les rozan. Es comprensible, pero antes de hacerlo, vale la pena fotografiar los símbolos o anotarlos. Perder la información sobre el cuidado correcto puede costarle a la prenda literalmente su forma.
Tomemos un ejemplo concreto: Jana se compró un jersey de lana nuevo por dos mil coronas. Tras el primer uso lo metió en la lavadora en el programa para ropa delicada, hasta ahí todo bien. Pero luego, sin pensarlo, lo echó a la secadora junto con el resto de la ropa. ¿El resultado? El jersey se encogió hasta quedar de una talla adecuada para un niño de diez años. La lana es uno de esos materiales extremadamente sensibles al calor y al estrés mecánico.
Qué va en la secadora y qué no tiene nada que hacer en ella
La ropa de algodón, la ropa de cama, las toallas de rizo, las camisetas de algodón o los vaqueros: todo esto la secadora lo maneja sin problemas y el resultado es además agradablemente esponjoso y suave. Los materiales de rizo están especialmente a sus anchas en la secadora, porque el calor y el movimiento del tambor les devuelven el volumen que perderían al secarse al aire. De manera similar se comportan bien en la secadora los materiales sintéticos como el poliéster o el nylon, siempre que se use una temperatura baja: aunque estas telas son resistentes al agua, reaccionan mal al calor elevado y pueden deformarse o perder su forma.
En el otro extremo están los materiales que no deben ir a la secadora bajo ninguna circunstancia. La lana y el cachemir ocupan el primer lugar: se encogen y se afieltan, incluso con el programa más delicado. La seda es otro material que se lleva muy mal con el calor; pierde el brillo, puede encoger y sus delicadas fibras se dañan. El lino es un material natural al igual que el algodón, pero reacciona al calor de manera diferente: en la secadora se arruga en exceso y puede encoger. Si tienes ropa de lino o ropa de cama de este material, es mejor secarla al aire y estirarla cuando todavía esté ligeramente húmeda.
Una categoría especial la forman las prendas deportivas con propiedades funcionales: materiales como Gore-Tex, Coolmax o varios tipos de membranas están diseñados para ventilar el sudor y regular la temperatura corporal. El calor elevado de la secadora puede dañar irreversiblemente estas propiedades técnicas, de modo que una cara chaqueta de trekking o un maillot ciclista dejarían de cumplir su función. Lo mismo ocurre con los bañadores y la ropa interior con varillas o rellenos moldeadores: el estrés mecánico y el calor deforman las partes elásticas y destruyen la estructura del material.
No podemos olvidar tampoco las prendas que podrían causar un peligro directo en la secadora. La ropa manchada con aceite, gasolina u otro material inflamable no debe secarse en la secadora hasta que no esté completamente lavada: los restos de estas sustancias pueden inflamarse a altas temperaturas. La Comisión de Seguridad de Productos del Consumidor de EE. UU. (CPSC) advierte repetidamente sobre el riesgo de incendios causados precisamente por el uso incorrecto de las secadoras. Del mismo modo, ten cuidado con los elementos de goma o látex en la ropa: se deterioran por efecto del calor.
Un resumen útil de las reglas básicas puede tener este aspecto:
- Va en la secadora: algodón, rizo, poliéster, nylon, tejidos mixtos (con atención al símbolo de la etiqueta)
- No va en la secadora: lana, cachemir, seda, lino, materiales deportivos funcionales, ropa interior con varillas, prendas con manchas inflamables, partes de goma y látex, prendas con bordados o aplicaciones de cuentas
Cómo prolongar la vida útil de la ropa con un secado correcto
Saber qué va en la secadora y qué no es solo el primer paso. Igual de importante es saber cómo usar correctamente la secadora para que la ropa dure lo máximo posible. Uno de los errores más frecuentes es sobrecargar el tambor. Cuando la secadora está llena hasta el último centímetro, la ropa no se seca de manera uniforme, tarda más y las prendas se arrugan innecesariamente. Lo ideal es llenar el tambor aproximadamente hasta dos tercios de su capacidad.
Otro factor es la temperatura. La mayoría de las secadoras modernas ofrecen varios programas, desde el secado delicado a bajas temperaturas hasta el secado intensivo para ropa de trabajo o ropa de cama. Una temperatura más baja generalmente cuida mejor las fibras de las prendas, aunque el secado tarde un poco más. Si no estás seguro de qué programa elegir, la regla de «mejor menos que más» funciona casi siempre.
Una ayuda muy práctica son las bolas para secadora, ya sean de lana o de plástico. Introducidas en el tambor junto con la ropa, mejoran la circulación del aire, reducen el tiempo de secado y ayudan a mantener la ropa esponjosa. Las bolas de secadora de lana son una popular alternativa ecológica a las hojas suavizantes de un solo uso, que contienen fragancias sintéticas y suavizantes químicos. Como escribe el escritor y activista medioambiental Michael Pollan: «Cada pequeña decisión que tomamos en la vida cotidiana tiene su impacto en el mundo que nos rodea.» Y la elección entre un producto de un solo uso y una alternativa reutilizable es exactamente ese tipo de decisión.
No olvides tampoco el mantenimiento regular de la propia secadora. El filtro de pelusa y fibras debe limpiarse después de cada secado: un filtro obstruido no solo alarga el tiempo de secado y aumenta el consumo de energía, sino que en casos extremos puede causar el sobrecalentamiento del electrodoméstico. Los fabricantes de secadoras como Bosch, Miele o Siemens recomiendan también limpiar regularmente el condensador y revisar la manguera de escape en los modelos de extracción.
Si tienes en casa prendas delicadas que quieres proteger pero necesitas secar rápidamente, puede ayudarte una bolsa de lavado de malla. La ropa delicada introducida en ella queda protegida del estrés mecánico directo en el tambor. Este método lo agradecerán especialmente los propietarios de ropa interior fina o blusas ligeras de materiales sintéticos que de otro modo podrían adquirir una forma no deseada.
El cuidado correcto de la ropa no es solo una cuestión de estética o de ahorro económico. Es también una cuestión de sostenibilidad. La industria textil se encuentra globalmente entre los mayores contaminadores del medioambiente y prolongar la vida útil de cada prenda es una de las formas más sencillas de reducir la propia huella ecológica. Cuando un jersey o una camisa dura dos años más simplemente porque los secas correctamente, no necesitas comprar un reemplazo, lo que significa menos recursos consumidos, menos residuos y menos emisiones asociadas a la producción de nuevos textiles. Según datos de la Ellen MacArthur Foundation, que se ocupa de la economía circular, cada prenda se usa de media solo entre siete y diez veces antes de acabar en la basura. Aumentar este número no es complicado: basta con dedicar unos segundos a revisar la etiqueta y elegir el programa correcto de la secadora.
La secadora es un magnífico aliado que facilita el cuidado diario del hogar. Pero al igual que cualquier otra herramienta, funciona mejor cuando sabes cómo usarla correctamente. Unos minutos dedicados a entender los símbolos de las etiquetas y las reglas básicas del secado se amortizan con creces, en forma de ropa que conserva su forma, color y funcionalidad durante mucho más tiempo.