La relación después de la llegada del bebé no tiene que sufrir
Se dice que la llegada de un hijo es el momento más hermoso en la vida de una pareja. Y sin duda lo es, pero pocos admiten de antemano cuánto puede este momento sacudir los cimientos de la relación de pareja. Noches de recién nacido llenas de llanto, cambios de pañal interminables, la sensación de que el día no tiene suficientes horas, y además dos adultos que de repente apenas tienen tiempo de saludarse, mucho menos de intercambiar unas palabras sobre algo que no sean los cólicos del lactante. La relación de pareja tras la llegada de un hijo es un tema del que se habla sorprendentemente poco, a pesar de que afecta prácticamente a cada pareja que decide formar una familia. Entonces, ¿cómo no perderse mutuamente en un período en el que todo el mundo gira alrededor de un pequeño ser?
Imaginen a Klára y Tomáš. Llevan juntos ocho años, han viajado juntos, se han mudado, han reformado un piso; en resumen, han pasado por muchas cosas y siempre supieron encontrar el camino el uno hacia el otro. Luego nació la pequeña Eliška. Las primeras semanas fueron eufóricas, llenas de visitas, flores y felicitaciones. Pero al cabo de un mes, la euforia empezó a dar paso al agotamiento. Tomáš volvió al trabajo y Klára se quedó en casa con la sensación de que estaba sola con todo. Por la noche, cuando él llegaba a casa, quería descansar, mientras que Klára necesitaba desesperadamente que alguien la relevara. En lugar de conversación llegaron los reproches, en lugar de abrazos el silencio. Después de tres meses, ambos tenían la sensación de vivir uno al lado del otro como compañeros de piso que comparten un pequeño ser, pero ya no una vida en común. La historia de Klára y Tomáš no es excepcional; al contrario, es tan común que, con pequeñas variaciones, la podrían contar miles de parejas.
La investigación del psicólogo estadounidense John Gottman, que durante décadas se dedicó al estudio de las relaciones de pareja en el Gottman Institute, demostró que hasta dos tercios de las parejas experimentan una notable disminución de la satisfacción en la relación tras el nacimiento del primer hijo. No se trata de que los miembros de la pareja dejen de quererse; el problema radica más bien en que cambian radicalmente las condiciones en las que conviven, y la mayoría de las parejas simplemente no está preparada para este cambio. Gottman descubrió en su investigación que el factor clave que distingue a las parejas que atravesaron la crisis y permanecieron fuertes de aquellas que se separaron es la calidad de la amistad entre los miembros de la pareja y la capacidad de permanecer emocionalmente disponibles incluso en períodos de estrés extremo. Más información sobre su trabajo se puede encontrar en la página de The Gottman Institute, donde hay disponible una amplia variedad de recursos para parejas que atraviesan esta etapa vital.
Pero, ¿qué significa en la práctica mantenerse emocionalmente disponibles? Suena muy bien en la teoría, pero cuando uno lleva tres noches sin dormir y la pareja pregunta "¿qué hay de cenar?", es difícil reaccionar con gracia y empatía. Sin embargo, es precisamente aquí donde se juega todo. No se trata de ser perfecto ni de tener comprensión permanente para todo. Se trata de ser conscientes de que ambos miembros de la pareja están atravesando un enorme cambio vital simultáneamente y, sin embargo, cada uno lo vive de manera diferente. La madre, que se queda en casa con el bebé, puede experimentar un intenso sentimiento de aislamiento, pérdida de identidad y agotamiento físico. El padre, que va a trabajar, puede sentirse apartado, innecesario en el cuidado del hijo y sobrecargado por la nueva responsabilidad de ser el sustentador. Ambas perspectivas son legítimas y ambas merecen su espacio.
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Por qué las parejas se distancian tras el nacimiento de un hijo
Una de las mayores paradojas de la paternidad/maternidad es que un acontecimiento que debería unir a la pareja a menudo la separa. Las razones son varias y la mayoría de ellas no tiene nada que ver con que los miembros de la pareja hayan dejado de amarse. El primer factor, y el más evidente, es la falta crónica de sueño. La privación de sueño afecta al estado de ánimo, las funciones cognitivas, la paciencia y la capacidad de empatía, es decir, exactamente aquellas cualidades que más se necesitan en una relación de pareja. Estudios publicados en la revista científica Sleep demostraron que incluso un déficit leve de sueño aumenta la probabilidad de conflictos en la pareja y reduce la capacidad de resolverlos de manera constructiva.
Otro factor es la distribución desigual del cuidado y las tareas domésticas. Incluso en parejas que antes del nacimiento del hijo funcionaban de manera igualitaria, tras la llegada del bebé a menudo se restablecen los patrones de género tradicionales. La madre asume la mayor parte del cuidado del hijo y del hogar, el padre se concentra en el trabajo. Ambos sienten que están dando el máximo y, sin embargo, ninguno de los dos percibe suficiente reconocimiento por parte del otro. Así se genera un círculo vicioso de expectativas no expresadas y decepciones que se va profundizando progresivamente.
A esto se suma la transformación de la vida íntima. La cercanía física, que antes era una parte natural de la relación, a menudo se reduce drásticamente después del parto, y no se trata solo de la sexualidad. Desaparecen las caricias espontáneas, el dormirse juntos, las mañanas perezosas. El cuerpo de la mujer atraviesa una enorme transformación y necesita tiempo para recuperarse, mientras que el hombre puede percibir la falta de contacto físico como un rechazo. Sin una comunicación abierta sobre estos cambios, fácilmente se crea un abismo cada vez más difícil de superar.
Y luego hay otro factor del que menos se habla: la pérdida de tiempo compartido a solas. Antes del nacimiento del hijo, la pareja tenía oportunidades naturales para construir la relación: cenas juntos, excursiones de fin de semana, conversaciones espontáneas. Tras la llegada del bebé, todo el tiempo libre se disuelve en el cuidado del hijo y solo quedan unos pocos minutos al día en los que ambos están despiertos y el bebé justo duerme. Si esos minutos se llenan con el scrolleo del teléfono o las tareas domésticas, la relación va perdiendo poco a poco su terreno fértil.
Qué ayuda a mantener viva la relación incluso tras la llegada de un hijo
La buena noticia es que la disminución de la satisfacción en la relación tras el nacimiento de un hijo no tiene por qué ser permanente ni conducir a la ruptura. La investigación de Gottman identificó parejas que atravesaron esta fase sin grandes rasguños y descubrió que comparten varios rasgos comunes. Ante todo, estas parejas crean intencionadamente espacio para su relación, aunque en ese período sea extraordinariamente difícil.
No se trata de nada dramático. A veces bastan quince minutos por la noche en los que los miembros de la pareja se sientan y hablan de algo que no sea el bebé. Puede ser una conversación sobre lo que les llamó la atención ese día, lo que les alegró o lo que les preocupa. La psicoterapeuta Esther Perel, autora del libro Mating in Captivity, subraya que para mantener la chispa en la pareja es clave seguir percibiendo al otro como un ser autónomo con su propio mundo interior, no solo como un co-progenitor. "En el momento en que tu pareja se convierte únicamente en el padre o la madre de tu hijo, dejas de verlo como amante, como amigo, como la persona de la que te enamoraste", dice Perel en una de sus TED Talks.
En la práctica, esto puede tomar diversas formas. Algunas parejas establecen "noches de cita" regulares, aunque sea solo un paseo juntos con el cochecito y un café en la mano. Otras acuerdan un sistema de turnos para que cada miembro de la pareja tenga regularmente tiempo para sí mismo, porque, paradójicamente, para poder ser un buen compañero, primero necesitas llenar tu propio vaso. Cuando una persona está constantemente agotada y no tiene ningún espacio para sí misma, no tiene de dónde dar tampoco a su pareja.
La comunicación es otro pilar que las parejas a menudo subestiman. Y no se refiere solo a la capacidad de hablar de los problemas, sino también a la capacidad de expresar gratitud y reconocimiento. Suena trivial, pero la frase "veo cuánto te esfuerzas y lo valoro" puede hacer milagros en un período de crisis parental. La investigación de Gottman ha confirmado repetidamente que las parejas que se expresan regularmente reconocimiento y gratitud tienen una probabilidad significativamente mayor de satisfacción a largo plazo. No se trata de grandes gestos, sino de pequeñas manifestaciones cotidianas de que notas al otro y lo valoras.
También es importante no subestimar la ayuda profesional. En muchos lugares aún persiste cierto pudor a la hora de acudir a un terapeuta de pareja, como si fuera una admisión de fracaso. Sin embargo, es exactamente lo contrario: es una muestra de que a ambos les importa la relación lo suficiente como para estar dispuestos a invertir tiempo y energía en ella. Organizaciones como la Asociace manželských a rodinných poradců ČR ofrecen un directorio de consejeros certificados en toda la República Checa. A veces bastan unas pocas sesiones para que la pareja aprenda a comunicarse mejor y comprenda la dinámica que cambió en la relación tras la llegada del hijo.
Volvamos a Klára y Tomáš. Después de varios meses de frustración silenciosa, una noche Klára se echó a llorar y le dijo a Tomáš que sentía como si lo estuviera perdiendo. Esa noche hablaron de verdad por primera vez desde el nacimiento de Eliška, no sobre cuánto había comido la niña o cuándo tenía la vacunación, sino sobre ellos mismos, sobre sus sentimientos, temores y necesidades. Acordaron unas cuantas reglas sencillas: cada noche se sentarían diez minutos solos, los fines de semana se turnarían para que cada uno tuviera dos horas para sí mismo, y una vez al mes buscarían una niñera y saldrían como pareja, no como padres. No fue una solución milagrosa: seguían teniendo días difíciles y discusiones ocasionales. Pero volvió la sensación de que estaban juntos en esto, de que formaban un equipo.
Y precisamente este es quizás el mensaje más importante: la relación de pareja tras la llegada de un hijo no requiere perfección, sino intencionalidad. Requiere la decisión consciente de que la relación es una prioridad que merece atención incluso en un período en el que parece que no hay tiempo ni energía para ella. Un hijo necesita padres satisfechos y unos padres satisfechos necesitan una relación que funcione. No es egoísmo cuidar la relación de pareja: es responsabilidad.
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La crianza es un maratón, no un sprint. Y al igual que en un maratón, los mejores resultados no los consigue quien corre más rápido al principio, sino quien distribuye sus fuerzas y tiene a su lado un compañero fiable. Cuidar la relación en una época en la que se cuida de un nuevo ser humano no es un lujo: es una necesidad. Y quizás la inversión más importante que pueden hacer por su familia en crecimiento.