Doom scrolling y la ansiedad por las noticias negativas
Todos lo conocen. Se acuestan por la noche en la cama, desbloquean el teléfono para "solo echar un vistazo rápido a las novedades" y de repente es medianoche. El pulgar recorre incansablemente noticias sobre guerras, crisis económicas, catástrofes climáticas y escándalos políticos. Nada de eso les alegra, nada les ayuda a dormir mejor y, sin embargo, no pueden parar. Este fenómeno tiene nombre – doom scrolling – y su impacto en la psique humana es mucho más profundo de lo que podría parecer a primera vista.
El término doom scrolling (a veces escrito como doomscrolling) se extendió especialmente durante la pandemia de covid-19, cuando millones de personas en todo el mundo pasaban horas siguiendo noticias inquietantes sobre el número de contagiados y fallecidos. Sin embargo, el fenómeno en sí existía mucho antes. Se trata de un consumo compulsivo de contenido informativo negativo, a menudo en redes sociales, que proporciona una sensación de estar informado, pero en realidad alimenta la ansiedad, el estrés y la impotencia. Y precisamente la relación entre el doom scrolling y la ansiedad, es decir, cómo el ciclo informativo interminable afecta nuestra psique, merece atención.
¿Por qué no podemos parar? La respuesta se encuentra en lo profundo de la biología evolutiva. El cerebro humano está programado para prestar atención prioritaria a las amenazas. Este mecanismo, conocido como sesgo de negatividad (negativity bias), fue increíblemente útil en tiempos en que era necesario identificar rápidamente a un depredador entre los arbustos. Pero hoy, este mismo mecanismo provoca que las noticias negativas nos afecten con más fuerza que las positivas. Un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences demostró que las personas prestan significativamente más atención a la información negativa y la recuerdan durante más tiempo. Las redes sociales y los portales de noticias lo saben bien: los algoritmos están diseñados para presentarnos contenido que provoque emociones fuertes, porque ese contenido genera más clics, más comparticiones y, en última instancia, más ingresos publicitarios.
Así se crea un bucle perfecto. Leen una noticia inquietante, sienten desasosiego y buscan inmediatamente más información para aliviar ese malestar. Pero la información adicional trae más noticias negativas, la ansiedad se profundiza y siguen desplazándose. Es un mecanismo similar al que funciona en las máquinas tragamonedas de los casinos: el refuerzo intermitente. De vez en cuando encuentran algo interesante o útil, lo que les mantiene en el ciclo, aunque la mayor parte del contenido les cause malestar.
Los efectos sobre la salud mental no son solo teóricos. Una investigación publicada en 2022 en la revista especializada Health Communication encontró una relación directa entre el consumo excesivo de noticias y el deterioro de la salud mental, incluyendo niveles elevados de ansiedad, síntomas depresivos y trastornos del sueño. Los participantes del estudio que dedicaban más de dos horas diarias a seguir las noticias mostraban niveles de estrés significativamente más altos que quienes las consumían con moderación. Es interesante que no se trata solo de la cantidad de tiempo, sino también del modo de consumo: el scrolling pasivo en redes sociales se asoció con peores resultados que la búsqueda activa de información concreta.
Imaginen, por ejemplo, a Marek, un especialista en TI de treinta años de Brno. Durante la primera ola de la pandemia, comenzó cada mañana a revisar las estadísticas de contagios, seguir las conferencias de prensa y leer los comentarios bajo los artículos informativos. "Me decía que necesitaba saber qué estaba pasando para poder protegerme", recuerda. Pero gradualmente, el chequeo matutino se transformó en un ritual que duraba todo el día. Marek seguía las noticias durante el desayuno, en el trabajo durante los descansos y por la noche en la cama. Después de varias semanas, empezó a notar que dormía peor, estaba irritable y no podía concentrarse. "Paradójicamente, me sentía menos preparado para cualquier cosa, a pesar de que tenía más información que cualquiera a mi alrededor." La historia de Marek no es excepcional, más bien es típica. Precisamente esta ilusión de control, la sensación de que cuanta más información tengamos, mejor preparados estaremos para la situación, es uno de los principales motores del doom scrolling.
Cómo el ciclo informativo trabaja con nuestra atención
El ciclo informativo moderno difiere fundamentalmente del que conocían las generaciones anteriores. Hace apenas veinte años, la mayoría de las personas consumían noticias dos veces al día: por la mañana en el periódico y por la noche en el telediario. Existía un inicio y un final claros, un límite natural, después del cual la persona podía dedicarse a otras cosas. Hoy, el ciclo informativo es ininterrumpido. Las notificaciones del teléfono traen noticias de última hora a cualquier hora, las redes sociales mezclan publicaciones personales de amigos con titulares inquietantes y la frontera entre información y entretenimiento se difumina.
Esta transformación fue descrita acertadamente por el teórico de medios estadounidense Neil Postman ya en 1985 en su libro Divertirse hasta morir: "El medio es la metáfora. La forma en que recibimos la información moldea cómo pensamos sobre ella." Postman hablaba entonces de la televisión, pero sus palabras son aún más urgentes en la era de los smartphones. El formato de noticias breves, emocionalmente cargadas y optimizadas para el scrolling nos enseña a percibir el mundo como un flujo interminable de crisis sobre las que no tenemos ninguna influencia.
Un papel clave lo desempeña también el llamado mean world syndrome (síndrome del mundo cruel), un concepto formulado por el teórico de la comunicación George Gerbner. Según él, las personas que consumen grandes cantidades de contenido mediático centrado en la violencia y las catástrofes tienden a percibir el mundo como más peligroso de lo que realmente es. Esta visión distorsionada refuerza a su vez la ansiedad y la necesidad de seguir más noticias, porque si el mundo es tan peligroso, uno tiene que saber qué está pasando.
Especialmente vulnerables en este sentido son los jóvenes. Según una encuesta de la American Psychological Association de 2020, el 68 % de los adultos estadounidenses indicó que las noticias les causaban estrés, y en la generación Z (nacidos después de 1997) esta cifra era aún mayor. Los jóvenes pasan más tiempo en las redes sociales, están expuestos a una mayor cantidad de contenido sin filtrar y a menudo no tienen estrategias de afrontamiento suficientemente desarrolladas para manejar de forma saludable esta avalancha de negatividad.
No se puede decir, sin embargo, que la solución sea dejar de seguir las noticias por completo. Estar informado es importante para el funcionamiento de una sociedad democrática y para la capacidad de tomar decisiones cualificadas en la vida personal. El problema no está en seguir las noticias en sí, sino en de qué manera y en qué cantidad las consumimos.
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El camino hacia una relación más saludable con la información
Los psicólogos y expertos en bienestar digital proponen varios enfoques que pueden ayudar a romper el ciclo del doom scrolling sin que la persona tenga que vivir en una burbuja informativa. No se trata de pasos radicales, sino más bien de hábitos conscientes que van cambiando gradualmente nuestra relación con los medios.
El primer paso, y quizás el más importante, es la toma de conciencia. La mayor parte del doom scrolling ocurre en piloto automático: se toma el teléfono sin haberlo decidido conscientemente. El simple reconocimiento de este patrón de comportamiento es el primer paso para cambiarlo. Puede ayudar una medida sencilla como monitorizar el tiempo pasado en el teléfono mediante herramientas integradas (Screen Time en iPhone o Digital Wellbeing en Android). Cuando una persona ve que ha pasado tres horas diarias en aplicaciones de noticias, a menudo eso basta por sí solo como motivación para el cambio.
Otro enfoque eficaz es establecer horarios fijos para el consumo de noticias. En lugar de seguir constantemente las notificaciones, reserve dos momentos concretos durante el día —por ejemplo, por la mañana después del desayuno y por la tarde después del trabajo— para ver qué está pasando en el mundo. Fuera de estos horarios, desactive las notificaciones de las aplicaciones de noticias. Esto puede generar inquietud al principio (lo cual en sí mismo demuestra lo fuerte que es el hábito del doom scrolling), pero la mayoría de las personas descubren que no se pierden nada esencial.
Un papel importante lo desempeña también la selección de fuentes. Existe una diferencia fundamental entre leer un artículo analítico en un medio de calidad y desplazarse por los comentarios bajo un titular sensacionalista en una red social. El periodismo de calidad proporciona contexto, explica causas y consecuencias y ofrece perspectiva. Las redes sociales, por el contrario, a menudo sacan los acontecimientos de contexto y amplifican las reacciones emocionales. La selección consciente de fuentes fiables y la limitación del tiempo en redes sociales puede reducir significativamente la ansiedad asociada al consumo de noticias.
Vale la pena mencionar también el concepto de "dieta informativa", popularizado por el autor Clay Johnson en su libro del mismo nombre. Al igual que con la comida, no se trata solo de la cantidad, sino también de la calidad. Consumir decenas de noticias breves y emocionalmente cargadas es el equivalente a alimentarse en un fast food: te sacia rápidamente, pero a largo plazo perjudica. La lectura lenta y profunda de artículos de calidad o la escucha de podcasts es, por el contrario, como una comida equilibrada: requiere más tiempo, pero te deja con una mejor sensación y una comprensión real.
La actividad física y pasar tiempo en la naturaleza son otros poderosos antídotos. Numerosos estudios confirman que el ejercicio al aire libre reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y mejora el estado de ánimo. Cuando sientan la urgencia de tomar el teléfono y empezar a hacer scroll, intenten en su lugar salir a dar un breve paseo. No es fácil —el cerebro exige su dosis de estimulación—, pero con la práctica se vuelve más natural.
También puede ayudar una técnica sencilla que los psicólogos denominan "test de utilidad". Antes de abrir la aplicación de noticias, pregúntense: "¿Estoy buscando una información concreta que me ayude a tomar alguna decisión, o simplemente estoy haciendo scroll por costumbre?" Si la respuesta es la segunda, cierren la aplicación y hagan otra cosa. Esta breve pausa entre el impulso y la acción puede ser sorprendentemente eficaz.
Y finalmente —y esto es quizás lo más importante— conviene recordar que el mundo no es solo lo que vemos en la pantalla del teléfono. Las noticias, por su propia naturaleza, destacan los acontecimientos excepcionales, dramáticos y negativos, porque esos son los que resultan periodísticamente interesantes. Nadie escribe un artículo sobre el hecho de que hoy millones de personas regresaron a casa del trabajo sanas y salvas, que miles de científicos avanzaron en la investigación de medicamentos contra enfermedades graves o que en el vecindario alguien cuidó desinteresadamente a una persona mayor. Como señaló el médico y estadístico sueco Hans Rosling en su libro Factfulness: el mundo es, en muchos aspectos medibles, mejor de lo que ha sido nunca, pero el ciclo informativo oculta sistemáticamente esta realidad.
El doom scrolling y la ansiedad que provoca no son un precio inevitable por vivir en la era digital. Son más bien la consecuencia de que nuestra tecnología ha evolucionado más rápido que nuestra capacidad de relacionarnos con ella de forma saludable. La buena noticia es que cada uno de nosotros tiene la posibilidad de cambiar esta relación. No cerrando los ojos ante el mundo, sino mirándolo de forma más consciente, con perspectiva y en una medida adecuada. El teléfono tiene un botón de apagado, y a veces es el botón más saludable que pueden pulsar.